Ruta por los orígenes de la Reconquista: Liébana y Picos de Europa

Seguramente no habrá otro lugar de la Península Ibérica donde el dicho sobre la fe y la montaña adquiera mayor sentido que en la vertiente cántabra y asturiana de los Picos de Europa. Al pie de estas montañas, hace unos 1300 años, la fe de un caudillo local y las imágenes apocalípticas de un monje visionario, actuaron de rompeolas donde se estrellaría el pujante poderío musulmán que acababa de expandirse por toda la Península. Dominio favorecido por una suerte de disidencia religiosa que se imponía en el seno de la Iglesia hispana de aquel tiempo y buscaba un peligroso acercamiento al dogma islámico. Una fe que alcanzaría para mantener inalterado el curso del cristianismo en Europa pero también para fraguar una leyenda de resistencia contra el Islám, inspiradora de romances y cantares de gesta que muchos siglos después adquiriría nombre y carácter de verdad histórica: la Reconquista. 

Conscientes de que del cruce de caminos entre Fe e Historia se engendran los mitos, viajaremos este verano a las montañas de Picos de Europa para intentar desentrañar la parte de verdad que se esconde tras la leyenda. ¿Quiénes fueron aquellos montañeses que se levantaron contra el dominio musulmán?¿Cuáles fueron sus verdaderas motivaciones?¿Tuvo la misma trascendencia para cristianos y musulmanes aquel primer encuentro en armas a los pies del monte Auseva, junto a la gruta de Covadonga? ¿Qué surgió de aquella revuelta?¿Fueron conscientes aquellos cristianos del proceso histórico que se iba a iniciar con ellos?

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Santuario de Covadonga. Lugar donde tuvo lugar la legendaria batalla entre cristianos y musulmanes en el 722 (www.molino42.com)

Lo que nos llevará este verano a este lugar de la geografía española será la Historia con mayúsculas, la de los orígenes y expansión del pequeño reino de Asturias,  y los vestigios de grandeza que dejó en las formas arquitectónicas del arte ramirense, un estilo prerrománico local, de reminiscencias visigóticas, carolingias y bizantinas, anuncio de lo que después sería el primer arte internacional del occidente europeo: El románico, traido hasta estas tierras gracias al Camino de Santiago.

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San Miguel de Lillo y Santa María del Naranco. Oviedo. www.turismoasturias.es

Pero a nosotros lo que realmente nos seduce es indagar en la “intrahistoria”. La historia con minúsculas. La historia en su categoría de cuento, a la que, muy al contrario que a la Historia, no se debe despojar del mito, porque no es producto interesado del poder sino del encuentro con lo inexplicable. La historia contada por la boca y por las manos, y transmitida de generación en generación en forma de canciones, de leyendas, de saberes y sabores.

Iremos de un lado a otro de los Picos buscando historias y acompañantes que nos las cuenten. Una de ellas es producto de un secreto traido y llevado de padres a hijos desde antiguo, que ha ido madurando en el interior húmedo y oscuro de las muchas cuevas con que la naturaleza ha regalado a estos montes. Dos maravillas que ponen en entredicho la supremacía de los quesos azules franceses: los quesos Picón de Tresviso y Bejes y Cabrales. En Bejes visitaremos a Rafa y a Braulio, los pastores que hacen posible que surja el milagro del queso Picón, para que nos cuenten la dureza de la vida del pastor en estas montañas.
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Gamoneu

Fotos de Diego Martín Cortés

Historias como la del quebrantahuesos, ese gran pájaro, mitad buitre, mitad águila, cuya silueta desapareció hace más de 60 años de las cumbres de Picos y al que un grupo de científicos se empeña en recuperar de nuevo  para estas montañas. Un ave de carácter casi mítico que cuenta en su haber una de las muertes más extrañas de la historia de la literatura, la del dramaturgo griego Esquilo (Eleusis 525 a.C.), a quien el oráculo de Delfos vaticinó que moriría aplastado por una casa. Augurio que le llevó cambiar la ciudad por el apacible agro, lo que no lo libró de su fatídico destino. Dice la leyenda popular que tuvo la mala pata de fallecer mientras paseaba, al ser golpeado en la cabeza por el caparazón de una tortuga que acababa de ser soltada desde el aire por un ejemplar de esta especie.

Sobre esta extraña costumbre de tirar cosas desde el cielo le preguntaremos a Diego Martín, geógrafo y neo-rural que ha trabajado en el proyecto de recuperación de este ave en el Parque Nacional de Picos de Europa.
Quebranta

Pero para historias de las de sentarse delante de un buen fuego parece que en los Picos de Europa no hay nadie como la gallega de Sotres. En este pueblo de la vertiente asturiana de los Picos de Europa, donde hasta 1981 no hubo luz eléctrica ni carretera, vive Ana Moradiellos. Esta especie de trobadora local, que cuenta con un amplio registro histórico de tradiciones nos contará historias de supervivencia y adaptación a un medio tan duro como este. No será frente a un fuego, sino frente a un buen cabrito de los que sirve en su  establecimiento: un pequeño bar-tienda donde vende de todo y que funciona desde que su padre volviera de la emigración americana, allá por los sesenta del pasado siglo.

Ana moradiellos

Ana Moradiellos (http://www.picosdeeuropa.es)

Historias de ir y venir por el mundo, como la del padre Ernesto Bustio, con quien compartiremos una noche en el albergue de peregrinos del Camino del Norte en Gϋemes (Cantabria)  para que nos cuente lo que él llama el viaje a la universidad de la vida, un viaje que le llevó 27 meses por África y América Latina.

Recorreremos la costa asturiana y cántabra en busca de historias de “indianos”: gentes que espoleadas por el hambre, se marcharon atraidas por el imán irresistible de la América de principios del siglo XX.  Historias de sueños rotos en su mayoría, sepultados por la grandilocuencia arquitectónica de las mansiones de Comillas y Colombres, donde los pocos que regresaron ricos dejaron su impronta de triunfadores. Historias como la de Íñigo Noriega, “el segundo Hernán Cortés”, que llegó a fundar ciudades en México y a convertirse en uno de los mayores terratenientes de América Latina.

Villa Guadalupe

Villa Guadalupe en Colombres (Asturias) antigua propiedad de ‘Iñigo Noriega y actual sede del Archivo de Indianos http://www.jotdown.es/

De los indianos a “..la ciudad del sueño de un indiano”, como describe Leopoldo Alas Clarín a la ciudad de Oviedo en su obra novelística más importante, la Regenta. Allí nos iremos en busca del puñado de “chigres”  o “bares de paisano” que aún quedan en pie en la ciudad. Bares por los que no pasa el tiempo, donde uno puede refugiarse de las modas y el diseño uniformador y donde los clientes de hoy buscan “..lo mismo que buscaban sus padres y abuelos: buen trato, calidad y autenticidad, valores cada vez más escasos” los últimos chigres de Oviedo

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Detalle del Gran Vía, uno de los bares de más solera en Oviedo, fundado en 1898. Del blog lucha y escribe.

Y puesto que no hay mejor manera de conocer a un pueblo que sentarse con él a la mesa, no queremos perdernos lo que se traen entre manos los asturianos en lo que toca al “yantar”. Como en Asturias todo gira en torno a la sidra, la bebida nacional, el queso y los productos del mar y la montaña, nos iremos a Asiego en el concejo de Cabrales para conocer a los hermanos Niembro, que tiraron de imaginación para no tener que abandonar el lugar donde crecieron, donde pusieron en marcha una ruta cultural basada en el queso y la sidra, ejemplo de aprovechamiento de los recursos del entorno. Allí nos enseñarán el proceso de elaboración de esta bebida y disfrutaremos de una “espicha”, la tradicional reunión festiva asturiana donde se bebe sidra.

No dejaremos Asturias sin darnos una vuelta  por la indiana y marinera Llanes. Será la noche del 21 de julio, momento en que da comienzo su fiesta mayor dedicada a Santa María Magdalena. Allí nos espera la vicepresidenta del bando de la Magdalena para acompañarnos en esta celebración que comienza con el baile de “la hoguera”.  La “xoguera”, foguera o cucaña es un tronco de eucalipto de entre 20 y 30 metros que es llevado a hombros por los mozos llaniscos con un suave movimiento que recuerda a una danza. La comitiva discurre por las calles principales de la villa hasta llegar a la plaza de la Santa, donde se deposita en el suelo. Allí comienza el rito de la quema, mientras se forma un círculo alrededor que dará lugar a un ceremonial de danzas y cantares conocido como El Rodeo de la Hoguera. Los romances que se cantan alrededor de la hoguera tienen una significación de carácter simbólico-sexual y son reminiscencias de antiguos cultos solsticiales asociados a ritos de fecundidad. Más tarde la tradición cristiana los asimilaría a “mayos” y “enramadas”, en las que era costumbre levantar troncos de árboles y colocar ramas verdes en la ventana de la moza elegida.

Pero como decimos siempre que iniciamos una nueva ruta, una cosa es soñar el viaje y otra cosa vivirlo, y ya que el camino tiene muchas encrucijadas y uno nunca sabe qué se le puede presentar, seguiremos contándoos todo lo que de inesperado se aparezca ante nosotros.

Hasta la vuelta y !!Puxa Asturies!!.

Los libros que nos inspiraron una ruta (III). Viatge a Catalunya. Josep Plá

 

IMG_2376[1]Pocos territorios de Cataluña habrán sido tantas veces descritos y pintados como el Ampurdán. Una comarca del noreste catalán que bien vale un desvío, si uno es capaz de sustraerse a la fuerza de atracción de ese sumidero aspirador de turistas que es Barcelona.

Nadie que se haya aventurado por los paisajes minerales del cabo de Creus, o por esa promesa de mar griego que es el golfo de Rosas, habrá completado realmente su viaje de no haberse sentado a leer algunas de las muchas páginas escritas por el “payés” más cosmopolita de cuantos haya dado este rincón del mundo: Josep Plá.

Dice al comienzo de su Cuaderno gris dice que nació en Palafrugell, en L´Empordanet o pequeño Ampurdán, como él lo llamaba –“Mi paisaje básico queda comprendido entre Puig Son Ric, de Begur, a levante; las montañas de Fitor o poniente; las islas Formigues a mediodía; y el Montgrí a tramontana. Siempre me ha parecido que este país es muy viejo y que sobre él ha pasado toda clase de gente; gente errante y diversa” -. Son múltiples las referencias en su bibliografía al territorio ampurdanés. Buscando sus inencontrables Historias del Ampurdán nos topamos en la biblioteca del Instituto Cervantes de Atenas con una segunda edición en catalán de su Viatge a Catalunya, y ya que no hay rastro de edición en castellano nos embarcamos en la tarea de hacer un intento de traducción de los capítulos en los que se ocupa de contar sus impresiones de viaje por el Ampurdán.

Para aquellos que buscan una relación entre el territorio y la literatura, Plá es el escritor indicado. –“El paisaje nos hace comprender la literatura porque la literatura es la memoria del
Paisaje en el tiempo”-, dice.

Cierto. Una literatura de observación “contra la literatura de imaginación yo siempre he hecho literatura de observación “, entendida como memoria psicológica del paisaje. Rastros que deja en la mente la luz que entra por una ventana en una tarde de invierno. Estratos adormecidos del sentir que despiertan con la evocación de un vino bien hecho. -“Tardes de carnaval, cristalinas, de una lucidez melancólica, mundo convaleciente, colocadas entre la sonoridad grave de las campanas que tocan a muertos y la zarabanda de los fiscornos y narizotas que andan por las callejuelas. Horas en que el aire tiene un sabor metálico, limpio, astringente; sabor que invita a poner sobre las honradas costumbres de una mesa generosa un vino manipulado inteligentemente; vino que hace percibir la eternidad de las cosas elementales: la dulzura del fuego; la fina elipse del vuelo de un pájaro; el color de un asado; el dibujo de una hoja; el perfume de una hierbecilla; el parpadeo lejano, frío, indiferente de una estrella”-.

Los elementos como espejos que reflejan las pasiones de sus habitantes.-“Ciertamente no, no es un país de cumplidos… El país no parece esculpido a escala de la pequeña burguesía. A la persona tocada de un punto de desequilibrio, la deshace; a la persona más normal la desenfoca…” -cuando enfrenta los paisajes del cabo de Creus a la decadencia de la burguesía ampurdanesa a la que él pertenece.

Y el mar como medida de todo. –“El palafrugellense transporta toda la vida un sueño flotante en el pensamiento: el de la maravillosa vida del hombre libre en el mar. El mar satisface nuestra tendencia contemplativa. El mar, elemento inaferrable, desprovisto de continuidad, variable, contradictorio, ondulante, rellena nuestra manera de ser de una manera perfecta…El mar, aunque, excita los gustos que llevamos en el paladar, matiza nuestra cocina de una manera vivísima, y no podemos comprender una buena comida si no es a la orilla del mar y con productos del mar. Por eso la tendencia del palafrugellense al mar es viejísima, permanente, constante. Calella, Llafranc, Tamariu, Agua-Xellida, Aiguablava y Fornells no son para nosotros meros lugares geográficos, términos de la toponimia del litoral: son formas de nuestro espíritu, trozos de nuestra íntima personalidad”.

Humanista escéptico y pesimista crónico. Irónico con todo lo importante y cultivador de lo infinitamente pequeño -“Mirar al cielo, oir las golondrinas, no hacer nada, contemplar la vaguedad de la vida de las cosas, deshace los nervios…”- Un hedonista latino con ciertas dosis de estoicismo: amante de las comidas sin afeites, admirador de un buen arroz hecho en la playa, “escribe de licores exquisitos pero bebe picón. Habla con sabiduría de los griegos, pero se queda en su camarote, cuando el barco atraca en una de las islas griegas” 

Periodista y escritor, está hecho de  contradicciones que le dan una paradójica coherencia. Viajero y erudito que frecuenta los salones políticos, literarios y artísticos del momento, se hace pasar por un modesto cronista de aldea.  Gran conversador y  un solitario “que nunca estuvo solo” Josep Plá, en gris. Francisco Umbral

Conservador “de raiz clásica, eterno como las máximas de Epícteto y los caldos de ave de la gastronomía popular”  Jorge Bustos. La eternidad mediterránea de Josep Plá y alérgico a la democracia de masas. Catalanista a su modo y para algunos “medio espía” de Franco. Inconformista e incómodo para todos los poderes, fue por encima de todo, profundamente amante de la libertad del individuo.

Por todo esto os invitamos a leerlo y sobre todo a conocer algo más acerca de su compleja personalidad a través de dos videos: La extraordinaria entrevista que le tomó Joaquín Soler Serrano en 1976 en el programa A fondo y una aproximación a su vida y obra en el programa Imprescindibles. Josep Plá de RTVE.

 

 

 

 

 

 

 

Pastores, diseñadores de paisaje en Valdivielso

Os dejamos un pequeño testimonio visual sobre los pastores de Valdivielso, con quienes compartimos buenos ratos del verano de 2013, y su pasión por este rincón de la Arcadia burgalesa.

Pastores, diseñadores de paisaje en Valdivielso

Tres pasadores del fuego en Grecia

Hace exactamente un año, en una noche  como la de hoy, 23 de junio de 2014, vivimos una experiencia extraordinaria en las Tierras Altas de Soria.  Ha transcurrido ya un año completo desde que iniciáramos nuestra ruta por las fiestas del solsticio de verano en Soria (véase entrada), y aún recordamos esos días con la emoción instalada en el pecho. Nos fuimos hasta allí desde el otro extremo del mediterráneo para vivir una de las celebraciones más emblemáticas del calendario festivo anual: la noche de San Juan y el paso del fuego en San Pedro Manrique.

Quizás para nosotros, hijos de la cultura tecnológica y globalizada, esta fecha no represente más que cualquier otra fecha del  secularizado calendario actual de fiestas.  Para el olvidado mundo campesino del que procedemos, constituía uno de los momentos clave del inmutable ciclo natural al que estaba intimamente unido.

En San Pedro Manrique ya no quedan campesinos, pero los sampedranos no olvidan revalidar año tras año su cita con un rito que a nosotros nos pareció riquísimo y complejo en sus múltiples manifestaciones y en el que pudimos presentir los ecos del misterio de una antigua fiesta solsticial. En este lugar de las Tierras Altas de Soria, se erige cada año, un monumento efímero a la resistencia contra el olvido, la uniformidad y el aburrimiento de nuestros días.  El escenario de una gran catarsis colectiva, de una gran orgía festiva que se desató a nuestra llegada, la tarde del 23 de junio de 2014 con una violenta tormenta de verano, y en la que no dudamos un momento en dejarnos arrastrar, mirando de reojo a un cielo que nos hacía albergar los peores presagios.

A las diez de la noche, el estado del cielo y la superficie del recinto de la iglesia de la Virgen de la Peña, donde se celebra el paso del fuego, hacían presagiar la suspensión de una fiesta esperada durante todo el año

Venidos de Grecia, el otro país de Europa donde todavía se conserva esta fiesta de orígenes solares contaminada como en San Pedro de elementos paganos, cristianos e incluso islámicos, nos asaltó la curiosidad y quisimos saber si los sampedranos tendrían noticia de la celebracion de un rito parecido al suyo en el otro confín del mediterráneo.  No solo recordaban la presencia de la investigadora griega Miranda Terzopoulou, que había estado estudiando el fenómeno soriano en años anteriores, (véase entrada: Sacerdotisas menores del sol y el fuego)  sino que nos reservaban la oportunidad de recoger el testimonio de tres de los protagonistas de esta gran celebración, tres pasadores del fuego: los hermanos Munilla (Carlos y Jesús) y Carlos Martínez, que llevados por la misma curiosidad que nos trajo a nosotros a San Pedro, se fueron un día al norte de Grecia, para descubrir cómo y por qué, las gentes de una tierra tan alejada de su pequeño pueblo soriano practicaban el rito de pasar como ellos sobre el fuego.

Solo con la perspectiva del tiempo y una vez devueltos a la realidad de lo cotidiano, somos capaces de poner en orden el caudal de emociones en el que nos vimos envueltos durante aquellos 3 días inolvidables.

Después de un año uno puede olvidar los nombres de los lugares que visitó. Aunque largo, será difícil olvidar el nombre de San Pedro Manrique. De allí nos llevamos mucho: El  “arbujuelo” símbolo supremo  de la fiesta que representa la ofrenda del pan y los dones de la naturaleza. La sensación de acogimiento, pertenencia, hermandad que es capaz de generar una comunidad en torno a un rito compartido. Y algunas reflexiones sobre las palabras “pueblo, nación, patria”, conceptos que en San Pedro albergan significados más profundos: respeto al legado de los antepasados, amor por la tierra,  y sobre todo, a los recuerdos de la infancia que, según el poeta, es la única y verdadera patria del hombre.

Así nos fuimos nosotros de San Pedro, como niños, con la emoción de haber tenido un tesoro entre las manos. Un año después volvemos a revivir nuestra experiencia soriana a través de la peripecia griega de estos tres sampedranos que como nosotros, se fueron lejos para saber algo más sobre si mismos.

Contadnos cómo descubristeis que en Grecia se celebraba un rito similar al vuestro y cómo surgió la decisión de poneros en marcha hasta allí. 

Por supuesto, el hecho de que en el pueblo se pasa el fuego cada año, es algo que has visto desde que tienes uso de razón y lo tienes asumido como algo normal. Pero a medida que vas siendo más mayor caes en la cuenta de que es algo realmente insólito y que como tal, no se hace en ningún otro sitio y consecuencia de ello es esa afluencia de visitantes llegados de todas partes para presenciarlo.

Esto te lleva, irremediablemente a cuestionarte por qué se lleva a cabo este rito, por qué en nuestro pueblo, en esas fechas, de esa manera, etc, etc. Esa inquietud por saber algo más sobre el tema, nos llevó a buscar, en la medida que estaba a nuestro alcance, información sobre el tema. Una de las fuentes de información fue el escritor soriano Antonio Ruiz Vega, quien además de proporcionarnos las obras de Elizabeth Chesley Baity y Julio Caro Baroja, nos informó de la existencia de otros pasos del fuego y ritos similares en otros lugares del mundo. Tras ponernos en contacto con embajadas y consulados de los diversos países para confirmarlo, surgió la idea de ir a visitar alguno de ellos, y el de Grecia, además de ser uno de los que más garantías tuvimos de que se seguía celebrando y de las fechas concretas, era con diferencia el más cercano y el más fácil de poder visitar. 

¿Nos contáis un poco las peripecias del viaje y cuál fue vuestro destino final en Grecia?

De entre los lugares en los que parecía posible poder presenciar el rito, nuestra elección fue Langadá, por que nos pareció más fácil poder llegar y alojarnos. Por tanto allí planeamos nuestro viaje.

Llegamos el día anterior al Paso del fuego, y directamente nos fuimos a entrevistar con los “pasadores”. No nos fue difícil encontrar a alguno de ellos, que nos recibieron amablemente e incluso nos mostraron las estancias donde tenían los iconos y se reúnen para danzar en las horas anteriores al paso del fuego y celebrar el resto de actos de la fiesta. Pero nos dijeron que el año anterior, por problemas con la Iglesia, el rito no se celebró y que este año, tampoco lo van a hacer. Aunque la gente del pueblo, nos comentó que es posible que no lo hagan públicamente, pero en secreto en el patio de alguna casa, por que el año anterior, así había sido.

Ante la posibilidad de quedarnos sin presenciarlo, después de haber llegado hasta aquí, decidimos irnos a a otro de los pueblos que teníamos como posibles. De los cuales, nos dijeron que el que más posibilidades tenemos es en Santa Elena. Pues de hecho, algunos pasadores de otros pueblos donde el rito ha desaparecido, se trasladan allí para participar en él. Por ello, nos fuimos hasta Santa Elena donde íbamos a permanecer durante los 3 días de la fiesta. Allí, no había posibilidad de alojarnos. Durante el primer día, establecimos relación con Christos, que vivía en Serres y quién nos buscó alojamiento en su ciudad y con quien hicimos los viajes de ida y vuelta durante los días restantes.

¿Cómo os introdujisteis en la celebración? ¿Os disteis a conocer a la comunidad o teníais algún contacto allí que os sirvió de guía? ¿Cómo fue la reacción de la gente ante vuestra presencia allí?

Efectivamente, nos dimos a conocer en la comunidad de pasadores de Santa Elena y les mostramos fotos nuestras pasando el fuego. Pero mayormente, la reacción fue de indiferencia. Solo algún intercambio de pequeños detalles o anécdotas sobre el rito. Tampoco mostraron mucho más interés. La impresión que tuvimos es que ellos celebran su fiesta a su modo y tampoco les interesa demasiado si existen otros ritos similares.

Vamos al relato de la celebración en sí misma: ¿Pudisteis seguir la liturgia completa?

Sí. No hay ningún problema en presenciar cada uno de los actos en el transcurso de la fiesta, aunque por supuesto, como meros espectadores, sin participar en ninguno. Pero no nos pusieron ningún impedimento para seguirles a cada sitio en los que llevan a cabo los múltiples actos que realizan, además del paso del fuego.

Es inevitable establecer comparaciones entre ambas celebraciones, ¿Qué aspectos encontráis comunes y qué otros os chocaron o encontrasteis muy diferentes a los de vuestra propia tradición?

La verdad es que las celebraciones tienen muy poco en común. Respecto al rito concreto del paso del fuego, poco más que el hecho de pisar descalzos una alfombra de brasas, ya que el griego tiene como finalidad acabar apagando las ascuas a fuerza de pisadas y el nuestro es lograr cruzarla sin quemarte. Ni en la forma de llevarla a cabo ni en la manera de vivirlo veo muchas similitudes.

En cuanto al marco en el que se realizan uno y otro, también es diferente. En el paso del fuego griego, forma parte de una serie de actos con un sentir religioso, en el que este es uno más y en el que los participantes son miembros de una comunidad definida por este carácter religioso. Sin embargo, en el paso del fuego de San Pedro, aunque coincide con la celebración de otros actos festivos del pueblo, nada tiene que ver con ellos y los pasadores pueden ser cualquier persona del pueblo que desee hacerlo sin necesidad ni espíritu de pertenencia de ningún grupo al efecto.

“Pirovatis” Pasador del fuego en Ayía Eleni. Ejecuta una danza sobre las ascuas ardientes mientras sujeta un icono con las imágenes de los santos Constantino y Eleni. (Foto: Gregory Dallis)

Y por último. De un viaje así tuvisteis que sacar muchas conclusiones… ¿Qué supuso para vosotros esta experiencia?

Jesús.- Bueno, pues principalmente que, aún siendo una cosa tan poco habitual, como cualquier otra cosa, hay maneras muy diferentes de llevarlas a cabo, y no son ni mejores ni peores, simplemente diferentes. Únicamente, que cada uno vive la suya y nosotros, nos seguimos quedando con lo nuestro.

Carlos.- En mi caso tomar conciencia real de que el rito no se celebraba exclusivamente en San Pedro Manrique. A partir de aquí comprender que pese a ser una tradición con la que los Sampedranos nos identificamos profundamente siendo un símbolo inequívoco de nuestra identidad como pueblo, es simultáneamente una evocación de la experiencia trascendente que forma parte de la evolución interior del ser humano a lo largo de los siglos.

Volvamos al paso del fuego soriano, ¿Qué supone para un sampedrano ser pasador del fuego? ¿Cómo lo vive y de dónde surge la motivación?

Jesús.- Yo creo que para esto tendríais que preguntar a cada uno de los que pasan, pues para cada cual supone cosas distintas. Y es más, creo que si pasas el fuego durante años, no supone lo mismo en cada una de las etapas por las que vas pasando. Pero un sentir un poco generalizado, creo que podría ser como seña de identidad del pueblo. La motivación, supongo que en mayor o menor medida le surge a cada uno de los sampedranos, aunque luego sea una minoría la que lo lleve adelante y viene simplemente de que lo has visto hacer a otros desde que naciste.

Comparto la opinión de que son bastantes los Sampedranos que han pensado en pasar el fuego en alguna ocasión, el hecho de vivirlo como algo “natural” desde niño y el respirar la emoción que los familiares o amigos cercanos desprenden cuando cruzan las ascuas es algo que te empuja a participar.

Carlos.- En mi caso el hecho de ver pasar a mi hermano y vivir el momento de cerca cuando tuve la suerte de que me pasara a hombros fue determinante para participar. Una vez se ha pasado por primera vez, y se conocen las sensaciones, la motivación para continuar participando cada año pueden ser diferente. Pienso que cada pasador busca sentido a su participación en el ritual cada noche de San Juan.

Sabemos que hasta San Pedro se han acercado investigadores para dar respuesta a lo que parece difícil de explicar desde el punto de vista de la física. Según parece, en el caso griego el ritmo repetitivo de la música provoca un estado de ensimismamiento o “trance”. En vuestro caso, ¿Cómo os preparáis para afrontar la experiencia? ¿Cómo son los momentos previos al paso?

Jesús.- Si algún tipo de preparación hay, es psicológica. La primera vez, puede que consista en concienciarte de que has de pisar fuerte y firme, como te han dicho, aunque notes un gran calor. Y cuando ya has pasado otras veces, tomar tranquilidad pensando que ya has experimentado que hay que soportar un gran calor durante unos instantes, pero has salido ileso.

Aunque los momentos anteriores, siempre hay cierta incertidumbre, pues no solo depende de lo que tú hagas, pues también en gran medida es de cómo esté preparado el fuego.

Carlos.- En los momentos previos al paso los sentimientos son encontrados, por un lado la emoción de saber que llega el momento que llevas esperando todo un año, y por otro el respeto hacia la alfombra de ascuas que debes pisar.

El hacerse a uno mismo consciente de que participa en un ritual ancestral, del que es complicado saber su origen en estas tierras, y que se ha mantenido gracias al amor por la tradición de muchas generaciones anteriores, convierte el paso del fuego en algo mágico.

Al margen de que el paso del fuego sea uno de los momentos estelares de la Fiesta, nos sorprendió lo compleja que es la celebración en su conjunto, la cantidad de significaciones y asociaciones simbólicas que existen entre unos momentos y otros y sobre todo la forma en que culmina la fiesta. Nosotros lo vimos como una auténtica afirmación de orgullo, de cohesión y pertenencia a una comunidad. ¿Cuál es para vosotros el momento clave de la celebración?

Jesús.- Posiblemente el momento cumbre sea el recitado de las cuartetas por parte de las Móndidas. Además lo corrobora el hecho de que es el acto que cuenta con más expectación por parte de los habitantes del pueblo, ya que es el momento que reúne a la casi totalidad de los vecinos. Cosa que no ocurre con el resto de los actos. Quizás es el momento más íntimo, más nuestro.

Carlos.- En mi caso el momento preferido de la fiesta es la mañana de San Juan ya que se mezclan varios actos muy simbólicos, que al igual que el paso del fuego, hunden sus raíces en la historia. Ese trascender al tiempo presente es lo que me atrae de ellos.

Es curioso que San Pedro Manrique sea un pueblo próspero en un entorno tan castigado por el fenómeno de la despoblación como este de las Tierras Altas de Soria ¿A qué lo achacáis? ¿Diríais que es este sentimiento de cohesión alrededor de la Fiesta lo que lo mantiene vivo?

Jesús.- No creo que el sentido de cohesión alrededor de una fiesta “si existe”, ayude a mantener a un pueblo. Supongo que el resto de pueblos de la comarca que han desaparecido podrían tener el mismo sentimiento hacia su fiesta. Por otro lado, la despoblación también le ha afectado pues de sus tiempos de esplendor a hoy, la población se ha quedado en un tercio, solo que ya era un núcleo mucho mayor que los demás y al tener más posibilidades le ha ayudado a mantenerse, si bien es verdad que últimamente ha llegado a recuperarse un poco.

Carlos.- Las fiestas, como acto colectivo, siempre refuerzan el sentimiento de pertenencia a un entorno mayor que la propia persona o la familia. En San Pedro al igual que en cualquier otro pueblo o ciudad, así ocurre. El sentimiento de cohesión puede ser un puntal más en el que apoyar la resistencia a la despoblación, no obstante y desgraciadamente, creo que no es suficiente para fijar la población.

Toda tradición que aspira a permanecer debe evolucionar. Alguno de vosotros tenéis hijos y supongo que vuestro deseo es que continúen lo que vosotros les habéis dejado ¿Cómo veis el futuro de la celebración?

Jesús.- No es probable que, al menos los actos más representativos de la fiesta, lleguen a desaparecer. Pues aún en los momentos de la historia en los que no se han celebrado las fiestas, estos actos se han seguido manteniendo fuera de entornos festivos. Si bien tanto unos como otros, en algún momento han tenido sus épocas de crisis por falta de gente dispuesta a hacerlas, ya que, aún existiendo ese sentimiento de cohesión en la mayoría de los habitantes en torno a la fiesta, los actos tradicionales los llevan a cabo una minoría.

Carlos.- Es difícil predecir el futuro de la fiesta ya que la cantidad de gente que participa de los actos principales varía dependiendo de muchos condicionantes, y estos pueden variar también con el paso de los años. Lo que si es cierto, es que el hecho de que haya ha perdurado hasta ahora puede ser debido a que haya existido siempre un grupo de personas que ha mantenido el vínculo entre las generaciones precedentes y las siguientes, sabiendo transmitir el legado sentimental por la tradición. Creo que esta en el ánimo de todos los sampedranos que esto siga ocurriendo.

 

La Endiablada de Almonacid del Marquesado

Por Elmira Myresioti-Aliberti

El día 1 de febrero, en el pequeño pueblo de Almonacid del Marquesado, en La Mancha de Cuenca, empieza el primer acto de una fiesta tan antigua que hunde sus raíces en la época celtibérica y, pasando por las épocas romana y medieval, llega hasta nuestros días. Se trata de una celebración de cuatro días de duración (hasta el 4 de febrero) en honor a la Virgen  de la Candelaria y San Blas, también conocida como La Endiablada.

Los orígenes

Para explicar la conexión entre  la Endiablada y nuestro interés por los ciclos festivos, tenemos que referirnos como siempre a sus orígenes. En el mundo celta, el día 1 de febrero se celebraba la festividad de Imbolc en honor a la santa Brigida o Briganti, en la que se representaba el sol primaveral que renace después del invierno, y el fuego sagrado que purificaba la tierra, además de proteger a los rebaños. Es importante notar que esta fiesta está situada en el calendario a medio camino entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera. En la época romana, las fiestas “purificatorias” o Lupercales, se celebraban en honor a Fauno Luperco el día 15 de febrero y el propio mes debe su nombre a estas festividades en las que se celebraba la februa (=purificación). Son estas fiestas de origen pagano las que el Papa Gelasio, en el 496 d.C., asimiló al culto cristiano, primero en forma de letanías y más tarde en la liturgia de la Purificación de la Virgen de la Candelaria.

De esta manera llegamos a la asociación de la Virgen de la Candelaria con la Endiablada de Almonacid del Marquesado. En el calendario litúrgico, cada 2 de febrero, exactamente cuarenta días después del 25 de diciembre –día que se fijó como fecha de nacimiento de Jesucristo en tiempos de San Ambrosio– se celebra la presentación del niño Jesús en el templo de Jerusalén, justo cuando la Virgen María cumplía la cuarentena prescrita por la ley judaica que permitía a aquellas mujeres que habían sido madres, acceder de nuevo al templo tras el periodo de purificación. Una de las opiniones que prevalecen al respecto de los orígenes de la Endiablada afirma que es exactamente a este episodio de la vida de la Virgen al que se refiere la fiesta. Dice la tradición que la Virgen, avergonzada por el hecho de no haber conocido varón, se sintió observada por la gente y entonces unos pastores aparecieron para ayudarla. Vestidos como “diablos”, los pastores empezaron a danzar y a hacer sonar unos ruidosos cencerros, atrayendo así la atención de la gente y permitiendo a la Virgen entrar en el templo sin que nadie se enterara.

Deberíamos aquí recordar un documental que nos ofreció la oportunidad de compartir una mirada muy especial sobre la fiesta de la Endiablada. Se trata del documental que grabaron en 1964, el antropólogo Julio Caro Baroja y su hermano, el guionista y director de cine y de televisión, Pío Caro Baroja, y que formaba parte de una serie titulada “Para conocer España. El año del Pueblo”. La serie se filmó en el marco de una coproducción entre la productora de los hermanos Caro Baroja llamada “Documentales Folklóricos de España” y el NO-DO. La primera escena del documental la describe perfectamente Pío Caro Baroja en su libro autobiográfico: “Recuerdos de un documentalista – Historias de la vieja querida”. El documentalista narra que las primeras imágenes que encontraron entrando en Almonacid del Marquesado fueron las de un molino abandonado entre unos chopos y un montículo sobre el que habían puesto una gran cruz de madera de la que colgaban unas serpientes, debajo de las cuales se encontraban colocados restos de alimañas. Los hermanos sacaron allí una foto y eligieron esta feroz imagen como presentación de su documental. Nada más comenzar el documental, esta imagen de la cruz, hace que el espectador perciba la presencia de la muerte simbólica junto con un elemento pagano. Y es precisamente por causa de este elemento pagano por lo que, según los hermanos Caro Baroja, los representantes de la iglesia en el pueblo han sido siempre muy críticos hacia la fiesta.

La sensación general que provoca en el espectador el documental de los hermanos Caro Baroja es que se trata de una fiesta extremadamente íntima para sus participantes, quienes dedican a sus actos su más profunda piedad y devoción junto al mayor esfuerzo físico y mental. Rodado en 1964, nos muestra la imagen de una España muy alejada de la actual: rostros milenarios, casas de uniforme blancura, calles sin pavimentar por las que transitan animales de carga.. El carácter profundamente ancestral de la  vida.  Podríamos también decir que los elementos más destacables que predominan en el documental –y que más adelante se explicarán– son el hecho que todos los participantes en la Endiablada son varones, la indumentaria llamativa de los diablos, su caminar pausado para provocar el sonido incontrolable de los pesados cencerros que llevan atados a la cintura, y finalmente, sus danzas e impresionantes saltos, que tienen lugar dentro de la iglesia.

EL PUEBLO

Julio Caro Baroja, en su estudio titulado “Los “diablos” de Almonacid del Marquesado”, publicado en 1965 en la Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, describe este municipio de la provincia de Cuenca en que se encuentra a unos 115km de Madrid, como “un viejo pueblo castellano, con casas de piedra y yeso, blanqueadas en su mayor parte y con un sabor entre manchego y alcarreño”. El antropólogo hace notar también que cuando en 1964 él y su hermano Pío visitaron Almonacid con el propósito de grabar el documental, el pueblo contaba con unos 900 habitantes y sufría ya los efectos de la emigración provocada por la evolución de la maquinaria agrícola. Julio Caro Baroja menciona además, que el pueblo vivía de su producción agrícola y ganadera. Sin embargo, la frase con la que el famoso antropólogo crea la imagen más viva de Almonacid del Marquesado es la siguiente: “Los portones de los corrales mismos nos hacen pensar, al punto de verlos, en la salida de Don Quijote.”

Hoy en día Almonacid del Marquesado cuenta con 468 habitantes y su población ha “envejecido”, por falta de nacimientos, hecho que demuestra el poder de la corriente migratoria hacia las grandes ciudades. Aunque la agricultura ya no es el medio principal de vida para los habitantes del municipio, la mayoría de las familias poseen tierras de labor. La ganadería, que antes constituía uno de los medios de vida tradicionales del pueblo, actualmente está completamente abandonada. El paisaje tradicional también ha cambiado. Aquellas casas de piedra encaladas del documental, si no se han venido abajo han sido reformadas con materiales más modernos pero de dudoso gusto.

Prevalecen dos versiones sobre las muchas que hacen referencia al nombre de Almonacid. La primera indica que procede de la palabra latina monasterium unida al artículo árabe al que resulta dando el nombre “al-monastir” que significa “el monasterio”. Considerando que no se conoce el tipo de monasterio estaba ubicado allí, dado que no hay documentos anteriores al siglo XIII sobre la historia del lugar, se supone que se debe a algún monasterio cristiano previo a la invasión árabe. La segunda deriva de la unión de las palabras árabes almunia que significa huerta y Sidi que significa “del Señor”. En relación con el topónimo “del Marquesado”, la denominación fue añadida cuando en 1305, la villa de Alarcón a la que pertenecía Almonacid, abandonó su condición de realengo y el pueblo pasó a ser posesión de los marqueses de Villena. Aunque el marquesado dejó de existir, la denominación se mantuvo hasta la actualidad.

SAN BLAS

San Blas, conocido ampliamente como curador de los males de garganta, pero también como protector de los animales, y a quien Julio Caro Baroja asocia con el santo Agios Vlasios que la Iglesia ortodoxa griega celebra cada 11 de febrero, es el santo patrón de Almonacid –junto al Santísimo Cristo de los Milagros– y la fiesta en su honor y en honor de la Virgen Candelaria es la más importante que se celebra en el pueblo. Es también muy interesante observar que aunque la fiesta tenga lugar en mitad del invierno, es la que atrae a más gente y cuenta siempre con la mayor participación de personas criadas en el pueblo que hoy no viven allí y que junto con sus descendientes, vuelven cada año para la Endiablada.  Asimismo es interesante observar la diferencia entre el carácter profundamente íntimo de la fiesta reflejado en el documental de los hermanos Caro Baroja, propio de una sociedad rural aislada, y el actual, más propio de una sociedad desacralizada en el que predomina el elemento socio-cultural sobre el religioso.

La relación entre el santo y el pueblo, y por consecuencia su relación con la Endiablada, tiene su propia historia, o leyenda, según la cual se explican los actos de la fiesta. Se dice que durante la Edad Media, en un paraje llamado Los Majanares, situado entre Almonacid y Puerta de Almenara, un pastor encontró enterrada una imagen de San Blas. El descubrimiento acabó en una disputa entre ambos pueblos por la propiedad de la imagen, la cual se solucionó con un hecho que fue interpretado como milagroso: Aunque los habitantes de Puerta de Almenara intentaban mover la imagen usando una pareja de bueyes, aquella se quedaba inmóvil, mientras que los pastores de Almonacid lograron trasladarla al pueblo usando solamente unas escuálidas mulillas. Los pastores de Almonacid empezaron entonces a hacer sonar los cencerros de sus ganados para expresar su alegría y limpiaron la imagen del santo de la tierra que la cubría usando el único remedio que tenían a mano, el aguardiente. En esta leyenda se basan las celebraciones que tienen lugar hasta hoy día, cada 3 de febrero, el día de San Blas.

LOS PERSONAJES Y LA FIESTA

Los diablos

La hermandad de los Diablos, también llamada “la Endiablada” (no confundir con la hermandad de San Blas), es una corporación religiosa dedicada a la Virgen Candelaria y San Blas. A la hermandad pueden pertenecer solamente varones habitantes de Almonacid, sus descedientes y los que se han casado con una mujer almonaceña.

Diablo de San Blas. foto: Cristina García Rodero (1974)

El diablo más antiguo -no se trata del más viejo sino del que más años pertenece en la hermandad- se llama “Diablo Mayor”, representa la autoridad dentro de la Endiablada, y es él quien autoriza la entrada de cada nuevo miembro y vigila el comportamiento de todos los diablos.

Diablo Mayor. Fuente: http://www.laendiablada.com

El elemento que quizás caracteriza más a la fiesta de San Blas y la Candelaria en Almonacid es la indumentaria de los diablos. Su traje, siempre hecho a mano, es de colores y estampados muy llamativos y el gorro que llevan para las festividades de la Candelaria, y que después reemplazan por una mitra de obispo para San Blas, es una pieza cilíndrica cubierta de flores. Sin embargo, los atributos que atraen más atención son los pesados cencerros que portan los diablos, en conjuntos de dos, tres o cuatro, ligados a una especie de cinturón atado a la cintura. Finalmente, su indumentaria se complementa con una “porra”. Se trata de un palo que lleva pegada en su extremo la figura de una cabeza monstruosa.

Foto: Enrique Cuesta. Fuente: http://www.la endiablada.com

Foto: Enrique Cuesta. Fuente: http://www.la endiablada.com

Sin embargo, hay que notar que antiguamente la indumentaria de los diablos solía ser mucho más espantosa, hecha de pieles de animales y con lagartos y serpientes pintados en las telas. El aspecto de la Endiablada era mucho más “feroz” -los diablos llevaban caretas monstruosas también- y mucho menos uniforme.

Endiablada

Las danzantas

Las danzantas son un grupo de danza formado por 10 mujeres; 8 danzantas, una “palillera” encargada de portar los palos que el grupo utiliza y una “alcaldesa” que encabeza el grupo en sus danzas. Hasta los años ’80, el grupo estaba formado únicamente por danzantes varones. Ya  desde los años ’60 comenzaba a darse la deconstrucción del cuerpo de danza –hecho que también se nota por la ausencia de los danzantes en el documental de los hermanos Caro Baroja–. Fnalmente en 1981 las mujeres se hicieron cargo del mismoeniendo sin embargo, dos varones para los papeles del “alcalde” y del “palillero” hasta 2012, de cuyos papeles empezaron a ocuparse las mujeres.

Foto: Enrique Cuesta. Fuente: http://www.la endiablada.com

La participación del cuerpo de danzantas en las festividades de la Candelaria y San Blas consiste en recitar dichos, o poemas a la Candelaria y San Blas tras la misa y en ejecutar diferentes coreografías cuidadosamente ensayadas. Sus dichos tienen una temática variada, pueden ser escritos por la propia danzanta o por otras personas con habilidades poéticas y en general suelen emocionar mucho a los habitantes del pueblo. Las danzas son también de ritmos variados y pueden ser acompañadas por golpes de castañuelas. Se dice que estas danzas pueden tener un origen celtibérico  relacionado también con las “danzas de espadas” de los vascos.

La indumentaria típica de las danzantas consiste en falda de colores emparejados, enaguas, medias, mandil negro, alpargatas blancas y pañoleta blanca para el día de la Candelaria y negra para San Blas. Sobre las medias llevan cintas rojas cruzadas y sobre el hombro llevan cintas multicolores.

Los actos

 Día 1 de febrero

El día 1 de febrero, día de San Ignacio, los diablos se reúnen a las 8 de la tarde en la casa del Diablo Mayor y, acompañados por las danzantas, se dirigen hacia la casa del alcalde, sin dejar de hacer sonar sus cencerros, con el objeto de pedirle el permiso para empezar la fiesta. Más tarde se dirigen al atrio de la iglesia donde rezan por las almas de los diablos difuntos y después recorren el pueblo haciendo sonar sus cencerros. Este sonido llenará cada día y casi sin interrupción hasta la tarde del tercer día, las calles del pueblo.

Día 2 de febrero

El segundo día, el día dedicado a la Virgen de la Candelaria, los diablos se juntan en la casa del Diablo Mayor a las 8 de la mañana y después visitan a la Madrina mayor de la Virgen para recoger una torta de mazapán que se sorteará después de la fiesta. La torta se pasea por todo el pueblo y es llevada por un grupo de diablos que va de puerta en puerta recogiendo dulces. Este recorrido termina con la llegada de los diablos a la iglesia donde comienza la procesión a mediodía.

Foto: Enrique Cuesta. fuente: http://www.laendiablada.com

La procesión se encabeza por el estandarte de la hermandad de la Virgen y siguen los diablos danzando y saltando delante de la imagen de la Virgen dando vítores en los que ponen todo su alma y esfuerzo. A la procesión acompañan también las autoridades, el párroco y las danzantas. Las danzantas también cumplen con sus danzas y vítores a la Virgen.

Procesión de La Candelaria

Después de la procesión es la hora de la misa y justo cuando esta termina, los diablos dejan el protagonismo a las danzantas quienes llevan cada una una pieza de arado a la que dedican un verso de carácter religioso. Luego las danzantas empiezan a dedicar sus “dichos” a la Virgen y toda la gente presente se conmueve enormemente con sus palabras poéticas. Cada dicho termina con un  poderoso viva por parte del pueblo.

Más tarde, después de comer y descansar, los diablos que ya no llevan su tocado de flores sino la mitra episcopal en honor de San Blas, se dirigen primero al cementerio para recordar a los difuntos y a continuación a la iglesia portando cada uno una vela. Cuando llegan a la iglesia, el Diablo Mayor lava  la imagen de San Blas usando un paño mojado en aguardiente y la adorna con las cintas y los exvotos de los fieles. Durante todo este proceso, los diablos siguen danzando ante el santo hasta el momento en que el Diablo Mayor profiere los vítores que una vez más emocionan a la hermandad y la gente presente.

Lavado de la cara de San Blas con aguardiente. Fuente: http://www.laendiablada.com

El día termina con una reunión de los diablos en la plaza del pueblo, siempre después de una vuelta por las calles para hacer sonar los cencerros, donde empiezan de nuevo a danzar y escuchar los vítores del Diablo Mayor.

Día 3 de febrero

El día de San Blas empieza, igual que el día anterior, con los diablos reunidos en la casa del Diablo Mayor. A continuación, hacen un recorrido por el pueblo llamando a cada puerta para recoger dinero para la hermandad. El recorrido termina poco antes del mediodía cuando los diablos danzan brevemente dentro de la iglesia antes de la procesión en honor a San Blas. La procesión en si misma es casi igual a la de la Virgen. Las únicas diferencias son las mitras que portan los diablos y el hecho de que el público, no solo está formado por habitantes del pueblo, sino también por visitantes de pueblos vecinos y de otras partes de España y aún del extranjero, cuya presencia es todavía mayor que la del día anterior.

 

2013 - Procesión San blas

Igual que el día 2, después del descanso, alrededor de las 5 de la tarde, los diablos dan una vuelta por el pueblo y después se reúnen en la plaza para danzar y dar vítores.

A las 8 de la tarde llega el momento de dar una última vuelta por las calles y luego, acompañados por los vecinos, los diablos vuelven a reunirse en la plaza una última vez ,donde rodean al Diablo Mayor sin cesar de danzar. Él intentará hacerlos parar elevando y moviendo su porra y cuando lo logre empezará a proferir varios vítores. El fin llega tras el “Hasta el año que viene, si Dios quiere” del Diablo Mayor y los diablos continúan con sus danzas hasta quedarse sin fuerzas para continuar.

Día 4 de febrero

El día 4 de febrero es el “San Blasillo” y también se considera festivo. Por la mañana, las danzantas recorren el pueblo danzando, pero esta vez sin usar castañuelas sino palos que golpean unas contra otras durante sus danzas y que ofrecen a los vecinos a cambio de dinero. Por la tarde, los diablos se reúnen sin llevar su indumentaria, para cenar todos juntos e intercambiar las experiencias que vivieron durante las festividades. La cena es elaborada por los diablos y suele consistir en oveja frita con ajos.

Día 5 de febrero

El 5 de febrero, denominado también como día de “el nieto”, los diablos se reúnen una vez más para comer. Volverán a comer juntos el día 15 de agosto.

Para concluir nuestro enfoque sobre las festividades en honor de la Virgen Candelaria y San Blas en Almonacid del Marquesado,  se ha basado en el origen pagano de la fiesta, su permanencia a lo largo de los siglos y por supuesto, la piedad y la devoción que caracterizan a los habitantes de Almonacid del Marquesado que ya en 1964 impresionaron a Julio y Pío Caro Baroja y hoy siguen impresionando a visitantes de todas partes de España y del extranjero.

FUENTES

Abad Gonzalez, L. (2006) El patrimonio cultural como factor de desarrollo. Estudios multidisciplinares. Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla – La Mancha, pp. 25-30

Caro Baroja, J. (1965) “Los “diablos” de Almonacid del Marquesado”, Revista de dialectología y tradiciones populares. 21 (1), (2), Madrid, pp. 40-62.

Caro Baroja, P. (2002) Recuerdos de un documentalista – Historias de la vieja querida.: Ed. Pamiela. 2012

 ENLACES

http://www.laendiablada.com/

Con la boca abierta. Cristina García Rodero

 

 

El rey haba (The bean King). Jacob Jordaens. 1638. Museo L´Hermitage

El rey de la faba

Jacob Jordaens “El rey haba”. 1638. Museo del Hermitage. San Petersburgo.

Por Mina Dafnomili

“Infanzones, fijosdalgos, esforzados caballeros, bellas damas, doncellas de rostro hechicero… !oid!, ¡oid!, ¡oid!..” Con esta frase se iniciael 5 de enero una nueva edición de la recreación de una ceremonia antiquísima:  La coronación del Rey o Reina de la Faba. Una ceremonia que nos retrotrae  unos cuantos siglos atrás hasta las más puras esencias del Reino de Navarra.

El pasado

Tras siglos del paso de reyes y dinastías, llegaron al trono de Navarra los Teobaldos,  procedentes de la casa de Champaña, en Francia. Hasta ese momento los monarcas navarros habían sido hombres rudos, peleones, guerreros;  y con los afrancesados Teobaldos llegaron al Reino de Navarra las posturas elegantes, los comportamientos refinados, las buenas maneras, las ceremonias y castillos señoriales como el de Olite.

Antiguo palacio de los Teobaldos en la localidad navarra de Olite

Antiguo palacio de los Teobaldos en la localidad navarra de Olite (fuente: viajeblogevasión)

Entre las costumbres que trajeron hubo una especialmente curiosa; era una costumbre impregnada de humanidad: El Rey de la Faba, instituida en el siglo XIII por Teobaldo I, primer rey de la dinastía  de Champaña. No hay que olvidar que este  monarca, a diferencia de su antecesor Sancho el Fuerte y de cuantos le precedieron en el trono, tenía más dotes de poeta que de guerrero.

Un día al año, el día de Reyes, que solía ser siempre el 5 de enero, víspera de la Epifanía, los reyes de Navarra invitaban a una gran fiesta a los niños más pobres de la localidad que en ese momento fuera designada como sede real. Ese día  los niños comían como nunca lo habían hecho, ni tan siquiera soñado. Al finalizar la comida el cocinero real ponía sobre la mesa una gran torta, cortada en tantos trozos como niños invitados había. Era una tarta que en su interior ocultaba un haba. Hecha la partición, cada niño cogía un trozo sabiendo que, como mínimo, iba a llenar bien su estómago. Finalmente solo uno acababa siendo el afortunado, aquel que mostraba el haba. Y aquél niño era, a partir de ese momento, merecedor de todo tipo de honores y caridades, siendo ataviado al día siguiente, 6 de enero, con los atributos de la realeza. A veces, también se ponía no una, sino varias habas, y entonces al que le tocaba la primera se le llamaba “rey”; al que le tocaba otra, “infante”, y a la muchacha que le tocara la tercera se la denominaba “reina”, pues generalmente  no se ponían más de tres.

Las más famosas celebraciones de esta fiesta fueron las de Estella en 1381, de Sangüesa en 1413, Tudela en 1423, Tafalla en 1424 y Pamplona en 1439. Pero es la ciudad de Olite  la que  se distinguió  como sede habitual de esta ceremonia conocida en la documentación con el nombre de “el petit Rey”.

Según Caro Baroja, el “Diccionario de antigüedades del reino de Navarra” de Yanguas y Miranda, hace referencia a que en el año 1361, había sido elegido rey “Juanito Ovitos” hijo del barbero del monarca  auténtico, quien siguiendo la costumbre tradicional, asignó a Ovitos una pensión vitalicia. En aquellos años la corte real pagó notables sueldos por la lujosa indumentaria del chico Rey de la Faba. En el año 1422, en Olite,  entre  los  personajes que asistieron al banquete de coronación del Rey de la Faba, estaban el abad de Irache, el embajador del Delfín de Francia, la hija bastarda del Rey, tres pobres y el personal habitual de la corte del monarca.

Palacio Real de Olite. Navarra. Fuente: www,castillodeolite.net

Y es así como, año tras año, vemos que esta fiesta se celebra por la  Epifanía principalmente  en Olite, residencia  preferida de los reyes de Navarra y en otras localidades como Marcilla y Pamplona. En Aoíz, como describe Caro Baroja, hasta hace muy poco, después de cenar el día de la víspera de la Epifanía se “echaba el reinau”, y así  el rey no se elegía por medio de un pastel con un haba dentro, sino repartiéndose la baraja y tocándole el cargo al que recibía el as de oros.

Esta curiosa tradición pervivió en Navarra desde el siglo XIV hasta bien avanzado el siglo XV y dejó de practicarse cuando Navarra pasó a la Corona de Castilla. Posteriormente, el pueblo siguió manteniendo la costumbre de nombrar un Rey de la Faba  de carácter mucho más popular. Cada elección anual venía acompañada de gran alboroto en la calle. Hasta el año 1765, en que se prohibe su celebración a través de un  decreto real, dictado por el Real y Supremo Consejo del Reino argumentando que se venían cometiendo abundantes excesos a cuenta de esta tradición. Esta resolución no consiguió hacer desaparecer la costumbre dentro de las casas, en el seno de cada familia; es evidente que estamos ante una fiesta especialmente arraigada en la sociedad navarra. Y hay que decir que sus rescoldos nunca se apagaron. La fiesta palaciega fue restaurada en los años treinta del siglo XX por Ignacio Baleztena, fundador en 1931 de la peña Muthiko Alaiak, que a partir de la década siguiente continuó celebrándola en sus locales eligiendo rey a un niño asilado en la Casa de Misericordia. En 1964 adquirió su carácter itinerante actual, celebrándose alternativamente en distintos lugares donde residió la Corte de Navarra.

La fiesta actual, entrelaza el rito del Rey de la Faba con toda la parafernalia de una coronación real medieval y ya no tiene una fecha concreta fija de celebración, que queda al arbitrio de los organizadores. De todos modos, la noche de la víspera de la festividad de los Reyes Magos, se siguen degustando los famosos roscos de reyes en los que los niños buscan una “faba” o cualquier otra figurita sustitutiva de la misma. Estos roscos suelen traer una corona de cartón para que aquel que encuentre la “faba” sea coronado. Es la forma actual de mantener esta vieja tradición medieval dentro de cada hogar navarro.

Dos tradiciones superpuestas: una, pagana; otra, cristiana

El delicioso Roscón de Reyes con sus frutas confitadas, la corona de papel, el haba y la sorpresa es una tradición antiquísima. Ya estaba presente en las Saturnalias romanas, unas fiestas paganas en honor al dios Saturno inmensamente populares que  tenían lugar a mediados de Diciembre coincidiendo con el solsticio de invierno. Durante esos días, nadie trabajaba, patricios, plebeyos y esclavos intercambiaban regalos, comían hasta el hartazgo y bebían todavía más. En aquellos rituales se  ofrecía una torta redonda con higos, dátiles y miel, en cuyo interior  se colocaba un haba (símbolo del sol y de la fertilidad, el haba, plantada al comenzar el invierno venía a ser una promesa de cosecha en primavera) que transformaba a quien la encontraba en rey coronado de la fiesta.

Pero también en las fiestas en honor a Jano, el dios de las dos caras, una de anciano que mira hacia atrás y otra de joven que mira al futuro, simbolizando el nuevo año que comienza. Era el dios de las puertas y también llamado dios de los pasteles. Ianuarius es el mes dedicado a Jano. En el primer día de cada mes se celebraban las Calendas. Su templo tenía doce puertas correspondientes a cada uno de los meses del año. Las puertas permanecían abiertas durante los tiempos de guerra y cerradas cuando la paz reinaba en el Imperio. Todo romano que deseaba emprender con buen pie un negocio o finalizar con éxito una empresa, acudía a rendir culto al dios Jano. El  primer día del mes, los romanos ofrecían a Jano, una torta de pan hecha de harina previamente amasada  con sal y vino y se acostumbraba a regalar ramos de olivo y laurel, procedentes del bosque sagrado de Estrenia, la diosa de la salud, y también dulces como símbolo de buena suerte, para mitigar el sabor amargo de algunos trances de la vida. Este día estaba dedicado al perdón y a los sentimientos de amistad. Los cónsules tomaban posesión de su cargo el primero de Enero y hacían sus ofrendas por la prosperidad de la nación en un ritual religioso en el Capitolio.

En ambas ceremonias en honor a dioses y fuerzas de la naturaleza, destinadas a garantizar la bondad del ciclo agrícola anual, evitar enfermedades en los ganados o asegurar la fecundidad femenina  podríamos encontrar los orígenes del Roscón de Reyes.

Una vez cristianizado el imperio, la Iglesia, dispuesta a acabar con todo lo que sonase a pagano, hizo coincidir la fecha del nacimiento de Cristo con el solsticio de invierno celebrado por los romanos; y de esa manera  trató de convertir esta tradición de vicio y perversión en una festividad cristiana. Se consiguió el propósito más o menos, aunque las comilonas, la abundancia de alcohol, los regalos y el roscón de las Saturnalias pervivieron para demostrar que tradiciones bien arraigadas pueden adaptarse a cambios muy radicales.

Parece ser que fue hacia la mitad del siglo XVIII cuando en España se generalizó esa costumbre: la tradición  del rosco quedó como culminación de las fiestas de Navidad, manteniendo el simbolismo propio del círculo – expresión de perfección y de indivisión- y del haba –signo de fecundidad y vida elemental; más tarde se introdujo el refinado matiz de cubrirlo de frutas escarchadas, sin faltar la sorpresa en su interior.

El mismo siglo XVIII, un cocinero francés, con ganas de contentar al pequeño Luis XV, introdujo como sorpresa en el roscón una moneda de oro (algunas fuentes indicaban que era un medallón de oro y rubíes). A partir de ese momento, en el Roscón de Reyes se han entremezclado dos tipos de sorpresas: una, positiva, representada por una moneda o una figurita (de la Virgen Y San José); otra, negativa, singularizada en el haba. Quien en su trozo encuentra la moneda o figura, será coronado  como rey de la casa; y a quien le toque el haba, tendrá que pagar el roscón. Costumbres que se alejan ya del espíritu original.

En algunas regiones de España es tradición que a la hora de presentar el Roscón, en la mesa se recite el siguiente poema:

He aquí el Roscón de Reyes
tradición de un gran banquete,
en el cual  hay dos sorpresas
para los que tengan suerte.
 
En él hay, muy bien ocultas,
un haba y una figura;
el que lo vaya a cortar
hágalo sin travesura.
 
Quién en la boca se encuentre
una cosa un tanto dura ,
a lo peor es el haba
o a lo mejor la figura.
Si es el haba lo encontrado
este postre pagarás
mas si ello es la figura
coronado y rey serás.

Julio Caro Baroja en un fragmento de “El Carnaval” relativo al Roscón de Reyes, describe festejos semejantes de primero de año celebrados por los árabes españoles en la Edad Media; y  se refiere a unos versos de Ibn Guzmán en el “Cancionero”,  relacionando el vocablo “hallon” con los castellanos “hallulla” y “hallulo”, muy usado este último en Granada para designar a una torta y a un diadema idénticas al roscón. Cita también las fiestas del “Yanáir” –voz mozárabe que  significa el mes de enero y el nuevo año-, en que cristianos y árabes, participaban juntos.

….y la Vasilópita griega

En Grecia se celebra la Noche de Fin de año con el reparto del roscón de San Basilio, la llamada Vasilópita. Una especie de bollo similar al roscón de Reyes que se come en compañía de la familia y amigos. El personaje del que recibe su nombre es San Basilio el Grande. San Basilio nace en el siglo IV en Capadocia, en Asia Menor y llega a ser obispo de Cesárea, hoy Kayseri, en la actual Turquia. Es uno de los cuatro padres de la Iglesia ortodoxa  junto con San Atanasio, San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisóstomo. En Grecia la figura del santo continúa muy viva en la tradición popular, hasta el punto de bautizar dicha torta  con su nombre. Es él quien visita a los niños el primero de enero y se corresponde con el San Nicolás del día de Navidad, o con los Reyes Magos, que llegan el 6 de enero.

Según la leyenda, San Basilio debía devolver a los ciudadanos de Cesárea las monedas que habían aportado para cubrir la suma de dinero que un tirano de la región, luego de asediar la ciudad, exigía para su liberación. Como desconocía la aportación económica de cada familia y para que fuese justo el reparto, distribuyó al azar panes con las monedas de oro en su interior y por un milagro -en el que apareció San Mercurio de Cesárea, blandiendo sus dos espadas y haciéndose acompañar por sus soldados: los ángeles- hizo desaparecer al tirano y así  la ciudad de Cesárea fue salvada, recibiendo cada habitante exactamente su aportación inicial. Desde entonces, la costumbre de la Vasilópita se transmitió de generación en generación, con la finalidad de recordarnos  el amor y la bondad de aquel santo.

Pero el corte y reparto de tortas como la Vasilópita,  tiene raíces en tradiciones ancestrales que sobrevivieron al mundo cristiano. En la antigüedad existían los “panes ceremoniales”, que los griegos ofrecían a los dioses en grandes festejos rurales. Tales fiestas eran las “Thalysias” y las “Thesmophorias”. En las Kronias (festejo del dios Kronos), preparaban dulces y empanadas siguiendo el ritual que encontramos en nuestros días al cortar la Vasilópita.

En ella se incluye una moneda (antes era una lira de plata o de oro, ahora se trata de una moneda normal). En la medianoche del 31 de diciembre al 1 de enero se graba sobre la Vasilópita la señal de la cruz con un cuchillo. Se corta un pedazo de pastel para cada miembro de la familia y los visitantes presentes en el momento, por orden de edad, de mayor a menor. También se cortan trozos para varias personas o grupos simbólicos, según la tradición local y familiar, que pueden incluir al Señor, a la Virgen, San Basilio y otros santos. Quien tiene la suerte de comerse el trozo donde está la moneda tendrá un año muy próspero. A continuación se cena en casa con toda la familia gran variedad de platos.El período navideño termina con el bautizo del niño Jesús el 6 de enero, día de la Epifanía en España.

El  paralelismo entre ambas tradiciones

Tradiciones y convicciones populares arraigadas en la noche de los tiempos llegan hasta nuestros días para demostrar que gentes de diferentes épocas y latitudes parten de un origen común para expresar sus creencias, sus esperanzas, su felicidad pero también la inquietud ante lo que deparará el siguiente ciclo.

Españoles y griegos  intentan  atraer la buena suerte, el dinero, el  amor o la salud  durante los siguientes 365 días, a través de rituales de origen común. Ambas tradiciones, el reparto de la Vasilópita durante la fiesta de San Basilio (nombre que proviene del vocablo “basilefs”, que significa rey) y el  Roscón de Reyes –eco de la antigua fiesta del “Rey de Faba” -, están emparentados no sólo por su nombre sino por la cercanía o coincidencia de fechas en que se celebran, por la costumbre de poner algo en el interior del rosco como símbolo de fortuna y prosperidad y por su origen común en los rituales de la antigüedad pagana.

La moneda, el haba, la figurita, todos estos símbolos representan la prosperidad guardada en el interior de un círculo cuajado en harina y azúcar, donde se enhebran las ilusiones en torno a la mesa de la cena familiar.

Fuentes

Caro Baroja, Julio (1983) . El Carnaval. Madrid: Taurus Ediciones

Archivo General de Navarra

El rey de la faba en el arte

Libertades de diciembre. El obispillo de San Nicolás

Por Elmira Myresioti Aliberti

Dado que estamos ya bien entrados en el mes de diciembre y enfilando el periodo navideño, merece la pena señalar que el sábado pasado, 6 de diciembre, se celebró en España el día de San Nicolás de Bari, obispo y patrón de los niños.

En el marco del taller de Rutas inéditas y dado nuestro afán por comprender el sentido del calendario festivo anual, que no es otro, según Julio Caro Baroja, que el de vivir y experimentar el tiempo a través de una serie de ritos que asocian el tránsito del hombre por la vida al ritmo de las estaciones, iniciamos nuestra andadura por el ciclo festivo anual. Nos detenemos en una celebración que, en estas fechas aparentemente alejadas del mes de febrero, inaugura el ciclo festivo invernal relacionado con el Carnaval y coincide y –no por casualidad– con el día en que la Iglesia Ortodoxa de Grecia celebra la fiesta de Ayios Nicolaos (San Nicolás). Se trata de la muy original e interesante fiesta del obispillo, que en la actualidad se da en pocos lugares de España y hunde sus raíces en las Saturnales de la época romana. 

La norma general de la fiesta del obispillo dice que, el día 6 de diciembre, el obispo de la catedral o del monasterio que organiza la celebración cede el poder eclesiástico a un joven de la escolanía, quien habitualmente tiene entre nueve y catorce años. El niño es vestido con la indumentaria propia del obispo, portando incluso hasta su mitra y báculo, quien acompañado por otros jovenes estudiantes del coro, vestidos de clérigos, recorre la ciudad bendiciendo a la gente y en algunos casos, pidiendo limosna. El reinado del obispillo dura hasta el Día de los Santos Inocentes, el 28 de diciembre, cuando culmina la fiesta. El tono de esta celebración es sarcástico y particularmente en sus versiones originales que se remontan a la Edad Media, incluía rezos burlescos y parodias al obispo verdadero, donde el obispillo con sus jóvenes sacerdotes llegaban a tomar posesión de la catedral y realizaban ceremonias y oficios de carácter burlesco. El ambiente de la celebración se caracterizaba por el intercambio de papeles dentro de la jerarquía clerical dado que los que mandaban pasaban a ser los que obedecían y viceversa. 

Hoy en día, la fiesta del obispillo se celebra en la Catedral de Burgos, en el Monasterio de Montserrat en Cataluña –donde no se llama obispillo sino bisbetó-,en Navarra y en Palencia, siendo la celebración de Burgos la más conocida, quizás por haber sido prohibida y recuperada varias veces. Sin embargo, en la Edad Media, estaba bastante extendida, celebrándose bajo formas distintas también en Murcia, León, Valencia, Gerona, Lérida, Granada, Sevilla, Mallorca y Gran Canaria entre otros y hasta en Francia, Italia, Alemania e Inglaterra.

Nicolás Ardanaz, “Cuestación por San Nicolás”, 1959. Foto: Museo de Navarra.

En el Monasterio de Montserrat, el bisbetó se celebraba originalmente el Día de los Santos Inocentes, pero desde el siglo XVII y hasta hoy se celebra el 6 de diciembre. Lo contrario pasó con la Catedral de Burgos, donde el obispillo se celebra en la actualidad el 28 de diciembre aunque, desde el siglo XV cuando se estableció y hasta que se prohibió en el s. XVI, se celebraba el día de San Nicolás.

fotografía que muestra el bisbetó de Montserrat. Fuente: Intervestibulum et altare. (Blog sobre cultura eclesiástica y tradiciones litúrgicas hispanas)

El caso de Burgos nos ofrece una oportunidad muy particular de mirar al obispillo desde cerca dado que es en este lugar donde la fiesta fue recuperada no solamente una, sino dos veces en la época contemporánea. Allí, después de la ceremonía en la catedral, el obispillo se dirige hasta el ayuntamiento montado en un caballo blanco al que siguen todos los componentes de la escolanía. Sin embargo, durante los siglos XV y XVI, en los que mantenía un papel mucho más importante y simbólico, el obispillo tenía que visitar a los monasterios de la ciudad para dar su bendición. Este hecho  provocó graves desacuerdos cada vez que el obispillo no visitaba un determinado monasterio u otro y esta se considera como una de las razones por las que la fiesta se eliminó y tardó casi cuatro siglos en reavivarse. La costumbre se restableció por primera vez en los años 50 por Luis Belzunegui Arruti, maestro de la escolanía burgalesa, pero diez años después, con la jubilación del maestro, volvió a desaparecer junto con la escolanía, para recuperarse de nuevo en 1998 con la creación de un coro nuevo: los Pueri Cantores.

El cortejo del obispillo a las puertas del arco de Santa María en la ciudad de Burgos. Foto: http://serbal.pntic.mec.es/

No obstante, la fiesta del obispillo fue objeto de numerosas prohibiciones y limitaciones en la Edad Media, no solamente por razones de política dentro de la Iglesia como la anteriormente mencionada sino, como cita Julio Caro Baroja en su libro El Carnaval, por “las liviandades y desmanes que los jovenes estudiantes solían cometer con el pretexto de la celebración”. Por ejemplo, en 1541, don Juan Margarit II impuso la restricción de permitir solamente a los niños a participar en la fiesta y los advertía: “no tiren harina, ni tierra, ni ceniza, ni otra inmundicias, ni se hagan caer los unos a los otros, ni traigan al obispito danzando por la iglesia”. En 1565-1566, el concilio provincial de Toledo decidió abolir la celebración del obispillo y en 1621, la fiesta se prohibió bajo pena de diez días de encarcelamiento. La costumbre fue abolida hasta en Inglaterra pero, a pesar de todo, perduró en muchos lugares hasta la época actual.

Orígenes de la celebración.

Para terminar, hay que observar la conexión entre la fiesta del obispillo y las festividades Saturnales (latín: Saturnalia) de la época romana, que el Cristianismo consideraba como paganas e hizo un gran esfuerzo por eliminar, para entender un poco más sobre los orígenes de esta fiesta cristiana casi desaparecida.

En las Saturnalias se instauró la costumbre de elegir un rey con mando efímero, de carácter cómico y elegido por sorteo entre los jóvenes. El “obispillo” junto a otros como “el Mazarrón” o rey de Navidad de la provincia de Burgos,  “el rey de la faba” que se nombraba en la corte de Navarra  el día 6 de enero y el “rey de los cerdos” del día de San Antón en Madrid, pertenecería a esta categoría de reyes saturnalicios.

Según Julio Caro Baroja: “De todas las fiestas de España que se han relacionado con las Saturnales, la más conocida es la del «obispillo».El mismo autor añade también que hasta el propio Bartolomé de Las Casas, en su Apologética historia de las Indias, menciona que consideraba al obispillo como una huella de las Saturnales. Para justificar mejor la comparación, corresponde aquí indicar que las Saturnales, también denominadas como “fiestas de los esclavos” (feriae servorum), fueron unas festividades romanas importantes que se celebraban desde el 17 hasta el 23 de diciembre, y tenían doble propósito, el de honrar al dios Saturno y el de festejar el triunfo de un general victorioso. No obstante, podríamos decir que tenían hasta un triple propósito porque no era por casualidad que se celebraran alrededor del solsticio de invierno para festejar el fin del período más oscuro del año y la llegada del Sol.

Así pues, el paralelismo entre ambas podría basarse en el hecho de que las dos fiestas inauguran el mismo ciclo festivo basándose en un hecho astronómico. Sin embargo, se trata de mucho más que esto. Las Saturnales fueron denominadas “fiestas de los esclavos” porque a lo largo de los siete días de su celebración, los esclavos vivían casi en un régimen de semilibertad, podían comer junto a sus amos, jugar a los dados y burlarse de ellos. Nadie –ni los amos– llevaba ropa formal o lujosa y no se permitía castigar a los esclavos. En general, se trataba de unas fiestas en las que se provocaba la inversión de los papeles sociales, hecho que dirigía a un bacanal incomparable con ilimitado consumo de vino y comportamientos lujuriosos y por lo tanto, con la llegada del Cristianismo, la palabra Saturnalia derivó en sinónimo de orgía. Es exactamente por esta inversión de los papeles del poder, donde los que dominan se convierten en los que obedecen y lo contrario y por supuesto, por los resultados o las consecuencias que una inversión de tales características puede desatar en el orden social, donde se nota una clara conexión entre las fiestas Saturnales y la fiesta del obispillo. Finalmente, podríamos quizas concluir que en los dos casos, el intercambio de roles tenía el propósito de fortalecer los papeles establecidos y no de debilitarlos.

FUENTES

Caro Baroja, Julio (1983). El Carnaval. Madrid: Taurus Ediciones. pp. 304–314.

ENLACES

http://www.academia.edu/4007003/_La_fiesta_medieval_del_obispillo_de_San_Nicolás_y_su_celebración_en_Ciudad_Rodrigo_

Fundación Joaquín Díaz. La antigua fiesta del “obispillo” en Burgos

Arroba de los Montes. Las últimas representaciones de la fiesta de los obispillos en los montes de Toledo.

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