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Pastores, diseñadores de paisaje en Valdivielso

Os dejamos un pequeño testimonio visual sobre los pastores de Valdivielso, con quienes compartimos buenos ratos del verano de 2013, y su pasión por este rincón de la Arcadia burgalesa.

Pastores, diseñadores de paisaje en Valdivielso

con Jokin en la radio de Valdivielso

Jokin

Una de las experiencias cruciales en nuestra ruta fue la grabación de dos programas radiofónicos en  Radio Valdivielso (www.radiovaldivielso.com) que dejaron testimonio de nuestra presencia en el valle. Si del recelo inicial a ponernos delante de un micrófono, pasamos al entusiasmo generalizado y al deseo de participación, mucho le debemos a la excelente conducción de su director: Jokin Garmilla. Con su lema «cantando y bailando se vive mejor» fue convirtiendo el estudio en una fiesta en la que todos, dominaran o no el castellano, quisieron participar.

Jokin, para nosotros la radio se ha revelado como un instrumento muy interesante en la didáctica del español por el abanico de posibilidades que abre y también como un medio extraordinario de acercamiento entre dos mundos aparentemente lejanos: Grecia y el valle. ¿Qué conclusiones sacas tú como conductor de estas más de dos horas de programa dedicadas a la presencia griega en Valdivielso?

Para nosotros siempre es un placer recibir a la gente que pasa por Valdivielso, llevamos haciéndolo los últimos 12 años y sentimos que la gente que pasa por nuestra emisora se va feliz. Al principio les sorprende que exista un medio de comunicación en un valle con apenas 400 habitantes. También, al principio, sienten temor al enfrentarse a un micrófono. Finalmente creo que todo el mundo se va con la sensación de que ha estado alrededor de una mesa camilla del hogar de un lugareño, charlando tranquilamente. Nos encanta que pase gente por el valle y saber que de alguna manera han  entrado en las casas de muchos valdivielsanos. Nos gustó escucharos, conocer vuestras inquietudes, vuestra vida, saber cómo estaba la vida por Grecia sin intermediarios, escuchando a los ciudadanos. Nos gustó también saber qué recuerdo os lleváis del valle y nos gustó que escucharais nuestra música y que nos dejaseis algo de la vuestra. En el caso de la “visita griega” todos nuestros deseos se han colmado.

 Cuéntanos cómo surge en un valle de las Merindades la necesidad de crear un espacio de comunicación como es este de radio Valdivielso y qué ofrece la radio a sus habitantes.

Surge de la casualidad y la amistad. Ese es el origen, no hay nada previsto. Un amigo me cuenta que amigos suyos tienen una vieja emisora arrinconada en su casa. Dejaron de usarla y él pensó en mi para que montara una radio en el valle. Me lo tomé a broma, jamás había hecho radio aunque siempre quise ser periodista. Al cabo de un tiempo nos acercamos hasta La Granja (Segovia) donde estaba este emisor y nos lo trajimos a Valdivielso. Tras varios meses olvidada, una tarde de primavera decidimos instalar la antena en el tejado de mi casa y empezar a emitir. Se trataba de un juego sin más. Al llegar el verano, época de mayor presencia humana en el valle, la radio se convirtió en la gran novedad y la gente se volcó con ella. No sólo escuchándola sino también llamando, cantando, etc. Muchos pensaron que tras el verano, la radio se iría con los veraneantes y es entonces cuando decido que en invierno es cuando más sentidos tiene este medio. Un medio que tiene vocación de servicio público y cuya indiscutible labor social es más importante cuando menos gente hay. Ofrecemos información, cercanía, apoyo, entretenimiento, somos motor cultural generador de actividades y referente en el desarrollo rural hecho desde dentro y desde abajo.

logo radio

Una de las cosas que más nos ha llamado la atención es la cantidad de actividades culturales que se generan en un pueblo tan pequeño como Quintana de Valdivielso ¿Consideras que Quintana es una excepción a esa idea de abandono y aislamiento que planea cuando se habla sobre el mundo rural?

En Quintana se une el hecho de que exista una junta vecinal con inquietudes y recursos y una fuerte asociación cultural que, siendo de todo el valle esta radicada junto a la emisora que gestiona tambien en Quintana. La colaboracion de ambas ha permitido a lo largo de los ultimos años generar una actividad cultural y social como nunca se habia visto. Esto reafirma que desde lo pequeño, en el mundo rural,uniéndose se pueden hacer grandes cosas. Ojala que en el futuro podamos seguir colaborando.

 Vuestro lema  ¨el poder de lo pequeño¨, parece toda una declaración de intenciones ¿Significa esto que las pequeñas comunidades rurales guardan en si mismas potencialidades que no hemos sabido ver aún y que podrían servir de base para devolverle la vida al mundo rural?

Creemos que los pequeños gestos de la vida cotidiana de cada uno pueden ayudar a mejorar el mundo. Puede que suene utópico pero así lo creo. Nuestro proyecto de radio si hubiese sido teorizado antes de ponerlo en marcha habría sido rechazado por inviable en cualquier foro. Después de estar en marcha sufrimos muy duros avatares. La radio se municipalizó tres años después de comenzar a emitir y siete después fue cerrada, se expulsó a nuestra asociación y se pretendió acallar un medio que siempre fue comunitario y libre. Pensaban que con ello acabarían con ella pero olvidaron que la radio era del pueblo, que sus raíces eran fuertes y que lo que hacían al intentar matarla era revitalizarla.  En el mundo rural hay demasiado inmovilismo, demasiado miedo a la novedad, demasiado pesimismo, demasiadas luchas intestinas, demasiada cerrazón. Pese a esos aspectos negativos estoy seguro que las potencialidades del campo son enormes. Me decía hace unos años un alcalde que los pueblos son la reserva de la razón y que sin los pueblos no pueden existir las ciudades. Comparto su opinión. Ahora lo que debemos hacer es organizarnos, juntarnos y dejar de esperar a que los que mandan en las ciudades nos vengan a resolver nuestros problemas. Volviendo a “El poder de lo pequeño”, lo que parecía una debilidad, ser , decíamos a veces, la emisora más pequeña del mundo, sin publicidad , sin apoyo institucional, se ha convertido en nuestra mayor fortaleza. En plena crisis económica, con los medios de comunicación desmoronándose, nosotros nos mantenemos mejor que nunca. Año a año, eso sí. No sabemos si al próximo seguiremos abiertos.

 Y por último, apostar por lo pequeño te ha traído hasta esta Arcadia burgalesa, donde vives con tu mujer y tus dos hijas. Supongo que no todo será tan bucólico como parece……

 Efectivamente no todo es tan bucólico… cuando hace 15 años nos vinimos a vivir al pueblo, mi hija tenía 6 meses y no sabíamos cuánto tiempo íbamos a estar allí. Quince años después sentimos que la decision fue acertada. En todo esto la radio ha jugado un papel importante. Es probable que sin el azar que trajo aquel emisor a mi casa todo hubiera sido mucho mas complicado para mí. La radio me permitió encontrar mi sitio en el mundo.

las últimas impresiones antes de nuestra partida

la noche en que nos hicimos hermanos

Por Katerina Alafouzou
Quintana es un pueblo pequeño y tranquilo que gracias a la decisión y a las actividades de sus vecinos y alcalde parece que intenta renacer. La gente que conoci allí me pareció que busca maneras de vivir simples y esenciales y no superficiales como ocurre en la actualidad. Uno de ellos es Leandro que dejó su trabajo en Madrid para volver a su pueblo y vivir de una manera completamente diferente.
La noche de la despedida fue una sorpresa. No porque fuera una noche especifica, al contrario, sino porque fue una fiesta, una reunión familiar. Los españoles habían preparado todo en abundancia. Nos ofrecieron bienvenida, amistad, bondad, diversión, comida, bebida…Era evidente que habían dedicado horas a preparar todo eso.
cena con los griegos
Habían puesto notas – invitaciones en  muchos puntos diferentes del pueblo invitando a los vecinos del pueblo a la cena con los griegos y llegó mucha gente que habíamos conocido los dias anteriores, además de los vecinos: Leandro y Maite, Jokin Garmilla de radio Valdivieso, el alcalde y su gran familia, las dos guapas españolas Carolina y su madre, Marta, que nos acompañaron en nuestra visita a Burgos, Jesús Mari Martínez y Maite, su mujer, quienes nos acompañaron en la ruta por Espinosa de los Monteros y los valles pasiegos y muchos más.
Nos ofrecieron también música y aunque esperábamos escuchar la dulzaina y el tamboril, dos instrumentos típicamente castellanos, José Ignacio, un cantaor de Medina de Pomar y su acompañante, un guitarrista asturiano, nos divirtieron y nos dieron a conocer el maravilloso e insuperable arte de la rumba.
Toda la noche estuvimos divirtiéndonos, comimos una variedad de asados, la famosa morcilla de Burgos, los ¨tortos¨, unas empanadas de chorizo que las panaderas del pueblo hicieron especialmente para nosotros y postres de la casa del alcalde, bebimos vino tinto de Rioja y bailamos juntos.

Al final de la fiesta nos despidieron con una canción española. Un resumen de todo esto podéis escucharlo al final del podcast que preparó Jokin con el primer programa radiofónico y que aparece en la entrada del blog ¨griegos en Valdivielso.

Mientras iba caminando hacia la torre, después de la última foto y los abrazos, oi a Jokin decir: ¨qué noche¨

La felicidad saltó al final a la vista de todos.

Muchas gracias de nuevo, y hasta el proximo viaje.

Un abrazo fuerte para todos los compañeros de viaje.

Historias míticas del valle. “La ascensión al cielo”

Inés y su amiga griega Vana. Una pareja de armas tomar.

Cualquiera en el valle que conozca a Inés de la Peña sabrá que es todo un personaje. Mujer con carácter, gobierna con mano firme un barco en el que todo son hombres. Voy a referir aquí parte de lo que nos contó delante de una magnífica tortilla con la que nos obsequió tras nuestra nuestra ruta por el desfiladero de los Hocinos. Como siempre ocurre cuando uno está a gusto compartiendo mesa con gente agradable, hubo momentos de exaltación de la amistad y belleza de los lugares que habíamos visitado, y con la colaboración del Rioja, se acabaron desatando las ganas de entonar alguna que otra canción del valle. De aquí a la ironía, la guasa y el chascarrillo no faltaba mucho…

Según Inés todos los pueblos del valle llevan un apodo, mote o gentilicio por el que son conocidos. A los de Puente Arenas les llaman ¨balleneros¨, a los del Almiñé ¨melgueros¨, a los de Toba ¨bubudillos¨, a los de Quecedo ¨perreros¨, a los de Quintana ¨zurrabadanas¨ y así con otros más que ya no recordamos. Quizás algún amigo del valle que lea estas líneas quiera refrescarnos la memoria y comentar los que faltan.  

Detrás de cada apodo hay una historia mítica, que ha circulado durante siglos en forma de anécdota, describiendo de forma simplista el carácter de ¨los otros¨, los de los pueblos vecinos. Son invenciones humorísticas y en muchos casos despectivas y denigratorias que esconden ancestrales relaciones de rivalidad que se han ido fraguando a lo largo del tiempo por el dominio de los recursos del entorno.

Yo voy a contaros aquí una de las que me llamaron la atención por su marcado carácter poético. La de los habitantes de un pueblo a quienes se les metió en la cabeza la idea de construir una escalera para subir a la luna. Inés me contó que a los habitantes de Valdenoceda, el pueblo vecino a Quintana, les llaman escriñeros. Según pude comprobar después, la escriña es algo parecido a un cesto. Pues bien, los habitantes de Valdenoceda empezaron a acumular cestos uno tras otro para formar una escalera que les condujera hasta el cielo. Casi cuando estaban alcanzando las nubes, se dan cuenta de que les falta el último peldaño de la escalera. Desesperados, se ponen a buscar el cesto que les falta y al no encontrarlo no se les ocurre otra idea que sacar el que estaba en la base de la escalera para ponerlo arriba. Inmeditamente, la obra que les había ocasionado tantos desvelos se les viene abajo en un instante.

Imagen de Valdenoceda, a la entrada del valle de Valdivielso, con la torre de los Salinas y la iglesia de San Miguel al fondo.

Nadie sabe si los habitantes de Valdenoceda habrán acabado expiando el pecado original de algún vecino al que se le ocurrió poner en práctica algún absurdo o descabellado sueño, pero lo que sí es cierto es que esta historia de la ascensión al cielo no es originaria del valle. Se cuenta en otros lugares de Burgos, en Quintana del Pidio sobre los habitantes de Gumiel de Izán, a quienes se les ocurrió la misma locura. Lo más asombroso es que este relato sale de nuestras fronteras y aparece en un lugar tan apartado de nuestra geografía como es Benín, un pequeño país de África situado en el golfo de Guinea, entre Ghana y Nigeria. Lo cuentan J.M. Pedrosa, C.J. Palacios y Elías Rubio en su libro sobre la tradición oral en Burgos², quienes reciben el siguiente testimonio de un habitante de la etnia fon:

    Un día los hombres quisieron subir hasta el cielo y para ello pusieron piedras de mortero, unas encima de otras, y subieron. Pero cuando casi habían llegado, vieron que les faltaba un mortero, y recorrieron todo el pueblo buscando uno. Como habían utilizado todos, decidieron sacar uno debajo para ponerlo encima y entonces se derrumbó todo, y muchos murieron.

   Los que sobrevivieron empezaron a hablar en lenguas distintas, y por eso hoy en día hay tantos idiomas.

Quién sabe si ambos relatos serán analogías de un relato mítico universal, aquel relato bíblico que habla de la construcción de la Torre de Babel, de la maldición que condenó a la raza humana a no entenderse  y Valdenoceda y Benín no son más que eslabones de una enorme cadena universal a la que estará unida nuestra Grecia por algún relato parecido. Fascinante ¿no?

² J.M. Pedrosa, C.J. Palacios, Elías Rubio. Héroes, santos, moros y brujas (Leyendas épicas, históricas y mágicas de la tradición oral de Burgos). Ed. Tentenublo. Burgos.

En el valle de Valdivielso

ValleEn este valle al sur de la comarca de Merindades, la mano caprichosa de un niño dejó la huella de sus primeros ejercicios de caligrafía en el relieve de estos montes. Más que de montaña parece que tuvieran  vocación de ola, como si quisieran seguir al río que las cruza y marcharse con él en su camino hacia el mar. La geomorfología del lugar nos dice que las enormes fuerzas de la tectónica de placas sacaron estos pliegues de la profundidades de un océano primigenio, levantándolos y comprimiéndolos como fuelles de un acordeón. Los elementos y el río hicieron el resto: depositaron las partes blandas en el fondo, creando así un fértil valle fluvial, y dejaron al descubierto estas caprichosas formaciones rocosas en forma de cuchillas que cortan el cielo de Valdivielso.

Al Ebro le cuesta tanto entrar como salir de este valle, encajonado en su entrada por el desfiladero de los Hocinos y en su salida por el de la Horadada. Como a nosotros… que al abrigo de estos montes que parece que se van, nos quedamos cinco días. Y nos habríamos quedado más, de habernos quitado antes esa fea costumbre de comprar siempre un billete con fecha de ida y vuelta, pues si hay un sitio donde a uno le apetece realmente quedarse, ese es el valle de Valdivielso. Huertas,  frutales y fincas de cereal que se mezclan con encinas y robles y la típica  vegetación de ribera que va enmarcando la silueta del Ebro a su paso por el valle. Pequeños pueblos que se integran en el paisaje, una arquitectura  popular que quisiéramos ver mejor tratada, iglesias románicas, casonas blasonadas, palacios y torres: testigos mudos de una vida y un esplendor que hace ya mucho  que abandonó el valle. 

Tan grande es la belleza de este lugar como la decadencia que encierran sus piedras. Sin embargo, hay gentes que se resisten a su avance. Se han quedado aquí, conscientes de que hay que mantener viva la memoria y la herencia de los que les precedieron, pero sabiendo que para asegurar la supervivencia del valle hay que hacer algunas concesiones no siempre agradables al progreso y la tecnología. Desgraciadamente el futuro de estas tierras no está en manos de quienes las habitan, sino de aquellos que diseñan las nuevas políticas ¨sostenibles¨, trazadas con escuadra y cartabón desde los lejanos despachos de Madrid y Bruselas.

Nosotros vinimos al valle para admirar sus paisajes, su patrimonio histórico y artístico, pero también para conocer a sus gentes y ya que convivimos con ellos quisimos escuchar sus problemas, que son al fin y al cabo nuestros, y hablar de ellos.  Sobre el dilema de la conveniencia o no de tener campos de energía eólica en los montes, la sombra del ¨fracking¨, una nueva técnica de extracción de hidrocarburos, que planea amenazando los valores paisajísticos de la zona y las consecuencias de la desaparición de las labores del pastoreo tradicional, hablamos con nuestros amigos de Quintana de Valdivielso: un precioso pueblo, levantado sobre una pequeña loma a la entrada del valle, desde donde se domina esta panorámica maravillosa que veis en la foto, nuestra vista de cada día al levantarnos, con el sol saliendo al fondo de las montañas.

Invadimos literalmente este pueblo, que no llegará a los 30 habitantes en invierno, y lo convertimos en nuestro centro de operaciones en las Merindades … 46 griegos que, llegados en varias oleadas, desbordaron la capacidad hotelera del lugar. Así que, qué otro apelativo mejor que el de ¨horda¨ se nos podría haber dado... Unos instalándose en lo que había sido en tiempos un antiguo internado de niñas, otros en una torre medieval del siglo XV, reconvertidos ambos en modernos refugios para turistas. Y es que Quintana tendrá pocos habitantes pero a los que hay les sobran el ánimo y el amor por lo suyo. Y aunque la convivencia no sea fácil (hay un refrán popular que dice ¨pueblo pequeño, infierno grande¨), cada uno arrima el hombro por la causa del pueblo desde su espacio personal.

Así lo hicieron con nosotros, que llegamos como invasores para perturbar la tranquilidad del lugar y acabamos siendo conquistados por su generosidad.. Allí conocimos a Roberto, el alcalde, a Inés, su madre, que nos contó algunas historias sobre el valle frente a una soberbia tortilla que había preparado para nosotros. A Marta y a su hija Carolina que nos acompañaron tanto en nuestra ruta por el desfiladero de los Hocinos como por Burgos capital. A Jokin, que dirige la radio, con quien grabamos dos programas inolvidables en los que dejamos un poco de nosotros en el valle y que nos contará en una próxima entrada cómo fue esa locura de poner en marcha una emisora en un pueblo perdido entre montañas. A Carlos, que se puso al frente del ¨asador Valdivielso¨, para ofrecernos una magnifíca parrillada en la noche de nuestra despedida, a la que dedicaremos también una entrada. A los panaderos del pueblo, que nos recordaban cada mañana, lo sagrado de este oficio. A Carlitos, nuestro pastor, el verdadero artífice de nuestra visita al valle, al que vimos muy poco a causa de su desvelo por las ovejas. Y por último y no por ello los últimos, a Maite y a Leandro, quienes nos comunicaron su pasión por esta tierra, y acompañaron a cada uno de sus rincones, sin horarios y sin dar muestras de cansancio.

En algún momento le oimos decir a alguno de ellos …¨queremos poner a nuestro pueblo en el mapa¨. No nos cabe duda de que lo conseguirán. Nosotros desde el blog, quisiéramos contribuir con nuestro pequeño granito de arena para que eso ocurra y para que este y otros parajes similares de la geografía española conserven su belleza sin tener que vender su alma al diablo.                    

 

 

por el desfiladero de los Hocinos

mapa Merindad

Para abrirse paso hacia la Merindad de Valdivielso hay que recorrer una estrecha carretera que va serpenteando a través del profundo cañón que ha excavado el Ebro entre las sierras de Tudanca y La Tesla. Este paso tan estrecho, de al menos 3 km. de largo, ha sido usado tradicionalmente como vía de comunicación entre los puertos del Cantábrico y la Meseta Castellana. Por él discurría el camino de la Lana, ruta de salida hacia Flandes del producto más preciado de la economía castellana desde la Edad Media. Esa misma lana que volvería a mucho mayor precio en forma de productos textiles manufacturados y sería una de las causas de la ruina del Imperio. También se la conocerá como la ruta del Pescado puesto que servía para introducir este alimento desde los puertos de Santoña y Laredo. Pero no sólo serviría como paso de mercancias, por aquí debió pasar también el Emperador Carlos V en su último viaje hacia el monasterio de Yuste, en la lejana Extremadura, para terminar allí sus días, una vez tomada la determinación de descargarse por fin del peso de las dos Coronas. 

Nada más llegar a Quintana de Valdivielso, nuestro cercano centro de operaciones a la entrada del valle, nos calzamos las botas para recorrerlo de dos maneras: una por el interior del cañón siguiendo el curso del río en sentido contrario y otra descendiendo hacia él desde su parte más alta. Nadie que haya pasado en coche por el desfiladero podría imaginar que en este paraje tan escarpado, reino de buitres y águilas, hubiera en tiempos una intensa actividad pastoril. Nos acompañó en las dos nuestro amigo Leandro, hijo de una estirpe de pastores y gentes montaraces, pues no le faltan accidentes geográficos a sus apellidos: Valle de la Peña. Historias de pastores, curiosidades sobre la botánica del desfiladero, cuevas al borde del desfiladero que podían acoger rebaños enteros de ovejas…esto es lo que podéis encontrar en esta entrada.

La senda hacia el interior del cañón discurre por la margen izquierda del río

Quinque erant fratres…

Tras la visita a los cañones, hicimos una ruta improvisada por Pesquera de Ebro: un pequeño pueblo repleto de casas blasonadas que se encuentra a unos kilómetros del mirador.

Allí nos encontramos con un personaje curioso de los que todavía se encuentran en la católica Castilla. La pobreza de estas tierras ha sido desde siglos caldo de cultivo de ermitaños, santeros, pseudomonjes y hasta frailas. Gentes ajenas al estamento eclesiástico, dedicadas al retiro religioso como forma de supervivencia. No parecía el caso de nuestro personaje quien, sentado en un banco en un rincón de la plaza, nos observaba deambular alrededor de la portada de la iglesia:

-No le den tantas vueltas, no vale nada. En esta plaza lo único que vale es el crucero-

Pesquera1
El olmo viejo de Pesquera, que no ha sido convertido en melena de campana, ni en lanza de carro, sino en una escultura que preside la plaza, junto al crucero que tanto nos ponderó don Luciano

Un punto de soberbia en el tono y una dicción impecable nos dieron la clave para entender que don Luciano Aparicio, pues así se llamaba, había sido carne de seminario. Nos sentamos a su lado y después de un rato de darle vueltas  a los tesoros perdidos del pueblo llegamos hasta su vida: ordenado monje agustino, quizás el duro frío y el menú de piedras con lentejas del seminario, empezaron a hacer mella en una vocación que duró tan sólo tres años. No nos atrevimos a preguntarle si con ella también se marchó la fe. Como tampoco nos atrevimos a preguntarle si la mujer que estaba a su lado, tan silenciosa como un claustro benedictino en una tarde de invierno, era su esposa. Tras el convento, la escribanía: el oficio que esperaba a todos aquellos que sabían de latines pero no gustaban de vestir por la cabeza.

De repente su atención reparó en el objeto que llevaba manoseando hacía ya largo rato.

– ¿Saben ustedes qué es esto que tengo en las manos?- nos preguntó, levantando entre sus dedos el cáliz despojado de pétalos de una rosa.

– Es la historia de cinco hermanos. Se la voy a contar.- Y así, señalando uno por uno los sépalos del cáliz empezó a recitar en latín:

– ¨Quinque erant fratres,

duo barbati,

duo sine barba nati,

et alter, qui remanebat

dimidiam barbam habebat¨

Eran cinco hermanos, dos barbados, dos sin barba nacidos, y el otro, el que quedaba, media barba tenía

¨Eran cinco hermanos

dos barbados,

dos sin barba nacidos

y el otro, el que quedaba

media barba llevaba¨

Observad de nuevo la foto anterior y comprobadlo. El caso es que, envueltos en el monólogo de don Luciano y la metáfora latina con que nos describió la fisiología de la rosa, olvidamos preguntarle por el significado de la leyenda a la derecha del blasón que aparece en la foto. Pertenece a una de las austeras casas blasonadas de Pesquera:

Jesús María, esta es casa de placer y la gente de alegría. Ave María. Año 1712

¨Jesús María, esta es casa de placer i la gente de alegría. Abe María Año 1712¨  

Con el enigma de la casa y la ocupación de sus habitantes dando vueltas a nuestra cabeza nos marchamos de Pesquera. Prometemos volver para que Don Luciano nos desvele el misterio.

Con Dios y hasta la vuelta, Don Luciano.