Libertades de diciembre. El obispillo de San Nicolás

Por Elmira Myresioti Aliberti

Dado que estamos ya bien entrados en el mes de diciembre y enfilando el periodo navideño, merece la pena señalar que el sábado pasado, 6 de diciembre, se celebró en España el día de San Nicolás de Bari, obispo y patrón de los niños.

En el marco del taller de Rutas inéditas y dado nuestro afán por comprender el sentido del calendario festivo anual, que no es otro, según Julio Caro Baroja, que el de vivir y experimentar el tiempo a través de una serie de ritos que asocian el tránsito del hombre por la vida al ritmo de las estaciones, iniciamos nuestra andadura por el ciclo festivo anual. Nos detenemos en una celebración que, en estas fechas aparentemente alejadas del mes de febrero, inaugura el ciclo festivo invernal relacionado con el Carnaval y coincide y –no por casualidad– con el día en que la Iglesia Ortodoxa de Grecia celebra la fiesta de Ayios Nicolaos (San Nicolás). Se trata de la muy original e interesante fiesta del obispillo, que en la actualidad se da en pocos lugares de España y hunde sus raíces en las Saturnales de la época romana. 

La norma general de la fiesta del obispillo dice que, el día 6 de diciembre, el obispo de la catedral o del monasterio que organiza la celebración cede el poder eclesiástico a un joven de la escolanía, quien habitualmente tiene entre nueve y catorce años. El niño es vestido con la indumentaria propia del obispo, portando incluso hasta su mitra y báculo, quien acompañado por otros jovenes estudiantes del coro, vestidos de clérigos, recorre la ciudad bendiciendo a la gente y en algunos casos, pidiendo limosna. El reinado del obispillo dura hasta el Día de los Santos Inocentes, el 28 de diciembre, cuando culmina la fiesta. El tono de esta celebración es sarcástico y particularmente en sus versiones originales que se remontan a la Edad Media, incluía rezos burlescos y parodias al obispo verdadero, donde el obispillo con sus jóvenes sacerdotes llegaban a tomar posesión de la catedral y realizaban ceremonias y oficios de carácter burlesco. El ambiente de la celebración se caracterizaba por el intercambio de papeles dentro de la jerarquía clerical dado que los que mandaban pasaban a ser los que obedecían y viceversa. 

Hoy en día, la fiesta del obispillo se celebra en la Catedral de Burgos, en el Monasterio de Montserrat en Cataluña –donde no se llama obispillo sino bisbetó-,en Navarra y en Palencia, siendo la celebración de Burgos la más conocida, quizás por haber sido prohibida y recuperada varias veces. Sin embargo, en la Edad Media, estaba bastante extendida, celebrándose bajo formas distintas también en Murcia, León, Valencia, Gerona, Lérida, Granada, Sevilla, Mallorca y Gran Canaria entre otros y hasta en Francia, Italia, Alemania e Inglaterra.

Nicolás Ardanaz, “Cuestación por San Nicolás”, 1959. Foto: Museo de Navarra.

En el Monasterio de Montserrat, el bisbetó se celebraba originalmente el Día de los Santos Inocentes, pero desde el siglo XVII y hasta hoy se celebra el 6 de diciembre. Lo contrario pasó con la Catedral de Burgos, donde el obispillo se celebra en la actualidad el 28 de diciembre aunque, desde el siglo XV cuando se estableció y hasta que se prohibió en el s. XVI, se celebraba el día de San Nicolás.

fotografía que muestra el bisbetó de Montserrat. Fuente: Intervestibulum et altare. (Blog sobre cultura eclesiástica y tradiciones litúrgicas hispanas)

El caso de Burgos nos ofrece una oportunidad muy particular de mirar al obispillo desde cerca dado que es en este lugar donde la fiesta fue recuperada no solamente una, sino dos veces en la época contemporánea. Allí, después de la ceremonía en la catedral, el obispillo se dirige hasta el ayuntamiento montado en un caballo blanco al que siguen todos los componentes de la escolanía. Sin embargo, durante los siglos XV y XVI, en los que mantenía un papel mucho más importante y simbólico, el obispillo tenía que visitar a los monasterios de la ciudad para dar su bendición. Este hecho  provocó graves desacuerdos cada vez que el obispillo no visitaba un determinado monasterio u otro y esta se considera como una de las razones por las que la fiesta se eliminó y tardó casi cuatro siglos en reavivarse. La costumbre se restableció por primera vez en los años 50 por Luis Belzunegui Arruti, maestro de la escolanía burgalesa, pero diez años después, con la jubilación del maestro, volvió a desaparecer junto con la escolanía, para recuperarse de nuevo en 1998 con la creación de un coro nuevo: los Pueri Cantores.

El cortejo del obispillo a las puertas del arco de Santa María en la ciudad de Burgos. Foto: http://serbal.pntic.mec.es/

No obstante, la fiesta del obispillo fue objeto de numerosas prohibiciones y limitaciones en la Edad Media, no solamente por razones de política dentro de la Iglesia como la anteriormente mencionada sino, como cita Julio Caro Baroja en su libro El Carnaval, por “las liviandades y desmanes que los jovenes estudiantes solían cometer con el pretexto de la celebración”. Por ejemplo, en 1541, don Juan Margarit II impuso la restricción de permitir solamente a los niños a participar en la fiesta y los advertía: “no tiren harina, ni tierra, ni ceniza, ni otra inmundicias, ni se hagan caer los unos a los otros, ni traigan al obispito danzando por la iglesia”. En 1565-1566, el concilio provincial de Toledo decidió abolir la celebración del obispillo y en 1621, la fiesta se prohibió bajo pena de diez días de encarcelamiento. La costumbre fue abolida hasta en Inglaterra pero, a pesar de todo, perduró en muchos lugares hasta la época actual.

Orígenes de la celebración.

Para terminar, hay que observar la conexión entre la fiesta del obispillo y las festividades Saturnales (latín: Saturnalia) de la época romana, que el Cristianismo consideraba como paganas e hizo un gran esfuerzo por eliminar, para entender un poco más sobre los orígenes de esta fiesta cristiana casi desaparecida.

En las Saturnalias se instauró la costumbre de elegir un rey con mando efímero, de carácter cómico y elegido por sorteo entre los jóvenes. El “obispillo” junto a otros como “el Mazarrón” o rey de Navidad de la provincia de Burgos,  “el rey de la faba” que se nombraba en la corte de Navarra  el día 6 de enero y el “rey de los cerdos” del día de San Antón en Madrid, pertenecería a esta categoría de reyes saturnalicios.

Según Julio Caro Baroja: “De todas las fiestas de España que se han relacionado con las Saturnales, la más conocida es la del «obispillo».El mismo autor añade también que hasta el propio Bartolomé de Las Casas, en su Apologética historia de las Indias, menciona que consideraba al obispillo como una huella de las Saturnales. Para justificar mejor la comparación, corresponde aquí indicar que las Saturnales, también denominadas como “fiestas de los esclavos” (feriae servorum), fueron unas festividades romanas importantes que se celebraban desde el 17 hasta el 23 de diciembre, y tenían doble propósito, el de honrar al dios Saturno y el de festejar el triunfo de un general victorioso. No obstante, podríamos decir que tenían hasta un triple propósito porque no era por casualidad que se celebraran alrededor del solsticio de invierno para festejar el fin del período más oscuro del año y la llegada del Sol.

Así pues, el paralelismo entre ambas podría basarse en el hecho de que las dos fiestas inauguran el mismo ciclo festivo basándose en un hecho astronómico. Sin embargo, se trata de mucho más que esto. Las Saturnales fueron denominadas “fiestas de los esclavos” porque a lo largo de los siete días de su celebración, los esclavos vivían casi en un régimen de semilibertad, podían comer junto a sus amos, jugar a los dados y burlarse de ellos. Nadie –ni los amos– llevaba ropa formal o lujosa y no se permitía castigar a los esclavos. En general, se trataba de unas fiestas en las que se provocaba la inversión de los papeles sociales, hecho que dirigía a un bacanal incomparable con ilimitado consumo de vino y comportamientos lujuriosos y por lo tanto, con la llegada del Cristianismo, la palabra Saturnalia derivó en sinónimo de orgía. Es exactamente por esta inversión de los papeles del poder, donde los que dominan se convierten en los que obedecen y lo contrario y por supuesto, por los resultados o las consecuencias que una inversión de tales características puede desatar en el orden social, donde se nota una clara conexión entre las fiestas Saturnales y la fiesta del obispillo. Finalmente, podríamos quizas concluir que en los dos casos, el intercambio de roles tenía el propósito de fortalecer los papeles establecidos y no de debilitarlos.

FUENTES

Caro Baroja, Julio (1983). El Carnaval. Madrid: Taurus Ediciones. pp. 304–314.

ENLACES

http://www.academia.edu/4007003/_La_fiesta_medieval_del_obispillo_de_San_Nicolás_y_su_celebración_en_Ciudad_Rodrigo_

Fundación Joaquín Díaz. La antigua fiesta del “obispillo” en Burgos

Arroba de los Montes. Las últimas representaciones de la fiesta de los obispillos en los montes de Toledo.

VÍDEOS

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Un pensamiento en “Libertades de diciembre. El obispillo de San Nicolás

  1. rutasineditas Autor de la entrada

    Recorrer el ciclo festivo anual e indagar en sus orígenes supone recuperar una concepción mitológica del tiempo. Un tiempo vivido, sentido, experimentado por el hombre en una sucesión de etapas asociadas al ritmo de los ciclos naturales, que hace que el calendario se ajuste, como dice Caro Baroja, “a un orden pasional”. En contraposición: el tiempo medido, cuantificado, de la sociedades secularizadas “con su interminable calendario de tristes fiestas políticas y concejiles, jerarquizadas, que no dejan pie a la fantasía ni a la libertad”.

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