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La Endiablada de Almonacid del Marquesado

Por Elmira Myresioti-Aliberti

El día 1 de febrero, en el pequeño pueblo de Almonacid del Marquesado, en La Mancha de Cuenca, empieza el primer acto de una fiesta tan antigua que hunde sus raíces en la época celtibérica y, pasando por las épocas romana y medieval, llega hasta nuestros días. Se trata de una celebración de cuatro días de duración (hasta el 4 de febrero) en honor a la Virgen  de la Candelaria y San Blas, también conocida como La Endiablada.

Los orígenes

Para explicar la conexión entre  la Endiablada y nuestro interés por los ciclos festivos, tenemos que referirnos como siempre a sus orígenes. En el mundo celta, el día 1 de febrero se celebraba la festividad de Imbolc en honor a la santa Brigida o Briganti, en la que se representaba el sol primaveral que renace después del invierno, y el fuego sagrado que purificaba la tierra, además de proteger a los rebaños. Es importante notar que esta fiesta está situada en el calendario a medio camino entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera. En la época romana, las fiestas “purificatorias” o Lupercales, se celebraban en honor a Fauno Luperco el día 15 de febrero y el propio mes debe su nombre a estas festividades en las que se celebraba la februa (=purificación). Son estas fiestas de origen pagano las que el Papa Gelasio, en el 496 d.C., asimiló al culto cristiano, primero en forma de letanías y más tarde en la liturgia de la Purificación de la Virgen de la Candelaria.

De esta manera llegamos a la asociación de la Virgen de la Candelaria con la Endiablada de Almonacid del Marquesado. En el calendario litúrgico, cada 2 de febrero, exactamente cuarenta días después del 25 de diciembre –día que se fijó como fecha de nacimiento de Jesucristo en tiempos de San Ambrosio– se celebra la presentación del niño Jesús en el templo de Jerusalén, justo cuando la Virgen María cumplía la cuarentena prescrita por la ley judaica que permitía a aquellas mujeres que habían sido madres, acceder de nuevo al templo tras el periodo de purificación. Una de las opiniones que prevalecen al respecto de los orígenes de la Endiablada afirma que es exactamente a este episodio de la vida de la Virgen al que se refiere la fiesta. Dice la tradición que la Virgen, avergonzada por el hecho de no haber conocido varón, se sintió observada por la gente y entonces unos pastores aparecieron para ayudarla. Vestidos como “diablos”, los pastores empezaron a danzar y a hacer sonar unos ruidosos cencerros, atrayendo así la atención de la gente y permitiendo a la Virgen entrar en el templo sin que nadie se enterara.

Deberíamos aquí recordar un documental que nos ofreció la oportunidad de compartir una mirada muy especial sobre la fiesta de la Endiablada. Se trata del documental que grabaron en 1964, el antropólogo Julio Caro Baroja y su hermano, el guionista y director de cine y de televisión, Pío Caro Baroja, y que formaba parte de una serie titulada “Para conocer España. El año del Pueblo”. La serie se filmó en el marco de una coproducción entre la productora de los hermanos Caro Baroja llamada “Documentales Folklóricos de España” y el NO-DO. La primera escena del documental la describe perfectamente Pío Caro Baroja en su libro autobiográfico: “Recuerdos de un documentalista – Historias de la vieja querida”. El documentalista narra que las primeras imágenes que encontraron entrando en Almonacid del Marquesado fueron las de un molino abandonado entre unos chopos y un montículo sobre el que habían puesto una gran cruz de madera de la que colgaban unas serpientes, debajo de las cuales se encontraban colocados restos de alimañas. Los hermanos sacaron allí una foto y eligieron esta feroz imagen como presentación de su documental. Nada más comenzar el documental, esta imagen de la cruz, hace que el espectador perciba la presencia de la muerte simbólica junto con un elemento pagano. Y es precisamente por causa de este elemento pagano por lo que, según los hermanos Caro Baroja, los representantes de la iglesia en el pueblo han sido siempre muy críticos hacia la fiesta.

La sensación general que provoca en el espectador el documental de los hermanos Caro Baroja es que se trata de una fiesta extremadamente íntima para sus participantes, quienes dedican a sus actos su más profunda piedad y devoción junto al mayor esfuerzo físico y mental. Rodado en 1964, nos muestra la imagen de una España muy alejada de la actual: rostros milenarios, casas de uniforme blancura, calles sin pavimentar por las que transitan animales de carga.. El carácter profundamente ancestral de la  vida.  Podríamos también decir que los elementos más destacables que predominan en el documental –y que más adelante se explicarán– son el hecho que todos los participantes en la Endiablada son varones, la indumentaria llamativa de los diablos, su caminar pausado para provocar el sonido incontrolable de los pesados cencerros que llevan atados a la cintura, y finalmente, sus danzas e impresionantes saltos, que tienen lugar dentro de la iglesia.

EL PUEBLO

Julio Caro Baroja, en su estudio titulado “Los “diablos” de Almonacid del Marquesado”, publicado en 1965 en la Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, describe este municipio de la provincia de Cuenca en que se encuentra a unos 115km de Madrid, como “un viejo pueblo castellano, con casas de piedra y yeso, blanqueadas en su mayor parte y con un sabor entre manchego y alcarreño”. El antropólogo hace notar también que cuando en 1964 él y su hermano Pío visitaron Almonacid con el propósito de grabar el documental, el pueblo contaba con unos 900 habitantes y sufría ya los efectos de la emigración provocada por la evolución de la maquinaria agrícola. Julio Caro Baroja menciona además, que el pueblo vivía de su producción agrícola y ganadera. Sin embargo, la frase con la que el famoso antropólogo crea la imagen más viva de Almonacid del Marquesado es la siguiente: “Los portones de los corrales mismos nos hacen pensar, al punto de verlos, en la salida de Don Quijote.”

Hoy en día Almonacid del Marquesado cuenta con 468 habitantes y su población ha “envejecido”, por falta de nacimientos, hecho que demuestra el poder de la corriente migratoria hacia las grandes ciudades. Aunque la agricultura ya no es el medio principal de vida para los habitantes del municipio, la mayoría de las familias poseen tierras de labor. La ganadería, que antes constituía uno de los medios de vida tradicionales del pueblo, actualmente está completamente abandonada. El paisaje tradicional también ha cambiado. Aquellas casas de piedra encaladas del documental, si no se han venido abajo han sido reformadas con materiales más modernos pero de dudoso gusto.

Prevalecen dos versiones sobre las muchas que hacen referencia al nombre de Almonacid. La primera indica que procede de la palabra latina monasterium unida al artículo árabe al que resulta dando el nombre “al-monastir” que significa “el monasterio”. Considerando que no se conoce el tipo de monasterio estaba ubicado allí, dado que no hay documentos anteriores al siglo XIII sobre la historia del lugar, se supone que se debe a algún monasterio cristiano previo a la invasión árabe. La segunda deriva de la unión de las palabras árabes almunia que significa huerta y Sidi que significa “del Señor”. En relación con el topónimo “del Marquesado”, la denominación fue añadida cuando en 1305, la villa de Alarcón a la que pertenecía Almonacid, abandonó su condición de realengo y el pueblo pasó a ser posesión de los marqueses de Villena. Aunque el marquesado dejó de existir, la denominación se mantuvo hasta la actualidad.

SAN BLAS

San Blas, conocido ampliamente como curador de los males de garganta, pero también como protector de los animales, y a quien Julio Caro Baroja asocia con el santo Agios Vlasios que la Iglesia ortodoxa griega celebra cada 11 de febrero, es el santo patrón de Almonacid –junto al Santísimo Cristo de los Milagros– y la fiesta en su honor y en honor de la Virgen Candelaria es la más importante que se celebra en el pueblo. Es también muy interesante observar que aunque la fiesta tenga lugar en mitad del invierno, es la que atrae a más gente y cuenta siempre con la mayor participación de personas criadas en el pueblo que hoy no viven allí y que junto con sus descendientes, vuelven cada año para la Endiablada.  Asimismo es interesante observar la diferencia entre el carácter profundamente íntimo de la fiesta reflejado en el documental de los hermanos Caro Baroja, propio de una sociedad rural aislada, y el actual, más propio de una sociedad desacralizada en el que predomina el elemento socio-cultural sobre el religioso.

La relación entre el santo y el pueblo, y por consecuencia su relación con la Endiablada, tiene su propia historia, o leyenda, según la cual se explican los actos de la fiesta. Se dice que durante la Edad Media, en un paraje llamado Los Majanares, situado entre Almonacid y Puerta de Almenara, un pastor encontró enterrada una imagen de San Blas. El descubrimiento acabó en una disputa entre ambos pueblos por la propiedad de la imagen, la cual se solucionó con un hecho que fue interpretado como milagroso: Aunque los habitantes de Puerta de Almenara intentaban mover la imagen usando una pareja de bueyes, aquella se quedaba inmóvil, mientras que los pastores de Almonacid lograron trasladarla al pueblo usando solamente unas escuálidas mulillas. Los pastores de Almonacid empezaron entonces a hacer sonar los cencerros de sus ganados para expresar su alegría y limpiaron la imagen del santo de la tierra que la cubría usando el único remedio que tenían a mano, el aguardiente. En esta leyenda se basan las celebraciones que tienen lugar hasta hoy día, cada 3 de febrero, el día de San Blas.

LOS PERSONAJES Y LA FIESTA

Los diablos

La hermandad de los Diablos, también llamada “la Endiablada” (no confundir con la hermandad de San Blas), es una corporación religiosa dedicada a la Virgen Candelaria y San Blas. A la hermandad pueden pertenecer solamente varones habitantes de Almonacid, sus descedientes y los que se han casado con una mujer almonaceña.

Diablo de San Blas. foto: Cristina García Rodero (1974)

El diablo más antiguo -no se trata del más viejo sino del que más años pertenece en la hermandad- se llama “Diablo Mayor”, representa la autoridad dentro de la Endiablada, y es él quien autoriza la entrada de cada nuevo miembro y vigila el comportamiento de todos los diablos.

Diablo Mayor. Fuente: http://www.laendiablada.com

El elemento que quizás caracteriza más a la fiesta de San Blas y la Candelaria en Almonacid es la indumentaria de los diablos. Su traje, siempre hecho a mano, es de colores y estampados muy llamativos y el gorro que llevan para las festividades de la Candelaria, y que después reemplazan por una mitra de obispo para San Blas, es una pieza cilíndrica cubierta de flores. Sin embargo, los atributos que atraen más atención son los pesados cencerros que portan los diablos, en conjuntos de dos, tres o cuatro, ligados a una especie de cinturón atado a la cintura. Finalmente, su indumentaria se complementa con una “porra”. Se trata de un palo que lleva pegada en su extremo la figura de una cabeza monstruosa.

Foto: Enrique Cuesta. Fuente: http://www.la endiablada.com

Foto: Enrique Cuesta. Fuente: http://www.la endiablada.com

Sin embargo, hay que notar que antiguamente la indumentaria de los diablos solía ser mucho más espantosa, hecha de pieles de animales y con lagartos y serpientes pintados en las telas. El aspecto de la Endiablada era mucho más “feroz” -los diablos llevaban caretas monstruosas también- y mucho menos uniforme.

Endiablada

Las danzantas

Las danzantas son un grupo de danza formado por 10 mujeres; 8 danzantas, una “palillera” encargada de portar los palos que el grupo utiliza y una “alcaldesa” que encabeza el grupo en sus danzas. Hasta los años ’80, el grupo estaba formado únicamente por danzantes varones. Ya  desde los años ’60 comenzaba a darse la deconstrucción del cuerpo de danza –hecho que también se nota por la ausencia de los danzantes en el documental de los hermanos Caro Baroja–. Fnalmente en 1981 las mujeres se hicieron cargo del mismoeniendo sin embargo, dos varones para los papeles del “alcalde” y del “palillero” hasta 2012, de cuyos papeles empezaron a ocuparse las mujeres.

Foto: Enrique Cuesta. Fuente: http://www.la endiablada.com

La participación del cuerpo de danzantas en las festividades de la Candelaria y San Blas consiste en recitar dichos, o poemas a la Candelaria y San Blas tras la misa y en ejecutar diferentes coreografías cuidadosamente ensayadas. Sus dichos tienen una temática variada, pueden ser escritos por la propia danzanta o por otras personas con habilidades poéticas y en general suelen emocionar mucho a los habitantes del pueblo. Las danzas son también de ritmos variados y pueden ser acompañadas por golpes de castañuelas. Se dice que estas danzas pueden tener un origen celtibérico  relacionado también con las “danzas de espadas” de los vascos.

La indumentaria típica de las danzantas consiste en falda de colores emparejados, enaguas, medias, mandil negro, alpargatas blancas y pañoleta blanca para el día de la Candelaria y negra para San Blas. Sobre las medias llevan cintas rojas cruzadas y sobre el hombro llevan cintas multicolores.

Los actos

 Día 1 de febrero

El día 1 de febrero, día de San Ignacio, los diablos se reúnen a las 8 de la tarde en la casa del Diablo Mayor y, acompañados por las danzantas, se dirigen hacia la casa del alcalde, sin dejar de hacer sonar sus cencerros, con el objeto de pedirle el permiso para empezar la fiesta. Más tarde se dirigen al atrio de la iglesia donde rezan por las almas de los diablos difuntos y después recorren el pueblo haciendo sonar sus cencerros. Este sonido llenará cada día y casi sin interrupción hasta la tarde del tercer día, las calles del pueblo.

Día 2 de febrero

El segundo día, el día dedicado a la Virgen de la Candelaria, los diablos se juntan en la casa del Diablo Mayor a las 8 de la mañana y después visitan a la Madrina mayor de la Virgen para recoger una torta de mazapán que se sorteará después de la fiesta. La torta se pasea por todo el pueblo y es llevada por un grupo de diablos que va de puerta en puerta recogiendo dulces. Este recorrido termina con la llegada de los diablos a la iglesia donde comienza la procesión a mediodía.

Foto: Enrique Cuesta. fuente: http://www.laendiablada.com

La procesión se encabeza por el estandarte de la hermandad de la Virgen y siguen los diablos danzando y saltando delante de la imagen de la Virgen dando vítores en los que ponen todo su alma y esfuerzo. A la procesión acompañan también las autoridades, el párroco y las danzantas. Las danzantas también cumplen con sus danzas y vítores a la Virgen.

Procesión de La Candelaria

Después de la procesión es la hora de la misa y justo cuando esta termina, los diablos dejan el protagonismo a las danzantas quienes llevan cada una una pieza de arado a la que dedican un verso de carácter religioso. Luego las danzantas empiezan a dedicar sus “dichos” a la Virgen y toda la gente presente se conmueve enormemente con sus palabras poéticas. Cada dicho termina con un  poderoso viva por parte del pueblo.

Más tarde, después de comer y descansar, los diablos que ya no llevan su tocado de flores sino la mitra episcopal en honor de San Blas, se dirigen primero al cementerio para recordar a los difuntos y a continuación a la iglesia portando cada uno una vela. Cuando llegan a la iglesia, el Diablo Mayor lava  la imagen de San Blas usando un paño mojado en aguardiente y la adorna con las cintas y los exvotos de los fieles. Durante todo este proceso, los diablos siguen danzando ante el santo hasta el momento en que el Diablo Mayor profiere los vítores que una vez más emocionan a la hermandad y la gente presente.

Lavado de la cara de San Blas con aguardiente. Fuente: http://www.laendiablada.com

El día termina con una reunión de los diablos en la plaza del pueblo, siempre después de una vuelta por las calles para hacer sonar los cencerros, donde empiezan de nuevo a danzar y escuchar los vítores del Diablo Mayor.

Día 3 de febrero

El día de San Blas empieza, igual que el día anterior, con los diablos reunidos en la casa del Diablo Mayor. A continuación, hacen un recorrido por el pueblo llamando a cada puerta para recoger dinero para la hermandad. El recorrido termina poco antes del mediodía cuando los diablos danzan brevemente dentro de la iglesia antes de la procesión en honor a San Blas. La procesión en si misma es casi igual a la de la Virgen. Las únicas diferencias son las mitras que portan los diablos y el hecho de que el público, no solo está formado por habitantes del pueblo, sino también por visitantes de pueblos vecinos y de otras partes de España y aún del extranjero, cuya presencia es todavía mayor que la del día anterior.

 

2013 - Procesión San blas

Igual que el día 2, después del descanso, alrededor de las 5 de la tarde, los diablos dan una vuelta por el pueblo y después se reúnen en la plaza para danzar y dar vítores.

A las 8 de la tarde llega el momento de dar una última vuelta por las calles y luego, acompañados por los vecinos, los diablos vuelven a reunirse en la plaza una última vez ,donde rodean al Diablo Mayor sin cesar de danzar. Él intentará hacerlos parar elevando y moviendo su porra y cuando lo logre empezará a proferir varios vítores. El fin llega tras el “Hasta el año que viene, si Dios quiere” del Diablo Mayor y los diablos continúan con sus danzas hasta quedarse sin fuerzas para continuar.

Día 4 de febrero

El día 4 de febrero es el “San Blasillo” y también se considera festivo. Por la mañana, las danzantas recorren el pueblo danzando, pero esta vez sin usar castañuelas sino palos que golpean unas contra otras durante sus danzas y que ofrecen a los vecinos a cambio de dinero. Por la tarde, los diablos se reúnen sin llevar su indumentaria, para cenar todos juntos e intercambiar las experiencias que vivieron durante las festividades. La cena es elaborada por los diablos y suele consistir en oveja frita con ajos.

Día 5 de febrero

El 5 de febrero, denominado también como día de “el nieto”, los diablos se reúnen una vez más para comer. Volverán a comer juntos el día 15 de agosto.

Para concluir nuestro enfoque sobre las festividades en honor de la Virgen Candelaria y San Blas en Almonacid del Marquesado,  se ha basado en el origen pagano de la fiesta, su permanencia a lo largo de los siglos y por supuesto, la piedad y la devoción que caracterizan a los habitantes de Almonacid del Marquesado que ya en 1964 impresionaron a Julio y Pío Caro Baroja y hoy siguen impresionando a visitantes de todas partes de España y del extranjero.

FUENTES

Abad Gonzalez, L. (2006) El patrimonio cultural como factor de desarrollo. Estudios multidisciplinares. Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla – La Mancha, pp. 25-30

Caro Baroja, J. (1965) “Los “diablos” de Almonacid del Marquesado”, Revista de dialectología y tradiciones populares. 21 (1), (2), Madrid, pp. 40-62.

Caro Baroja, P. (2002) Recuerdos de un documentalista – Historias de la vieja querida.: Ed. Pamiela. 2012

 ENLACES

http://www.laendiablada.com/

Con la boca abierta. Cristina García Rodero

 

 

El rey haba (The bean King). Jacob Jordaens. 1638. Museo L´Hermitage

El rey de la faba

Jacob Jordaens “El rey haba”. 1638. Museo del Hermitage. San Petersburgo.

Por Mina Dafnomili

“Infanzones, fijosdalgos, esforzados caballeros, bellas damas, doncellas de rostro hechicero… !oid!, ¡oid!, ¡oid!..” Con esta frase se iniciael 5 de enero una nueva edición de la recreación de una ceremonia antiquísima:  La coronación del Rey o Reina de la Faba. Una ceremonia que nos retrotrae  unos cuantos siglos atrás hasta las más puras esencias del Reino de Navarra.

El pasado

Tras siglos del paso de reyes y dinastías, llegaron al trono de Navarra los Teobaldos,  procedentes de la casa de Champaña, en Francia. Hasta ese momento los monarcas navarros habían sido hombres rudos, peleones, guerreros;  y con los afrancesados Teobaldos llegaron al Reino de Navarra las posturas elegantes, los comportamientos refinados, las buenas maneras, las ceremonias y castillos señoriales como el de Olite.

Antiguo palacio de los Teobaldos en la localidad navarra de Olite

Antiguo palacio de los Teobaldos en la localidad navarra de Olite (fuente: viajeblogevasión)

Entre las costumbres que trajeron hubo una especialmente curiosa; era una costumbre impregnada de humanidad: El Rey de la Faba, instituida en el siglo XIII por Teobaldo I, primer rey de la dinastía  de Champaña. No hay que olvidar que este  monarca, a diferencia de su antecesor Sancho el Fuerte y de cuantos le precedieron en el trono, tenía más dotes de poeta que de guerrero.

Un día al año, el día de Reyes, que solía ser siempre el 5 de enero, víspera de la Epifanía, los reyes de Navarra invitaban a una gran fiesta a los niños más pobres de la localidad que en ese momento fuera designada como sede real. Ese día  los niños comían como nunca lo habían hecho, ni tan siquiera soñado. Al finalizar la comida el cocinero real ponía sobre la mesa una gran torta, cortada en tantos trozos como niños invitados había. Era una tarta que en su interior ocultaba un haba. Hecha la partición, cada niño cogía un trozo sabiendo que, como mínimo, iba a llenar bien su estómago. Finalmente solo uno acababa siendo el afortunado, aquel que mostraba el haba. Y aquél niño era, a partir de ese momento, merecedor de todo tipo de honores y caridades, siendo ataviado al día siguiente, 6 de enero, con los atributos de la realeza. A veces, también se ponía no una, sino varias habas, y entonces al que le tocaba la primera se le llamaba “rey”; al que le tocaba otra, “infante”, y a la muchacha que le tocara la tercera se la denominaba “reina”, pues generalmente  no se ponían más de tres.

Las más famosas celebraciones de esta fiesta fueron las de Estella en 1381, de Sangüesa en 1413, Tudela en 1423, Tafalla en 1424 y Pamplona en 1439. Pero es la ciudad de Olite  la que  se distinguió  como sede habitual de esta ceremonia conocida en la documentación con el nombre de “el petit Rey”.

Según Caro Baroja, el “Diccionario de antigüedades del reino de Navarra” de Yanguas y Miranda, hace referencia a que en el año 1361, había sido elegido rey “Juanito Ovitos” hijo del barbero del monarca  auténtico, quien siguiendo la costumbre tradicional, asignó a Ovitos una pensión vitalicia. En aquellos años la corte real pagó notables sueldos por la lujosa indumentaria del chico Rey de la Faba. En el año 1422, en Olite,  entre  los  personajes que asistieron al banquete de coronación del Rey de la Faba, estaban el abad de Irache, el embajador del Delfín de Francia, la hija bastarda del Rey, tres pobres y el personal habitual de la corte del monarca.

Palacio Real de Olite. Navarra. Fuente: www,castillodeolite.net

Y es así como, año tras año, vemos que esta fiesta se celebra por la  Epifanía principalmente  en Olite, residencia  preferida de los reyes de Navarra y en otras localidades como Marcilla y Pamplona. En Aoíz, como describe Caro Baroja, hasta hace muy poco, después de cenar el día de la víspera de la Epifanía se “echaba el reinau”, y así  el rey no se elegía por medio de un pastel con un haba dentro, sino repartiéndose la baraja y tocándole el cargo al que recibía el as de oros.

Esta curiosa tradición pervivió en Navarra desde el siglo XIV hasta bien avanzado el siglo XV y dejó de practicarse cuando Navarra pasó a la Corona de Castilla. Posteriormente, el pueblo siguió manteniendo la costumbre de nombrar un Rey de la Faba  de carácter mucho más popular. Cada elección anual venía acompañada de gran alboroto en la calle. Hasta el año 1765, en que se prohibe su celebración a través de un  decreto real, dictado por el Real y Supremo Consejo del Reino argumentando que se venían cometiendo abundantes excesos a cuenta de esta tradición. Esta resolución no consiguió hacer desaparecer la costumbre dentro de las casas, en el seno de cada familia; es evidente que estamos ante una fiesta especialmente arraigada en la sociedad navarra. Y hay que decir que sus rescoldos nunca se apagaron. La fiesta palaciega fue restaurada en los años treinta del siglo XX por Ignacio Baleztena, fundador en 1931 de la peña Muthiko Alaiak, que a partir de la década siguiente continuó celebrándola en sus locales eligiendo rey a un niño asilado en la Casa de Misericordia. En 1964 adquirió su carácter itinerante actual, celebrándose alternativamente en distintos lugares donde residió la Corte de Navarra.

La fiesta actual, entrelaza el rito del Rey de la Faba con toda la parafernalia de una coronación real medieval y ya no tiene una fecha concreta fija de celebración, que queda al arbitrio de los organizadores. De todos modos, la noche de la víspera de la festividad de los Reyes Magos, se siguen degustando los famosos roscos de reyes en los que los niños buscan una “faba” o cualquier otra figurita sustitutiva de la misma. Estos roscos suelen traer una corona de cartón para que aquel que encuentre la “faba” sea coronado. Es la forma actual de mantener esta vieja tradición medieval dentro de cada hogar navarro.

Dos tradiciones superpuestas: una, pagana; otra, cristiana

El delicioso Roscón de Reyes con sus frutas confitadas, la corona de papel, el haba y la sorpresa es una tradición antiquísima. Ya estaba presente en las Saturnalias romanas, unas fiestas paganas en honor al dios Saturno inmensamente populares que  tenían lugar a mediados de Diciembre coincidiendo con el solsticio de invierno. Durante esos días, nadie trabajaba, patricios, plebeyos y esclavos intercambiaban regalos, comían hasta el hartazgo y bebían todavía más. En aquellos rituales se  ofrecía una torta redonda con higos, dátiles y miel, en cuyo interior  se colocaba un haba (símbolo del sol y de la fertilidad, el haba, plantada al comenzar el invierno venía a ser una promesa de cosecha en primavera) que transformaba a quien la encontraba en rey coronado de la fiesta.

Pero también en las fiestas en honor a Jano, el dios de las dos caras, una de anciano que mira hacia atrás y otra de joven que mira al futuro, simbolizando el nuevo año que comienza. Era el dios de las puertas y también llamado dios de los pasteles. Ianuarius es el mes dedicado a Jano. En el primer día de cada mes se celebraban las Calendas. Su templo tenía doce puertas correspondientes a cada uno de los meses del año. Las puertas permanecían abiertas durante los tiempos de guerra y cerradas cuando la paz reinaba en el Imperio. Todo romano que deseaba emprender con buen pie un negocio o finalizar con éxito una empresa, acudía a rendir culto al dios Jano. El  primer día del mes, los romanos ofrecían a Jano, una torta de pan hecha de harina previamente amasada  con sal y vino y se acostumbraba a regalar ramos de olivo y laurel, procedentes del bosque sagrado de Estrenia, la diosa de la salud, y también dulces como símbolo de buena suerte, para mitigar el sabor amargo de algunos trances de la vida. Este día estaba dedicado al perdón y a los sentimientos de amistad. Los cónsules tomaban posesión de su cargo el primero de Enero y hacían sus ofrendas por la prosperidad de la nación en un ritual religioso en el Capitolio.

En ambas ceremonias en honor a dioses y fuerzas de la naturaleza, destinadas a garantizar la bondad del ciclo agrícola anual, evitar enfermedades en los ganados o asegurar la fecundidad femenina  podríamos encontrar los orígenes del Roscón de Reyes.

Una vez cristianizado el imperio, la Iglesia, dispuesta a acabar con todo lo que sonase a pagano, hizo coincidir la fecha del nacimiento de Cristo con el solsticio de invierno celebrado por los romanos; y de esa manera  trató de convertir esta tradición de vicio y perversión en una festividad cristiana. Se consiguió el propósito más o menos, aunque las comilonas, la abundancia de alcohol, los regalos y el roscón de las Saturnalias pervivieron para demostrar que tradiciones bien arraigadas pueden adaptarse a cambios muy radicales.

Parece ser que fue hacia la mitad del siglo XVIII cuando en España se generalizó esa costumbre: la tradición  del rosco quedó como culminación de las fiestas de Navidad, manteniendo el simbolismo propio del círculo – expresión de perfección y de indivisión- y del haba –signo de fecundidad y vida elemental; más tarde se introdujo el refinado matiz de cubrirlo de frutas escarchadas, sin faltar la sorpresa en su interior.

El mismo siglo XVIII, un cocinero francés, con ganas de contentar al pequeño Luis XV, introdujo como sorpresa en el roscón una moneda de oro (algunas fuentes indicaban que era un medallón de oro y rubíes). A partir de ese momento, en el Roscón de Reyes se han entremezclado dos tipos de sorpresas: una, positiva, representada por una moneda o una figurita (de la Virgen Y San José); otra, negativa, singularizada en el haba. Quien en su trozo encuentra la moneda o figura, será coronado  como rey de la casa; y a quien le toque el haba, tendrá que pagar el roscón. Costumbres que se alejan ya del espíritu original.

En algunas regiones de España es tradición que a la hora de presentar el Roscón, en la mesa se recite el siguiente poema:

He aquí el Roscón de Reyes
tradición de un gran banquete,
en el cual  hay dos sorpresas
para los que tengan suerte.
 
En él hay, muy bien ocultas,
un haba y una figura;
el que lo vaya a cortar
hágalo sin travesura.
 
Quién en la boca se encuentre
una cosa un tanto dura ,
a lo peor es el haba
o a lo mejor la figura.
Si es el haba lo encontrado
este postre pagarás
mas si ello es la figura
coronado y rey serás.

Julio Caro Baroja en un fragmento de “El Carnaval” relativo al Roscón de Reyes, describe festejos semejantes de primero de año celebrados por los árabes españoles en la Edad Media; y  se refiere a unos versos de Ibn Guzmán en el “Cancionero”,  relacionando el vocablo “hallon” con los castellanos “hallulla” y “hallulo”, muy usado este último en Granada para designar a una torta y a un diadema idénticas al roscón. Cita también las fiestas del “Yanáir” –voz mozárabe que  significa el mes de enero y el nuevo año-, en que cristianos y árabes, participaban juntos.

….y la Vasilópita griega

En Grecia se celebra la Noche de Fin de año con el reparto del roscón de San Basilio, la llamada Vasilópita. Una especie de bollo similar al roscón de Reyes que se come en compañía de la familia y amigos. El personaje del que recibe su nombre es San Basilio el Grande. San Basilio nace en el siglo IV en Capadocia, en Asia Menor y llega a ser obispo de Cesárea, hoy Kayseri, en la actual Turquia. Es uno de los cuatro padres de la Iglesia ortodoxa  junto con San Atanasio, San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisóstomo. En Grecia la figura del santo continúa muy viva en la tradición popular, hasta el punto de bautizar dicha torta  con su nombre. Es él quien visita a los niños el primero de enero y se corresponde con el San Nicolás del día de Navidad, o con los Reyes Magos, que llegan el 6 de enero.

Según la leyenda, San Basilio debía devolver a los ciudadanos de Cesárea las monedas que habían aportado para cubrir la suma de dinero que un tirano de la región, luego de asediar la ciudad, exigía para su liberación. Como desconocía la aportación económica de cada familia y para que fuese justo el reparto, distribuyó al azar panes con las monedas de oro en su interior y por un milagro -en el que apareció San Mercurio de Cesárea, blandiendo sus dos espadas y haciéndose acompañar por sus soldados: los ángeles- hizo desaparecer al tirano y así  la ciudad de Cesárea fue salvada, recibiendo cada habitante exactamente su aportación inicial. Desde entonces, la costumbre de la Vasilópita se transmitió de generación en generación, con la finalidad de recordarnos  el amor y la bondad de aquel santo.

Pero el corte y reparto de tortas como la Vasilópita,  tiene raíces en tradiciones ancestrales que sobrevivieron al mundo cristiano. En la antigüedad existían los “panes ceremoniales”, que los griegos ofrecían a los dioses en grandes festejos rurales. Tales fiestas eran las “Thalysias” y las “Thesmophorias”. En las Kronias (festejo del dios Kronos), preparaban dulces y empanadas siguiendo el ritual que encontramos en nuestros días al cortar la Vasilópita.

En ella se incluye una moneda (antes era una lira de plata o de oro, ahora se trata de una moneda normal). En la medianoche del 31 de diciembre al 1 de enero se graba sobre la Vasilópita la señal de la cruz con un cuchillo. Se corta un pedazo de pastel para cada miembro de la familia y los visitantes presentes en el momento, por orden de edad, de mayor a menor. También se cortan trozos para varias personas o grupos simbólicos, según la tradición local y familiar, que pueden incluir al Señor, a la Virgen, San Basilio y otros santos. Quien tiene la suerte de comerse el trozo donde está la moneda tendrá un año muy próspero. A continuación se cena en casa con toda la familia gran variedad de platos.El período navideño termina con el bautizo del niño Jesús el 6 de enero, día de la Epifanía en España.

El  paralelismo entre ambas tradiciones

Tradiciones y convicciones populares arraigadas en la noche de los tiempos llegan hasta nuestros días para demostrar que gentes de diferentes épocas y latitudes parten de un origen común para expresar sus creencias, sus esperanzas, su felicidad pero también la inquietud ante lo que deparará el siguiente ciclo.

Españoles y griegos  intentan  atraer la buena suerte, el dinero, el  amor o la salud  durante los siguientes 365 días, a través de rituales de origen común. Ambas tradiciones, el reparto de la Vasilópita durante la fiesta de San Basilio (nombre que proviene del vocablo “basilefs”, que significa rey) y el  Roscón de Reyes –eco de la antigua fiesta del “Rey de Faba” -, están emparentados no sólo por su nombre sino por la cercanía o coincidencia de fechas en que se celebran, por la costumbre de poner algo en el interior del rosco como símbolo de fortuna y prosperidad y por su origen común en los rituales de la antigüedad pagana.

La moneda, el haba, la figurita, todos estos símbolos representan la prosperidad guardada en el interior de un círculo cuajado en harina y azúcar, donde se enhebran las ilusiones en torno a la mesa de la cena familiar.

Fuentes

Caro Baroja, Julio (1983) . El Carnaval. Madrid: Taurus Ediciones

Archivo General de Navarra

El rey de la faba en el arte

Libertades de diciembre. El obispillo de San Nicolás

Por Elmira Myresioti Aliberti

Dado que estamos ya bien entrados en el mes de diciembre y enfilando el periodo navideño, merece la pena señalar que el sábado pasado, 6 de diciembre, se celebró en España el día de San Nicolás de Bari, obispo y patrón de los niños.

En el marco del taller de Rutas inéditas y dado nuestro afán por comprender el sentido del calendario festivo anual, que no es otro, según Julio Caro Baroja, que el de vivir y experimentar el tiempo a través de una serie de ritos que asocian el tránsito del hombre por la vida al ritmo de las estaciones, iniciamos nuestra andadura por el ciclo festivo anual. Nos detenemos en una celebración que, en estas fechas aparentemente alejadas del mes de febrero, inaugura el ciclo festivo invernal relacionado con el Carnaval y coincide y –no por casualidad– con el día en que la Iglesia Ortodoxa de Grecia celebra la fiesta de Ayios Nicolaos (San Nicolás). Se trata de la muy original e interesante fiesta del obispillo, que en la actualidad se da en pocos lugares de España y hunde sus raíces en las Saturnales de la época romana. 

La norma general de la fiesta del obispillo dice que, el día 6 de diciembre, el obispo de la catedral o del monasterio que organiza la celebración cede el poder eclesiástico a un joven de la escolanía, quien habitualmente tiene entre nueve y catorce años. El niño es vestido con la indumentaria propia del obispo, portando incluso hasta su mitra y báculo, quien acompañado por otros jovenes estudiantes del coro, vestidos de clérigos, recorre la ciudad bendiciendo a la gente y en algunos casos, pidiendo limosna. El reinado del obispillo dura hasta el Día de los Santos Inocentes, el 28 de diciembre, cuando culmina la fiesta. El tono de esta celebración es sarcástico y particularmente en sus versiones originales que se remontan a la Edad Media, incluía rezos burlescos y parodias al obispo verdadero, donde el obispillo con sus jóvenes sacerdotes llegaban a tomar posesión de la catedral y realizaban ceremonias y oficios de carácter burlesco. El ambiente de la celebración se caracterizaba por el intercambio de papeles dentro de la jerarquía clerical dado que los que mandaban pasaban a ser los que obedecían y viceversa. 

Hoy en día, la fiesta del obispillo se celebra en la Catedral de Burgos, en el Monasterio de Montserrat en Cataluña –donde no se llama obispillo sino bisbetó-,en Navarra y en Palencia, siendo la celebración de Burgos la más conocida, quizás por haber sido prohibida y recuperada varias veces. Sin embargo, en la Edad Media, estaba bastante extendida, celebrándose bajo formas distintas también en Murcia, León, Valencia, Gerona, Lérida, Granada, Sevilla, Mallorca y Gran Canaria entre otros y hasta en Francia, Italia, Alemania e Inglaterra.

Nicolás Ardanaz, “Cuestación por San Nicolás”, 1959. Foto: Museo de Navarra.

En el Monasterio de Montserrat, el bisbetó se celebraba originalmente el Día de los Santos Inocentes, pero desde el siglo XVII y hasta hoy se celebra el 6 de diciembre. Lo contrario pasó con la Catedral de Burgos, donde el obispillo se celebra en la actualidad el 28 de diciembre aunque, desde el siglo XV cuando se estableció y hasta que se prohibió en el s. XVI, se celebraba el día de San Nicolás.

fotografía que muestra el bisbetó de Montserrat. Fuente: Intervestibulum et altare. (Blog sobre cultura eclesiástica y tradiciones litúrgicas hispanas)

El caso de Burgos nos ofrece una oportunidad muy particular de mirar al obispillo desde cerca dado que es en este lugar donde la fiesta fue recuperada no solamente una, sino dos veces en la época contemporánea. Allí, después de la ceremonía en la catedral, el obispillo se dirige hasta el ayuntamiento montado en un caballo blanco al que siguen todos los componentes de la escolanía. Sin embargo, durante los siglos XV y XVI, en los que mantenía un papel mucho más importante y simbólico, el obispillo tenía que visitar a los monasterios de la ciudad para dar su bendición. Este hecho  provocó graves desacuerdos cada vez que el obispillo no visitaba un determinado monasterio u otro y esta se considera como una de las razones por las que la fiesta se eliminó y tardó casi cuatro siglos en reavivarse. La costumbre se restableció por primera vez en los años 50 por Luis Belzunegui Arruti, maestro de la escolanía burgalesa, pero diez años después, con la jubilación del maestro, volvió a desaparecer junto con la escolanía, para recuperarse de nuevo en 1998 con la creación de un coro nuevo: los Pueri Cantores.

El cortejo del obispillo a las puertas del arco de Santa María en la ciudad de Burgos. Foto: http://serbal.pntic.mec.es/

No obstante, la fiesta del obispillo fue objeto de numerosas prohibiciones y limitaciones en la Edad Media, no solamente por razones de política dentro de la Iglesia como la anteriormente mencionada sino, como cita Julio Caro Baroja en su libro El Carnaval, por “las liviandades y desmanes que los jovenes estudiantes solían cometer con el pretexto de la celebración”. Por ejemplo, en 1541, don Juan Margarit II impuso la restricción de permitir solamente a los niños a participar en la fiesta y los advertía: “no tiren harina, ni tierra, ni ceniza, ni otra inmundicias, ni se hagan caer los unos a los otros, ni traigan al obispito danzando por la iglesia”. En 1565-1566, el concilio provincial de Toledo decidió abolir la celebración del obispillo y en 1621, la fiesta se prohibió bajo pena de diez días de encarcelamiento. La costumbre fue abolida hasta en Inglaterra pero, a pesar de todo, perduró en muchos lugares hasta la época actual.

Orígenes de la celebración.

Para terminar, hay que observar la conexión entre la fiesta del obispillo y las festividades Saturnales (latín: Saturnalia) de la época romana, que el Cristianismo consideraba como paganas e hizo un gran esfuerzo por eliminar, para entender un poco más sobre los orígenes de esta fiesta cristiana casi desaparecida.

En las Saturnalias se instauró la costumbre de elegir un rey con mando efímero, de carácter cómico y elegido por sorteo entre los jóvenes. El “obispillo” junto a otros como “el Mazarrón” o rey de Navidad de la provincia de Burgos,  “el rey de la faba” que se nombraba en la corte de Navarra  el día 6 de enero y el “rey de los cerdos” del día de San Antón en Madrid, pertenecería a esta categoría de reyes saturnalicios.

Según Julio Caro Baroja: “De todas las fiestas de España que se han relacionado con las Saturnales, la más conocida es la del «obispillo».El mismo autor añade también que hasta el propio Bartolomé de Las Casas, en su Apologética historia de las Indias, menciona que consideraba al obispillo como una huella de las Saturnales. Para justificar mejor la comparación, corresponde aquí indicar que las Saturnales, también denominadas como “fiestas de los esclavos” (feriae servorum), fueron unas festividades romanas importantes que se celebraban desde el 17 hasta el 23 de diciembre, y tenían doble propósito, el de honrar al dios Saturno y el de festejar el triunfo de un general victorioso. No obstante, podríamos decir que tenían hasta un triple propósito porque no era por casualidad que se celebraran alrededor del solsticio de invierno para festejar el fin del período más oscuro del año y la llegada del Sol.

Así pues, el paralelismo entre ambas podría basarse en el hecho de que las dos fiestas inauguran el mismo ciclo festivo basándose en un hecho astronómico. Sin embargo, se trata de mucho más que esto. Las Saturnales fueron denominadas “fiestas de los esclavos” porque a lo largo de los siete días de su celebración, los esclavos vivían casi en un régimen de semilibertad, podían comer junto a sus amos, jugar a los dados y burlarse de ellos. Nadie –ni los amos– llevaba ropa formal o lujosa y no se permitía castigar a los esclavos. En general, se trataba de unas fiestas en las que se provocaba la inversión de los papeles sociales, hecho que dirigía a un bacanal incomparable con ilimitado consumo de vino y comportamientos lujuriosos y por lo tanto, con la llegada del Cristianismo, la palabra Saturnalia derivó en sinónimo de orgía. Es exactamente por esta inversión de los papeles del poder, donde los que dominan se convierten en los que obedecen y lo contrario y por supuesto, por los resultados o las consecuencias que una inversión de tales características puede desatar en el orden social, donde se nota una clara conexión entre las fiestas Saturnales y la fiesta del obispillo. Finalmente, podríamos quizas concluir que en los dos casos, el intercambio de roles tenía el propósito de fortalecer los papeles establecidos y no de debilitarlos.

FUENTES

Caro Baroja, Julio (1983). El Carnaval. Madrid: Taurus Ediciones. pp. 304–314.

ENLACES

http://www.academia.edu/4007003/_La_fiesta_medieval_del_obispillo_de_San_Nicolás_y_su_celebración_en_Ciudad_Rodrigo_

Fundación Joaquín Díaz. La antigua fiesta del “obispillo” en Burgos

Arroba de los Montes. Las últimas representaciones de la fiesta de los obispillos en los montes de Toledo.

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