Tres pasadores del fuego en Grecia

Hace exactamente un año, en una noche  como la de hoy, 23 de junio de 2014, vivimos una experiencia extraordinaria en las Tierras Altas de Soria.  Ha transcurrido ya un año completo desde que iniciáramos nuestra ruta por las fiestas del solsticio de verano en Soria (véase entrada), y aún recordamos esos días con la emoción instalada en el pecho. Nos fuimos hasta allí desde el otro extremo del mediterráneo para vivir una de las celebraciones más emblemáticas del calendario festivo anual: la noche de San Juan y el paso del fuego en San Pedro Manrique.

Quizás para nosotros, hijos de la cultura tecnológica y globalizada, esta fecha no represente más que cualquier otra fecha del  secularizado calendario actual de fiestas.  Para el olvidado mundo campesino del que procedemos, constituía uno de los momentos clave del inmutable ciclo natural al que estaba intimamente unido.

En San Pedro Manrique ya no quedan campesinos, pero los sampedranos no olvidan revalidar año tras año su cita con un rito que a nosotros nos pareció riquísimo y complejo en sus múltiples manifestaciones y en el que pudimos presentir los ecos del misterio de una antigua fiesta solsticial. En este lugar de las Tierras Altas de Soria, se erige cada año, un monumento efímero a la resistencia contra el olvido, la uniformidad y el aburrimiento de nuestros días.  El escenario de una gran catarsis colectiva, de una gran orgía festiva que se desató a nuestra llegada, la tarde del 23 de junio de 2014 con una violenta tormenta de verano, y en la que no dudamos un momento en dejarnos arrastrar, mirando de reojo a un cielo que nos hacía albergar los peores presagios.

A las diez de la noche, el estado del cielo y la superficie del recinto de la iglesia de la Virgen de la Peña, donde se celebra el paso del fuego, hacían presagiar la suspensión de una fiesta esperada durante todo el año

Venidos de Grecia, el otro país de Europa donde todavía se conserva esta fiesta de orígenes solares contaminada como en San Pedro de elementos paganos, cristianos e incluso islámicos, nos asaltó la curiosidad y quisimos saber si los sampedranos tendrían noticia de la celebracion de un rito parecido al suyo en el otro confín del mediterráneo.  No solo recordaban la presencia de la investigadora griega Miranda Terzopoulou, que había estado estudiando el fenómeno soriano en años anteriores, (véase entrada: Sacerdotisas menores del sol y el fuego)  sino que nos reservaban la oportunidad de recoger el testimonio de tres de los protagonistas de esta gran celebración, tres pasadores del fuego: los hermanos Munilla (Carlos y Jesús) y Carlos Martínez, que llevados por la misma curiosidad que nos trajo a nosotros a San Pedro, se fueron un día al norte de Grecia, para descubrir cómo y por qué, las gentes de una tierra tan alejada de su pequeño pueblo soriano practicaban el rito de pasar como ellos sobre el fuego.

Solo con la perspectiva del tiempo y una vez devueltos a la realidad de lo cotidiano, somos capaces de poner en orden el caudal de emociones en el que nos vimos envueltos durante aquellos 3 días inolvidables.

Después de un año uno puede olvidar los nombres de los lugares que visitó. Aunque largo, será difícil olvidar el nombre de San Pedro Manrique. De allí nos llevamos mucho: El  “arbujuelo” símbolo supremo  de la fiesta que representa la ofrenda del pan y los dones de la naturaleza. La sensación de acogimiento, pertenencia, hermandad que es capaz de generar una comunidad en torno a un rito compartido. Y algunas reflexiones sobre las palabras “pueblo, nación, patria”, conceptos que en San Pedro albergan significados más profundos: respeto al legado de los antepasados, amor por la tierra,  y sobre todo, a los recuerdos de la infancia que, según el poeta, es la única y verdadera patria del hombre.

Así nos fuimos nosotros de San Pedro, como niños, con la emoción de haber tenido un tesoro entre las manos. Un año después volvemos a revivir nuestra experiencia soriana a través de la peripecia griega de estos tres sampedranos que como nosotros, se fueron lejos para saber algo más sobre si mismos.

Contadnos cómo descubristeis que en Grecia se celebraba un rito similar al vuestro y cómo surgió la decisión de poneros en marcha hasta allí. 

Por supuesto, el hecho de que en el pueblo se pasa el fuego cada año, es algo que has visto desde que tienes uso de razón y lo tienes asumido como algo normal. Pero a medida que vas siendo más mayor caes en la cuenta de que es algo realmente insólito y que como tal, no se hace en ningún otro sitio y consecuencia de ello es esa afluencia de visitantes llegados de todas partes para presenciarlo.

Esto te lleva, irremediablemente a cuestionarte por qué se lleva a cabo este rito, por qué en nuestro pueblo, en esas fechas, de esa manera, etc, etc. Esa inquietud por saber algo más sobre el tema, nos llevó a buscar, en la medida que estaba a nuestro alcance, información sobre el tema. Una de las fuentes de información fue el escritor soriano Antonio Ruiz Vega, quien además de proporcionarnos las obras de Elizabeth Chesley Baity y Julio Caro Baroja, nos informó de la existencia de otros pasos del fuego y ritos similares en otros lugares del mundo. Tras ponernos en contacto con embajadas y consulados de los diversos países para confirmarlo, surgió la idea de ir a visitar alguno de ellos, y el de Grecia, además de ser uno de los que más garantías tuvimos de que se seguía celebrando y de las fechas concretas, era con diferencia el más cercano y el más fácil de poder visitar. 

¿Nos contáis un poco las peripecias del viaje y cuál fue vuestro destino final en Grecia?

De entre los lugares en los que parecía posible poder presenciar el rito, nuestra elección fue Langadá, por que nos pareció más fácil poder llegar y alojarnos. Por tanto allí planeamos nuestro viaje.

Llegamos el día anterior al Paso del fuego, y directamente nos fuimos a entrevistar con los “pasadores”. No nos fue difícil encontrar a alguno de ellos, que nos recibieron amablemente e incluso nos mostraron las estancias donde tenían los iconos y se reúnen para danzar en las horas anteriores al paso del fuego y celebrar el resto de actos de la fiesta. Pero nos dijeron que el año anterior, por problemas con la Iglesia, el rito no se celebró y que este año, tampoco lo van a hacer. Aunque la gente del pueblo, nos comentó que es posible que no lo hagan públicamente, pero en secreto en el patio de alguna casa, por que el año anterior, así había sido.

Ante la posibilidad de quedarnos sin presenciarlo, después de haber llegado hasta aquí, decidimos irnos a a otro de los pueblos que teníamos como posibles. De los cuales, nos dijeron que el que más posibilidades tenemos es en Santa Elena. Pues de hecho, algunos pasadores de otros pueblos donde el rito ha desaparecido, se trasladan allí para participar en él. Por ello, nos fuimos hasta Santa Elena donde íbamos a permanecer durante los 3 días de la fiesta. Allí, no había posibilidad de alojarnos. Durante el primer día, establecimos relación con Christos, que vivía en Serres y quién nos buscó alojamiento en su ciudad y con quien hicimos los viajes de ida y vuelta durante los días restantes.

¿Cómo os introdujisteis en la celebración? ¿Os disteis a conocer a la comunidad o teníais algún contacto allí que os sirvió de guía? ¿Cómo fue la reacción de la gente ante vuestra presencia allí?

Efectivamente, nos dimos a conocer en la comunidad de pasadores de Santa Elena y les mostramos fotos nuestras pasando el fuego. Pero mayormente, la reacción fue de indiferencia. Solo algún intercambio de pequeños detalles o anécdotas sobre el rito. Tampoco mostraron mucho más interés. La impresión que tuvimos es que ellos celebran su fiesta a su modo y tampoco les interesa demasiado si existen otros ritos similares.

Vamos al relato de la celebración en sí misma: ¿Pudisteis seguir la liturgia completa?

Sí. No hay ningún problema en presenciar cada uno de los actos en el transcurso de la fiesta, aunque por supuesto, como meros espectadores, sin participar en ninguno. Pero no nos pusieron ningún impedimento para seguirles a cada sitio en los que llevan a cabo los múltiples actos que realizan, además del paso del fuego.

Es inevitable establecer comparaciones entre ambas celebraciones, ¿Qué aspectos encontráis comunes y qué otros os chocaron o encontrasteis muy diferentes a los de vuestra propia tradición?

La verdad es que las celebraciones tienen muy poco en común. Respecto al rito concreto del paso del fuego, poco más que el hecho de pisar descalzos una alfombra de brasas, ya que el griego tiene como finalidad acabar apagando las ascuas a fuerza de pisadas y el nuestro es lograr cruzarla sin quemarte. Ni en la forma de llevarla a cabo ni en la manera de vivirlo veo muchas similitudes.

En cuanto al marco en el que se realizan uno y otro, también es diferente. En el paso del fuego griego, forma parte de una serie de actos con un sentir religioso, en el que este es uno más y en el que los participantes son miembros de una comunidad definida por este carácter religioso. Sin embargo, en el paso del fuego de San Pedro, aunque coincide con la celebración de otros actos festivos del pueblo, nada tiene que ver con ellos y los pasadores pueden ser cualquier persona del pueblo que desee hacerlo sin necesidad ni espíritu de pertenencia de ningún grupo al efecto.

“Pirovatis” Pasador del fuego en Ayía Eleni. Ejecuta una danza sobre las ascuas ardientes mientras sujeta un icono con las imágenes de los santos Constantino y Eleni. (Foto: Gregory Dallis)

Y por último. De un viaje así tuvisteis que sacar muchas conclusiones… ¿Qué supuso para vosotros esta experiencia?

Jesús.- Bueno, pues principalmente que, aún siendo una cosa tan poco habitual, como cualquier otra cosa, hay maneras muy diferentes de llevarlas a cabo, y no son ni mejores ni peores, simplemente diferentes. Únicamente, que cada uno vive la suya y nosotros, nos seguimos quedando con lo nuestro.

Carlos.- En mi caso tomar conciencia real de que el rito no se celebraba exclusivamente en San Pedro Manrique. A partir de aquí comprender que pese a ser una tradición con la que los Sampedranos nos identificamos profundamente siendo un símbolo inequívoco de nuestra identidad como pueblo, es simultáneamente una evocación de la experiencia trascendente que forma parte de la evolución interior del ser humano a lo largo de los siglos.

Volvamos al paso del fuego soriano, ¿Qué supone para un sampedrano ser pasador del fuego? ¿Cómo lo vive y de dónde surge la motivación?

Jesús.- Yo creo que para esto tendríais que preguntar a cada uno de los que pasan, pues para cada cual supone cosas distintas. Y es más, creo que si pasas el fuego durante años, no supone lo mismo en cada una de las etapas por las que vas pasando. Pero un sentir un poco generalizado, creo que podría ser como seña de identidad del pueblo. La motivación, supongo que en mayor o menor medida le surge a cada uno de los sampedranos, aunque luego sea una minoría la que lo lleve adelante y viene simplemente de que lo has visto hacer a otros desde que naciste.

Comparto la opinión de que son bastantes los Sampedranos que han pensado en pasar el fuego en alguna ocasión, el hecho de vivirlo como algo “natural” desde niño y el respirar la emoción que los familiares o amigos cercanos desprenden cuando cruzan las ascuas es algo que te empuja a participar.

Carlos.- En mi caso el hecho de ver pasar a mi hermano y vivir el momento de cerca cuando tuve la suerte de que me pasara a hombros fue determinante para participar. Una vez se ha pasado por primera vez, y se conocen las sensaciones, la motivación para continuar participando cada año pueden ser diferente. Pienso que cada pasador busca sentido a su participación en el ritual cada noche de San Juan.

Sabemos que hasta San Pedro se han acercado investigadores para dar respuesta a lo que parece difícil de explicar desde el punto de vista de la física. Según parece, en el caso griego el ritmo repetitivo de la música provoca un estado de ensimismamiento o “trance”. En vuestro caso, ¿Cómo os preparáis para afrontar la experiencia? ¿Cómo son los momentos previos al paso?

Jesús.- Si algún tipo de preparación hay, es psicológica. La primera vez, puede que consista en concienciarte de que has de pisar fuerte y firme, como te han dicho, aunque notes un gran calor. Y cuando ya has pasado otras veces, tomar tranquilidad pensando que ya has experimentado que hay que soportar un gran calor durante unos instantes, pero has salido ileso.

Aunque los momentos anteriores, siempre hay cierta incertidumbre, pues no solo depende de lo que tú hagas, pues también en gran medida es de cómo esté preparado el fuego.

Carlos.- En los momentos previos al paso los sentimientos son encontrados, por un lado la emoción de saber que llega el momento que llevas esperando todo un año, y por otro el respeto hacia la alfombra de ascuas que debes pisar.

El hacerse a uno mismo consciente de que participa en un ritual ancestral, del que es complicado saber su origen en estas tierras, y que se ha mantenido gracias al amor por la tradición de muchas generaciones anteriores, convierte el paso del fuego en algo mágico.

Al margen de que el paso del fuego sea uno de los momentos estelares de la Fiesta, nos sorprendió lo compleja que es la celebración en su conjunto, la cantidad de significaciones y asociaciones simbólicas que existen entre unos momentos y otros y sobre todo la forma en que culmina la fiesta. Nosotros lo vimos como una auténtica afirmación de orgullo, de cohesión y pertenencia a una comunidad. ¿Cuál es para vosotros el momento clave de la celebración?

Jesús.- Posiblemente el momento cumbre sea el recitado de las cuartetas por parte de las Móndidas. Además lo corrobora el hecho de que es el acto que cuenta con más expectación por parte de los habitantes del pueblo, ya que es el momento que reúne a la casi totalidad de los vecinos. Cosa que no ocurre con el resto de los actos. Quizás es el momento más íntimo, más nuestro.

Carlos.- En mi caso el momento preferido de la fiesta es la mañana de San Juan ya que se mezclan varios actos muy simbólicos, que al igual que el paso del fuego, hunden sus raíces en la historia. Ese trascender al tiempo presente es lo que me atrae de ellos.

Es curioso que San Pedro Manrique sea un pueblo próspero en un entorno tan castigado por el fenómeno de la despoblación como este de las Tierras Altas de Soria ¿A qué lo achacáis? ¿Diríais que es este sentimiento de cohesión alrededor de la Fiesta lo que lo mantiene vivo?

Jesús.- No creo que el sentido de cohesión alrededor de una fiesta “si existe”, ayude a mantener a un pueblo. Supongo que el resto de pueblos de la comarca que han desaparecido podrían tener el mismo sentimiento hacia su fiesta. Por otro lado, la despoblación también le ha afectado pues de sus tiempos de esplendor a hoy, la población se ha quedado en un tercio, solo que ya era un núcleo mucho mayor que los demás y al tener más posibilidades le ha ayudado a mantenerse, si bien es verdad que últimamente ha llegado a recuperarse un poco.

Carlos.- Las fiestas, como acto colectivo, siempre refuerzan el sentimiento de pertenencia a un entorno mayor que la propia persona o la familia. En San Pedro al igual que en cualquier otro pueblo o ciudad, así ocurre. El sentimiento de cohesión puede ser un puntal más en el que apoyar la resistencia a la despoblación, no obstante y desgraciadamente, creo que no es suficiente para fijar la población.

Toda tradición que aspira a permanecer debe evolucionar. Alguno de vosotros tenéis hijos y supongo que vuestro deseo es que continúen lo que vosotros les habéis dejado ¿Cómo veis el futuro de la celebración?

Jesús.- No es probable que, al menos los actos más representativos de la fiesta, lleguen a desaparecer. Pues aún en los momentos de la historia en los que no se han celebrado las fiestas, estos actos se han seguido manteniendo fuera de entornos festivos. Si bien tanto unos como otros, en algún momento han tenido sus épocas de crisis por falta de gente dispuesta a hacerlas, ya que, aún existiendo ese sentimiento de cohesión en la mayoría de los habitantes en torno a la fiesta, los actos tradicionales los llevan a cabo una minoría.

Carlos.- Es difícil predecir el futuro de la fiesta ya que la cantidad de gente que participa de los actos principales varía dependiendo de muchos condicionantes, y estos pueden variar también con el paso de los años. Lo que si es cierto, es que el hecho de que haya ha perdurado hasta ahora puede ser debido a que haya existido siempre un grupo de personas que ha mantenido el vínculo entre las generaciones precedentes y las siguientes, sabiendo transmitir el legado sentimental por la tradición. Creo que esta en el ánimo de todos los sampedranos que esto siga ocurriendo.

 

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