Los libros que nos inspiraron una ruta (III). Viatge a Catalunya. Josep Plá

 

IMG_2376[1]Pocos territorios de Cataluña habrán sido tantas veces descritos y pintados como el Ampurdán. Una comarca del noreste catalán que bien vale un desvío, si uno es capaz de sustraerse a la fuerza de atracción de ese sumidero aspirador de turistas que es Barcelona.

Nadie que se haya aventurado por los paisajes minerales del cabo de Creus, o por esa promesa de mar griego que es el golfo de Rosas, habrá completado realmente su viaje de no haberse sentado a leer algunas de las muchas páginas escritas por el “payés” más cosmopolita de cuantos haya dado este rincón del mundo: Josep Plá.

Dice al comienzo de su Cuaderno gris dice que nació en Palafrugell, en L´Empordanet o pequeño Ampurdán, como él lo llamaba –“Mi paisaje básico queda comprendido entre Puig Son Ric, de Begur, a levante; las montañas de Fitor o poniente; las islas Formigues a mediodía; y el Montgrí a tramontana. Siempre me ha parecido que este país es muy viejo y que sobre él ha pasado toda clase de gente; gente errante y diversa” -. Son múltiples las referencias en su bibliografía al territorio ampurdanés. Buscando sus inencontrables Historias del Ampurdán nos topamos en la biblioteca del Instituto Cervantes de Atenas con una segunda edición en catalán de su Viatge a Catalunya, y ya que no hay rastro de edición en castellano nos embarcamos en la tarea de hacer un intento de traducción de los capítulos en los que se ocupa de contar sus impresiones de viaje por el Ampurdán.

Para aquellos que buscan una relación entre el territorio y la literatura, Plá es el escritor indicado. –“El paisaje nos hace comprender la literatura porque la literatura es la memoria del
Paisaje en el tiempo”-, dice.

Cierto. Una literatura de observación “contra la literatura de imaginación yo siempre he hecho literatura de observación “, entendida como memoria psicológica del paisaje. Rastros que deja en la mente la luz que entra por una ventana en una tarde de invierno. Estratos adormecidos del sentir que despiertan con la evocación de un vino bien hecho. -“Tardes de carnaval, cristalinas, de una lucidez melancólica, mundo convaleciente, colocadas entre la sonoridad grave de las campanas que tocan a muertos y la zarabanda de los fiscornos y narizotas que andan por las callejuelas. Horas en que el aire tiene un sabor metálico, limpio, astringente; sabor que invita a poner sobre las honradas costumbres de una mesa generosa un vino manipulado inteligentemente; vino que hace percibir la eternidad de las cosas elementales: la dulzura del fuego; la fina elipse del vuelo de un pájaro; el color de un asado; el dibujo de una hoja; el perfume de una hierbecilla; el parpadeo lejano, frío, indiferente de una estrella”-.

Los elementos como espejos que reflejan las pasiones de sus habitantes.-“Ciertamente no, no es un país de cumplidos… El país no parece esculpido a escala de la pequeña burguesía. A la persona tocada de un punto de desequilibrio, la deshace; a la persona más normal la desenfoca…” -cuando enfrenta los paisajes del cabo de Creus a la decadencia de la burguesía ampurdanesa a la que él pertenece.

Y el mar como medida de todo. –“El palafrugellense transporta toda la vida un sueño flotante en el pensamiento: el de la maravillosa vida del hombre libre en el mar. El mar satisface nuestra tendencia contemplativa. El mar, elemento inaferrable, desprovisto de continuidad, variable, contradictorio, ondulante, rellena nuestra manera de ser de una manera perfecta…El mar, aunque, excita los gustos que llevamos en el paladar, matiza nuestra cocina de una manera vivísima, y no podemos comprender una buena comida si no es a la orilla del mar y con productos del mar. Por eso la tendencia del palafrugellense al mar es viejísima, permanente, constante. Calella, Llafranc, Tamariu, Agua-Xellida, Aiguablava y Fornells no son para nosotros meros lugares geográficos, términos de la toponimia del litoral: son formas de nuestro espíritu, trozos de nuestra íntima personalidad”.

Humanista escéptico y pesimista crónico. Irónico con todo lo importante y cultivador de lo infinitamente pequeño -“Mirar al cielo, oir las golondrinas, no hacer nada, contemplar la vaguedad de la vida de las cosas, deshace los nervios…”- Un hedonista latino con ciertas dosis de estoicismo: amante de las comidas sin afeites, admirador de un buen arroz hecho en la playa, “escribe de licores exquisitos pero bebe picón. Habla con sabiduría de los griegos, pero se queda en su camarote, cuando el barco atraca en una de las islas griegas” 

Periodista y escritor, está hecho de  contradicciones que le dan una paradójica coherencia. Viajero y erudito que frecuenta los salones políticos, literarios y artísticos del momento, se hace pasar por un modesto cronista de aldea.  Gran conversador y  un solitario “que nunca estuvo solo” Josep Plá, en gris. Francisco Umbral

Conservador “de raiz clásica, eterno como las máximas de Epícteto y los caldos de ave de la gastronomía popular”  Jorge Bustos. La eternidad mediterránea de Josep Plá y alérgico a la democracia de masas. Catalanista a su modo y para algunos “medio espía” de Franco. Inconformista e incómodo para todos los poderes, fue por encima de todo, profundamente amante de la libertad del individuo.

Por todo esto os invitamos a leerlo y sobre todo a conocer algo más acerca de su compleja personalidad a través de dos videos: La extraordinaria entrevista que le tomó Joaquín Soler Serrano en 1976 en el programa A fondo y una aproximación a su vida y obra en el programa Imprescindibles. Josep Plá de RTVE.

 

 

 

 

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s