En las tierras altas de Soria

Imposible dar una idea desde aquí de la variedad de paisajes que aguarda a todo aquel que se adentra en esta desconocida provincia de Soria. Nosotros entramos por el norte desde La Rioja, dejando a un lado las cumbres de Urbión y las inmensas extensiones de pinares, para dirigirnos a la comarca de las Tierras Altas.

Paisajes trashumantes, de montes calcinados, talados primero por la mano del hombre y devorados después por generaciones de rebaños con un hambre de siglos. Sólo alrededor de los rebaños de merinos¹ que pastaron por estos parajes, se podría reescribir una Historia de este país. Las piedras de las casas blasonadas de Oncala, a la bajada del puerto del mismo nombre, son las únicas ya que dan testimonio, en su silencio elocuente, del poder de la nobleza ganadera soriana y de la riqueza que un día produjeron estos montes. Como la historia de la lana que se marchó de aquí a Flandes en pleno siglo XVII para tejer con ella los sueños de una Infanta de España, hija de Felipe II y volver al pueblo convertida en maravillosos tapices, tras encargar su diseño al propio Rubens. Un tema: La Apoteosis de la Eucaristía. El sueño: acabar con la herejía protestante y devolver Europa al seno de la Fe Católica. Sueños que costaron un Imperio y quedaron olvidados durante siglos en una iglesia de las Tierras Altas de Soria.

Entramos en un museo para ver los restos de lo que hace tan solo treinta años todavía podía verse vivo por las calles de Oncala. Retazos de una vida milenaria, de una cultura de lo mínimo que empezaba a morir mientras nosotros ya caminábamos por el mundo preocupados por conseguir lo máximo. Al salir del museo nos damos cuenta de que hemos llegado tarde por muy poco.

Mínimos son también los gestos de esos rostros que nos dicen adiós. Rostros que llevan marcada la dureza del invierno y que nos siguen con la mirada hasta el autobús que nos llevará a nuestro destino: Fuentes de Magaña.

Nos vamos de Oncala. No vemos aparecer ningún rebaño en el horizonte pero el paisaje sigue siendo imponente. Y el cielo también. Amenaza tormenta.

¹ la merina es considerada la raza de oveja autóctona española. Su crianza se orientó desde un principio a la producción de lana fina. A excepción de los pequeños efectivos que cruzaron nuestras fronteras por razones de Estado, la raza Merina se explotó exclusivamente en España hasta finales del siglo XVIII. España tuvo durante siglos el monopolio de las lanas finas convirtiéndose esta en una gran fuente de riqueza para el país. Reyes y Gobernantes se interesaron por su desarrollo; En 1273 Alfonso X el Sabio crea el Honrado Concejo de la Mesta para reunir a los pastores de los reinos de León y Castilla otorgándoles grandes privilegios a través de una legislación proteccionista; Se organizó la producción y se estimuló el fomento de las grandes cabañas históricas; Se favoreció el desarrollo de un sistema de cañadas, veredas y cordeles para la trashumancia (movimiento de rebaños desde las tierras altas a las zonas más meridionales de la Península Ibérica). Se prohibió la exportación de animales de raza Merina, al mismo tiempo que se establecieron fuertes controles sobre la salida de la lana.

 

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