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Los libros que nos inspiraron una ruta (II). Transtempo.

Empezamos nuestra ruta literaria con un libro de poemas y continuamos con un libro de fotografía. Transtempo, de Cristina García Rodero, es una mirada concertada con el tiempo, a los paisajes del alma gallega. Y es que, quien se acerque a estas imágenes pensará que pertenecen a un país que ya no existe. Esta extrañeza la explica muy bien el gallego Manuel Rivas en el prólogo del libro:

“Con ella tengo que aprender a mirar lo que ya he visto. Lo que creía haber visto, no es. Cada foto es algo nuevo. Concierta un nuevo acuerdo, un nuevo relato, entre la mirada y el tiempo, un tiempo extra, un transtempo. He ahí la sorpresa de la memoria. Esa felicidad inquieta de compartir un rescate… “

La mirada de García Rodero recorre celebraciones y rituales que han desaparecido, otras que permanecen y, puesto que el ser humano no deja de crear tradición, algunas que han nacido al albur de las pulsiones del mundo actual. Todas son celebraciones donde se desata el inconsciente personal a través de la catarsis colectiva: carnavales de Laza, Xinzo de Limia y Verín, rituales de sanación, romerías de Xende y Amil, A rapa das bestas... aquí puede encontrar uno un pequeño catálogo de las obsesiones del pueblo gallego de las que habla el maestro Cunqueiro en sus Tesoros y otras magias. Como la de hacerse el muerto.. En esa extraña procesión de ataúdes de Santa Marta de Ribarteme ¨…a la que van los que, estando a punto de morir, se ofrecieron a la santa, y van con sus ataúdes, y en la procesión, se meten en ellos y son llevados por parientes y amigos.¨ Sin duda una práctica defensiva para engañar a la muerte, según Cunqueiro, ¨Supongamos que uno está gravemente enfermo, y que se teme por su vida y se piensa que no muere de dolencia natural, si no de una dolencia que le echaron…Entonces la práctica defensiva consistirá en hacerse el muerto, que la familia lo llore, que prepare todo para el entierro…que se avise al cura y se encarguen los funerales, y se va al camposanto y se abre un sepulcro. Sobre todo, se muestra mucho el ataúd, la caja en la que va a ir a la tumba el difunto. Entonces, las fuerzas desconocidas que operaban sobre él dejan de actuar, pues ya no tiene objeto, el paciente está muerto.¨

En las fotos de Ribarteme uno puede encontrar también ecos de una tradición pictórica anclada en esa visión de la España Negra que José Gutiérrez Solana y Darío de Regoyos heredan de Francisco de Goya. E incluso de una tradición fotográfica cercana a las ideas de la Generación del 98 (Ortiz-Echagüe).  Pero lejos de posar su mirada en lo más grotesco y sombrío de la existencia, sus fotos van en busca de los símbolos que dan significado a la fugacidad de lo humano y celebran la maravilla de estar vivo desde una relación natural con la muerte que hoy día nos parece escandalosa.

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Otras veces, más allá de un propósito puramente documental, García Rodero desvía el objetivo de su cámara y nos ofrece una mirada tangencial, alejada del centro de la celebración y nos sorprende con lo que ocurre en sus alredededores. Esa mirada se encuentra cara a cara con el gesto torpe de una mano que ha nacido más para trabajar que para acariciar. Con la presencia numénica de la abuela que parece venida de otro mundo para velar, con una rama de laurel en mano, por la seguridad de  sus nietos. Con la ironía y lo grotesco en el rostro del rey de las margaritas de Buxán. Con los sueños de la niña-princesa, con lo cotidiano, lo humorístico, con el exceso, el deseo y la locura.

Oler, sentir, abrazar, respirar… En ese lugar es donde se produce nuestro encuentro con las fotos de García Rodero, un presente perpetuo, intemporal, universal, donde ya no nos sentimos extraños, donde reconocemos las huellas que va dejando en nosotros el contradictorio oficio del vivir.

Caricias

 

 

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¨Sacerdotisas menores del sol y el fuego¨, de Miranda Terzopoulou

El pasado mes de enero, el curso de rutas inéditas por la geografía española contó con la presencia de la etnóloga y folklorista Miranda Terzopoulou, que aceptó amablemente nuestra invitación para venir a presentar su conferencia ¨Sacerdotisas menores del sol y el fuego¨ en el salón de actos del Instituto Cervantes de Atenas. Miranda ha trabajado muchos años como colaboradora permanente en el Centro de Investigación del Folclore Griego de la Academia de Atenas y cuenta con una dilatada trayectoria de investigaciones sobre música tradicional, así como sobre cultos y prácticas rituales marginales, tanto dentro como fuera de Grecia.

Ya que en el curso de rutas inéditas nos interesan especialmente los paralelismos culturales, Miranda nos mostró uno muy particular entre España y Grecia:  las dos únicas muestras en suelo europeo del paso ritual del fuego, la¨Anastenaria¨ del sur de los Balcanes, conectada al culto de los santos Constantino y Eleni (21 de mayo) y la gran celebración de San Juan  que coincide con el solsticio de verano (23 de junio) en el pueblo soriano de San Pedro Manrique.

 Alrededor del núcleo de celebración de estas fiestas veraniegas, la adoración del fuego, existe todo un entramado de mitos enraizado en el inconsciente colectivo de ambos pueblos. Símbolos, cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos, que revelan el carácter mágico de estas impresionantes ceremonias y muestran una serie de coincidencias sorprendentes a pesar de la distancia geográfica que las separa.

Según nos explicó Miranda, la compleja fiesta soriana concentra en sólo dos días, diversas celebraciones que en Grecia se dan en diferentes fechas del calendario festivo. Así, junto al paso del fuego soriano aparece asociada otra celebración de carácter iniciático. ¨Las Móndidas¨, en la que tres jóvenes desempeñan durante horas el papel de ¨sacerdotisas¨ que portan sobre su cabeza un pesado ¨cestaño¨ cargado con flores, panes y roscas rituales. Según el antropólogo Julio Caro Baroja, la palabra ¨móndida¨, hace referencia al ¨mundus Cereris¨, la cesta con los atributos de la diosa Ceres, cuyo contenido no se permitía ver a los profanos.  ¨Estas cestas- sigue Caro Baroja- eran características de los cultos agrícolas y mistéricos, tales como la de Dionysos y Deméter en Grecia y de Baco y Ceres en Roma¨. No olvidemos de dónde proceden las palabras ¨cereal¨ en castellano o ¨dimitriakᨠen griego.

Abunda Caro Baroja en la interpretación del carácter de rito purificatorio a través de la etimología ¨…creo que debe venir de un adjetivo “munditus”, claramente relacionable con el verbo “mundo”= limpiar, purificar…las “móndidas” serían pues, las purificadas, las puras o las limpias¨.

Las Móndidas y sus homólogas griegas ¨Lazarinas¨, que celebran el sábado anterior al de la Pascua ortodoxa, también llamado como sábado de Lázaro (Το Σάββατο του Λαζάρου),

Las Móndidas y sus homólogas griegas ¨Lazarinas¨, que celebran el sábado anterior al de la Pascua ortodoxa, también llamado, sábado de Lázaro (Το Σάββατο του Λαζάρου),

Lo realmente sorprendente son las múltiples conexiones entre las diferentes tradiciones y como se encuentran enraizadas con niveles psíquicos muy arcaicos. Una sobre todo nos llamó la atención: el mito del ¨rapto¨. De la misma forma que en el relato mitológico antiguo, Perséfone, la joven doncella hija de Dímitra, es raptada por Hades quien la convierte en reina del inframundo, las Móndidas, según el relato medieval, representarían a las vírgenes que fueron a dar gracias al rey Ramiro I por haberles librado del “tributo de las cien doncellas” impuesto por el emir de Córdoba. También en el relato griego también aparece el malvado turco.

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En la imagen una cariátide del ¨mégaron¨ de Eleusis, del siglo V A.de C, que se conserva en el museo arqueológico de Elefsina junto a su homóloga soriana

¿Expresiones residuales de una religiosidad primitiva de origen pagano?¿Ritos de carácter iniciático asociados a primitivas sociedades agrarias? ¿Conexiones con la tradición greco-latina? ¿Traslación del componente mítico y mágico a la tradición cristiana y posterior olvido? 

Las posibles respuestas a todas estas preguntas sobre el origen y evolución de estos ritos las hallaréis en la bibliografía que adjuntamos al final de la entrada. 

Os dejamos también dos vídeos suficientemente explicativos para que entendáis el alcance de ambas ceremonias. Miranda aportó su magnífico material videográfico, grabado por ella misma ¨in situ¨ que incluiremos en la entrada una vez obtengamos su permiso. 

El primero pertenece a una serie ya desaparecida de la televisión española sobre tradiciones, llamado ¨de año en año¨ que se rodó en el año 1987 con guión de Pilar Tavora. En él podréis seguir paso a paso el ritual soriano

El segundo es un documento sobre la impresionante celebración que se lleva a cabo en Langadá, una localidad al norte de Grecia, en la Macedonia oriental, donde se reproduce una dionisíaca danza sobre el fuego, de naturaleza casi orgiástica, que lleva asociado un sacrificio de sangre. Se grabó a finales de los años sesenta. Anastenaria. Un film de Basilis Maros

Una pregunta se nos quedó en el aire al final de la conferencia, que quizás podría haber dado lugar a un debate  sobre el presente y futuro de estas tradiciones:  En un mundo donde la ciencia y la técnica son las nuevas religiones, donde la experimentación de la realidad ocurre a través de un intermediario electrónico, donde las fronteras entre lo maquinal y lo humano tenderán a diluirse cada vez más…donde en definitiva, lo mágico no tiene cabida ¿seguiremos necesitando producir mitos y rituales? ¿Necesitaremos seguir conectados a estas antiguas formas de experimentación de la vida psíquica? ¿desaparecerán o seguirán adaptándose a los tiempos venideros?

Dejamos abierta una línea de debate que podéis empezar desde aquí con vuestros comentarios.  

Bibliografía: 

TERZOPOULOU, Miranda. Πυροβασία και χριστιανισμός: η νομιμοποίηση μιας ανταρσίας ,  στον τόμο «Η φωτιά πηγή ζωής, δύναμης και καθαρμού», σ. 57-71, Αθήνα 2013, έκδ. Μουσείου Ελληνικής Λαϊκής Τέχνης. 

Sobre la relación etimológica del nombre Soria y otros lugares donde se ha producido el paso del fuego:

 CHESLEY BAITY, Elizabeth. El nombre de Soria y los cultos al sol y a los astros. Revista Celtiberia n 28: 221-253. Soria, 1964.

Sobre las relaciones entre los rituales español y griego y su descripción:

 CHESLEY BAITY, Elizabeth. Los cultos del fuego de Soria (España) y Serria (Grecia). Celtiberia 31: 97-108. Soria, 1966

Sobre el origen de la palabra ¨Móndidas¨ y la descripción del ritual soriano:

CARO BAROJA, Julio. Ritos y mitos equívocos. Biblioteca de Estudios Críticos. Ed. Istmo. Madrid, 1974.

CARO BAROJA, Julio. La estación del amor (fiestas populares de mayo a San Juan). Ed. Taurus, 1983.

CARO BAROJA, Julio. El estío festivo (fiestas populares del verano) Ed. Taurus. Madrid, 1984.RUIZ VEGA, Antonio. La Soria Mágica: fiestas y tradiciones populares. Colección SAAS. Soria, 1985.

De carácter general sobre la pervivencia en la actualidad de ciertas tradiciones populares:

GARCíA VIANA, LUIS. El regreso de los lobos. La respuesta de las culturas populares a la era de la globalización. CSIC.Departamento de Antropología de España y América. Madrid, 2003.

 

Los libros que nos inspiraron una ruta (I). Campos de Castilla

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En el curso de rutas inéditas hemos viajado por lugares ocultos de la geografía española: seguimos la huella de los mudéjares en la arquitectura de Aragón, nos adentramos en los enigmas de la literatura aljamiada con los moriscos, rastreamos la presencia de la cultura hebrea en los pueblos del norte de Extremadura, quisimos saber de pasiegos, agotes, maragatos… Sin embargo, nunca nos habíamos adentrado en el alma de un poeta.

La historia de Antonio Machado  es la de estas gentes marginales, derrotados a quienes la Historia con mayúsculas quiso robar voz y memoria. Su alma, tiene la forma de un paisaje. Y es nuestra pasión por éste la que nos ha llevado a sus Campos de Castilla que, a pesar de ser un libro de versos dedicado a la pérdida: de un amor, de la juventud, de un país… es también uno de los mejores libros sobre paisajes que se han escrito nunca.  Quizás porque en su lectura nos ha transportado, con la luz cambiante del amanecer al ocaso, sobre el paisaje duro y sin concesiones de la tierra castellana, que el poeta describe como una extensión de su propia alma.

A este mundo de paisajes interiores hemos querido dedicarle la primera entrada en nuestro espacio sobre libros. Quizás en una de nuestras rutas futuras, salgamos con él debajo del brazo para acompañar al poeta en uno de sus paseos por las orillas del Duero, o en sus subidas a los alcores sorianos, para sentarnos a observar desde lo alto, tal como él hizo, el paisaje de nuestra propia vida.

de México al Ponto Euxino

por Akis Vasiliadis

Al escuchar lo que nos contaba Cristina de Garay sobre la fiesta de los Muertos en México, empecé a rastrear en mis orígenes pondios y a recordar aspectos de nuestra tradición que de alguna manera nos acercan a la del país azteca. Mis abuelos, aunque originarios de Estambul, nacieron en Trapisonda o Trebisonda, en la actual Trabzon turca, que está situada en la franja costera sur del Mar Negro.

mapa extraido del blog ¨la pasión griega¨

El pueblo pondio ha vivido tradicionalmente, en esta región que va desde la antigua Sínope a la Cólquide, donde las primeras colonias griegas se asentaron allá por el siglo VIII a. de C. por razones comerciales. Su nombre, ¨pondios¨, proviene de la denominación que le dieron al Mar Negro, primero Heródoto, quien lo llamó ¨Ponto Euxino¨ y más tarde Jenofonte, que hizo una descripción de estas tierras en su Anábasis. La historia nos dice que en el siglo III a de C. se fundó el Reino Helenístico del Ponto por la dinastía de Mitrídates.

Se ha hablado mucho de la trágica historia contemporánea de los pondios: Migraciones forzosas, expulsiones, etc. El caso es que tras los acuerdos de Lausana de 1924 entre Grecia y Turquía, tuvieron que dejar su tierra  y muchos recalaron en Macedonia. Otros, como mis abuelos, en diferentes lugares de la Grecia Continental, como Ellinikon o Súrmena (como la denominan los pondios) cerca de Atenas, donde yo he podido presenciar algunas de sus costumbres.

Así que estas gentes del Ponto Euxino hablaban (ποντιακά, pondiaká), una de las dos variantes o dialectos del griego en Asia Menor. De la misma forma que han mantenido la lengua, han conservado la tradición de los griegos antiguos en cuanto a la forma de honrar a sus muertos. Éstos, solían visitar las tumbas bajo la luna llena para ofrecer comida a sus difuntos. Los griegos del Ponto han mantenido esta antigua tradición y siguen visitando las tumbas después de Semana Santa. Según mis datos algunos honran a sus muertos el segundo día de Pascua ( es el caso de la aldea de Protohori, en Kozani) y otros el domingo de Santo Tomás, una semana después de la Pascua.

Aunque no he participado mucho en esa tradición recuerdo algunas de sus características. Por la mañana todos aquellos que proceden del Ponto van a la iglesia. Después hay un grupo que marcha hacia al cementerio vestido a la manera tradicional y la gente los sigue.

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Cuando llegan al cementerio los sacerdotes hacen un responso a los muertos y después todo el mundo va a las tumbas de sus antepasados, las limpian y ponen un mantel sobre ellas. Las tumbas se llenan de flores que han ido trayendo durante la Semana Santa. Sobre el mantel ponen comida y bebida y celebran un banquete como si estuvieran en su casa mientras entonan canciones tradicionales del Ponto. De esta manera recuerdan a sus muertos y les invitan a participar en su almuerzo, algo parecido a los que ocurre en la tradición mexicana.

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Más tarde, el pueblo regresa a sus casas para descansar y prepararse para las fiestas de la tradición de los muertos que continúan por la noche en la plaza mayor.

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Hay actos, canciones y danzas tradicionales de muchas asociaciones de pondios de nuestra región y también grupos de Macedonia que vienen aquí para la ocasión. El primer video muestra una de las canciones que cantan en los cementerios de Kalamaria, Salónica.

http://www.youtube.com/watch?v=rrXrczEFTMA

El segundo video muestra el almuerzo en el cementerio de Mesiano, Pella.

http://www.youtube.com/watch?v=JrfVydaVpBg

Tercer video. En nuestro cementerio, en Súrmena, la gente come sobre las tumbas.

http://www.youtube.com/watch?v=7-LqpV7qHB0 min 11:14-13:25

El cuarto video muestra las canciones sobre las tumbas. ( Municipio de Elliniko, Surmena)

http://www.youtube.com/watch?v=Q6VCnNFU_UE

El quinto video muestra las fiestas por la noche

http://www.youtube.com/watch?v=3cwxK0RZ0wg

de Catrinas y otras damas elegantes, con Cristina de Garay

Aprovechando que estamos en días de celebración y recuerdo de difuntos hicimos un inciso en nuestra ruta por Soria a través de los versos de Antonio Machado para recibir a  una invitada especial en nuestro curso de rutas inéditas: Cristina de Garay de López Masegosa, una joven y elegante dama mexicana de 94 años, que vino a compartir con nosotros sus conocimientos sobre la fiesta de los muertos, una celebración fuertemente arraigada en el alma mexicana.  La acompañaron su hija Cristina y Ioanna, nuestra compañera, quienes nos llevaron al país azteca improvisando en la clase un pequeño altarcito de muertos. Desde aquí queremos agradecerles su contribución a estas dos tardes inolvidables en las que aprendimos sobre la historia común de México y España .

Las Catrinas flanqueando la ofrenda de pan de muertos

Las Catrinas flanqueando la ofrenda de pan de muertos

detalle del pan de muertos

detalle del pan de muertos

Vinieron principalmente a hablarnos de los orígenes precolombinos de la fiesta y de su evolución al entrar en contacto con otra cultura que ha mantenido desde siglos una estrecha relación con la muerte: la española. De ambos mundos surge la actual fiesta de los muertos que se celebra en México y que en España es conocida como día de Todos los Santos y día de los Fieles Difuntos, los días 1 y 2 de noviembre.

Catrina rivera

Fragmento del mural ¨Sueño de una tarde dominical en la Alameda ¨ de Diego Rivera, donde el artista se representa a sí mismo como un niño cogido de la mano de la muerte o ¨Catrina¨. Detrás Frida Kahlo y a la derecha José Guadalupe Posada, su creador, a quien también lleva de la mano.

Desde Mictecacíhuatl, la Dama de los Muertos azteca,  a las damas elegantes de José Guadalupe Posada y Diego Rivera ¨Las Catrinas¨, nos fuimos a la amada española  de Federico García Lorca, quien afirmaba en su ¨duende¨que ¨un muerto en España está más vivo como muerto que en ningún sitio del mundo…¨, aunque más tarde reconocía ¨En el mundo, solamente México puede cogerse de la mano con mi país¨. Para demostrarlo Cristina nos contaba que muchos mexicanos pasan la noche en el cementerio, donde preparan un maravilloso altar decorado con los símbolos de la vida y de la muerte, aportación de las creencias azteca y cristiana. Allí festejan junto al difunto y lo agasajan con los manjares que más le gustaban en vida, devolviéndolo a la vida por una noche. No es extraño entonces, -nos decía-, que cuando uno entra en un cementerio mexicano le pregunten: ¿Y usted, a quién acompaña?

Imagen nocturna de un cementerio mexicano en el día de los Muertos

Del Lorca enamorado de la muerte española no fuimos al gran Octavio Paz, que nos dio pie para hablar del significado ritual de la celebración mexicana, en contraposición con la falta de significación de la muerte moderna. Cosas de pobres, no de ricos, como afirma en su libro El laberinto de la soledad, un libro clave para entender la esencia del alma mexicana. ¨Nuestra pobreza puede medirse por el número y suntuosidad de las fiestas populares. Los países ricos tienen pocas: no hay tiempo, ni humor ¨. Bendita pobreza y bendito humor, porque de chistes sobre la muerte sabemos mucho ambas culturas. 

Nos da un ejemplo de ello José Guadalupe Posada, este revoltoso y magnífico ilustrador mexicano que le puso cara a la Catrina, en su Rebumbio de calaveras de 1904:

Quien quiera gozar de veras
y divertirse un ratón,
venga con las calaveras
a gozar en el panteón.
 
Hay hermosas garbanceras,
de corsé y alto tacón,
pero han de ser calaveras,
Calaveras del montón.
 
Pero no quiero olvidar
a las lindas Margaritas,
tan amantes de bailar,
y a quienes gusta ostentar,
porque se creen muy bonitas,
la muerte les ha de herir,
sin mirar su presunción,
y aunque se van a afligir,
yo les tengo que decir
Calaveras del montón.
 
 
 
 
 
 
 

Aunque se nos fue gran parte del tiempo en estas asociaciones entre lo mexicano y lo español, no pudimos evitar interesarnos por otros aspectos de una vida tan rica en experiencias. De la mano de Cristina hicimos un breve recorrido por su biografía. El colegio de monjas en Quebec, donde la mandaron a estudiar francés. Sus años universitarios, en los que no era fácil para una mujer ser estudiante – Recuerdo que a la dificultad de afrontar un examen oral ante un tribunal de hombres que me miraban como un bicho raro, hubo que añadirle los gritos de los alumnos que se encontraban allí. ¨!A ver qué sabe la Leona!¨ , me gritaban-. Su llegada al París efervescente de Picasso, Breton y Cocteau para estudiar Ciencias Políticas y Sociales en la Sorbona. 

La vuelta a la Ciudad de México, los estudios de Antropología y su relación con las profesoras españolas en el Instituto Francés. A través de ellas traba conocimiento con los exiliados de la República Española¨…gente de mucho valor intelectual¨, visita el edificio Río de Janeiro donde viven refugiados y conoce a algunas personalidades ¨…recuerdo a las hermanas del Presidente Azaña que tuvieron que ponerse a coser para poder sobrevivir¨. Aquí tenían lugar largas tertulias sobre los acontecimientos de la guerra y se evocaba el regreso a una España a la que muchos de ellos no volverían nunca. En aquel tiempo conoce a Julio López Masegosa,  secretario del Presidente de la República Española en el exilio, Juan Negrín, con quien se casaría más tarde.

Todo esto nos dejó Cristina de Garay, memoria viva de una historia compartida por nuestras dos naciones. Y algo más, un anhelo en nuestras almas viajeras… El de cruzar el charco algún día no muy lejano y llevar nuestras rutas hacia ese país al que nos unen tantas pequeñas y grandes historias.

Al final nos comimos a los muertos en forma de pan, alimentando así ¨…la voracidad de la vida, siempre insatisfecha¨ como dice Octavio Paz y acabamos brindando por ellos y por nosotros.

Os dejamos con un fragmento del ¨Sueño de la muerte¨ de Francisco de Quevedo, quien recibió la visita de una elegante dama que, por lo que describe, debía tener un aspecto muy parecido al de la ¨Catrina¨ mexicana. Que lo disfrutéis.

¨En esto entró una que parecía mujer, muy galana y llena de coronas, cetros, hoces, abarcas, chapines, tiaras, caperuzas, mitras, monteras, brocados, pellejos, seda, oro, garrotes, diamantes, serones, perlas y guijarros. Un ojo abierto y otro cerrado, vestida y desnuda de todas colores; por el un lado era moza y por el otro era vieja; unas veces venía despacio y otras aprisa; parecía que estaba lejos y estaba cerca, y cuando pensé que empezaba a entrar estaba ya a mi cabecera. Yo me quedé como hombre que le preguntan qué es cosi y cosa, viendo tan extraño ajuar y tan desbaratada compostura. No me espantó; suspendióme, y no sin risa, porque bien mirado era figura donosa. Preguntéle quién era y díjome:
-La Muerte.
-¿La Muerte?
Quedé pasmado, y apenas abrigué en el corazón algún aliento para respirar, y muy torpe de lengua, dando trasijos con las razones, la dije:
-¿Pues a qué vienes?
-Por ti -dijo.
-¡Jesús mil veces! Muérome, según eso.
-No te mueres-dijo ella-. Vivo has de venir conmigo a hacer una visita a los difunctos, que pues han venido tantos muertos a los vivos, razón será que vaya un vivo a los muertos y que los muertos sean oídos. ¿Has oído decir que yo ejecuto sin embargo? Alto; ven conmigo.
Perdido de miedo le dije:
-¿No me dejarás vestir?
-No es menester -respondió-, que conmigo nadie va vestido, ni soy embarazosa. Yo traigo los trastos de todos, porque vayan más ligeros. Fui con ella donde me guiaba, que no sabré decir por dónde, según iba poseído del espanto. En el camino la dije:

-Yo no veo señas de la muerte, porque a ella nos la pintan unos huesos descarnados con su guadaña. 

Paróse y respondió:

-Eso no es la muerte, sino los muertos o lo que queda de los vivos. Esos huesos son el dibujo sobre que se labra el cuerpo del hombre; la muerte no la conocéis, y sois vosotros mismos vuestra muerte, tiene la cara de cada uno de vosotros y todos sois muertes de vosotros mismos; la calavera es el muerto y la cara es la muerte y lo que llamáis morir es acabar de morir y lo que llamáis nacer es empezar a morir y lo que llamáis vivir es morir viviendo, y los huesos es lo que de vosotros deja la muerte y lo que le sobra a la sepultura. Si esto entendiérades así, cada uno de vosotros estuviera mirando en sí su muerte cada día y la ajena en el otro, y viérades que todas vuestras casas están llenas della y que en vuestro lugar hay tantas muertes como personas, y no la estuviérades aguardando, sino acompañándola y disponiéndola. Pensáis que es huesos la muerte y que hasta que veáis venir la calavera y la guadaña no hay muerte para vosotros, y primero sois calavera y huesos que creáis que lo podéis ser¨

Vídeo: día de muertos en México