Historias míticas del valle. “La ascensión al cielo”

Inés y su amiga griega Vana. Una pareja de armas tomar.

Cualquiera en el valle que conozca a Inés de la Peña sabrá que es todo un personaje. Mujer con carácter, gobierna con mano firme un barco en el que todo son hombres. Voy a referir aquí parte de lo que nos contó delante de una magnífica tortilla con la que nos obsequió tras nuestra nuestra ruta por el desfiladero de los Hocinos. Como siempre ocurre cuando uno está a gusto compartiendo mesa con gente agradable, hubo momentos de exaltación de la amistad y belleza de los lugares que habíamos visitado, y con la colaboración del Rioja, se acabaron desatando las ganas de entonar alguna que otra canción del valle. De aquí a la ironía, la guasa y el chascarrillo no faltaba mucho…

Según Inés todos los pueblos del valle llevan un apodo, mote o gentilicio por el que son conocidos. A los de Puente Arenas les llaman ¨balleneros¨, a los del Almiñé ¨melgueros¨, a los de Toba ¨bubudillos¨, a los de Quecedo ¨perreros¨, a los de Quintana ¨zurrabadanas¨ y así con otros más que ya no recordamos. Quizás algún amigo del valle que lea estas líneas quiera refrescarnos la memoria y comentar los que faltan.  

Detrás de cada apodo hay una historia mítica, que ha circulado durante siglos en forma de anécdota, describiendo de forma simplista el carácter de ¨los otros¨, los de los pueblos vecinos. Son invenciones humorísticas y en muchos casos despectivas y denigratorias que esconden ancestrales relaciones de rivalidad que se han ido fraguando a lo largo del tiempo por el dominio de los recursos del entorno.

Yo voy a contaros aquí una de las que me llamaron la atención por su marcado carácter poético. La de los habitantes de un pueblo a quienes se les metió en la cabeza la idea de construir una escalera para subir a la luna. Inés me contó que a los habitantes de Valdenoceda, el pueblo vecino a Quintana, les llaman escriñeros. Según pude comprobar después, la escriña es algo parecido a un cesto. Pues bien, los habitantes de Valdenoceda empezaron a acumular cestos uno tras otro para formar una escalera que les condujera hasta el cielo. Casi cuando estaban alcanzando las nubes, se dan cuenta de que les falta el último peldaño de la escalera. Desesperados, se ponen a buscar el cesto que les falta y al no encontrarlo no se les ocurre otra idea que sacar el que estaba en la base de la escalera para ponerlo arriba. Inmeditamente, la obra que les había ocasionado tantos desvelos se les viene abajo en un instante.

Imagen de Valdenoceda, a la entrada del valle de Valdivielso, con la torre de los Salinas y la iglesia de San Miguel al fondo.

Nadie sabe si los habitantes de Valdenoceda habrán acabado expiando el pecado original de algún vecino al que se le ocurrió poner en práctica algún absurdo o descabellado sueño, pero lo que sí es cierto es que esta historia de la ascensión al cielo no es originaria del valle. Se cuenta en otros lugares de Burgos, en Quintana del Pidio sobre los habitantes de Gumiel de Izán, a quienes se les ocurrió la misma locura. Lo más asombroso es que este relato sale de nuestras fronteras y aparece en un lugar tan apartado de nuestra geografía como es Benín, un pequeño país de África situado en el golfo de Guinea, entre Ghana y Nigeria. Lo cuentan J.M. Pedrosa, C.J. Palacios y Elías Rubio en su libro sobre la tradición oral en Burgos², quienes reciben el siguiente testimonio de un habitante de la etnia fon:

    Un día los hombres quisieron subir hasta el cielo y para ello pusieron piedras de mortero, unas encima de otras, y subieron. Pero cuando casi habían llegado, vieron que les faltaba un mortero, y recorrieron todo el pueblo buscando uno. Como habían utilizado todos, decidieron sacar uno debajo para ponerlo encima y entonces se derrumbó todo, y muchos murieron.

   Los que sobrevivieron empezaron a hablar en lenguas distintas, y por eso hoy en día hay tantos idiomas.

Quién sabe si ambos relatos serán analogías de un relato mítico universal, aquel relato bíblico que habla de la construcción de la Torre de Babel, de la maldición que condenó a la raza humana a no entenderse  y Valdenoceda y Benín no son más que eslabones de una enorme cadena universal a la que estará unida nuestra Grecia por algún relato parecido. Fascinante ¿no?

² J.M. Pedrosa, C.J. Palacios, Elías Rubio. Héroes, santos, moros y brujas (Leyendas épicas, históricas y mágicas de la tradición oral de Burgos). Ed. Tentenublo. Burgos.

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