En el valle de Valdivielso

ValleEn este valle al sur de la comarca de Merindades, la mano caprichosa de un niño dejó la huella de sus primeros ejercicios de caligrafía en el relieve de estos montes. Más que de montaña parece que tuvieran  vocación de ola, como si quisieran seguir al río que las cruza y marcharse con él en su camino hacia el mar. La geomorfología del lugar nos dice que las enormes fuerzas de la tectónica de placas sacaron estos pliegues de la profundidades de un océano primigenio, levantándolos y comprimiéndolos como fuelles de un acordeón. Los elementos y el río hicieron el resto: depositaron las partes blandas en el fondo, creando así un fértil valle fluvial, y dejaron al descubierto estas caprichosas formaciones rocosas en forma de cuchillas que cortan el cielo de Valdivielso.

Al Ebro le cuesta tanto entrar como salir de este valle, encajonado en su entrada por el desfiladero de los Hocinos y en su salida por el de la Horadada. Como a nosotros… que al abrigo de estos montes que parece que se van, nos quedamos cinco días. Y nos habríamos quedado más, de habernos quitado antes esa fea costumbre de comprar siempre un billete con fecha de ida y vuelta, pues si hay un sitio donde a uno le apetece realmente quedarse, ese es el valle de Valdivielso. Huertas,  frutales y fincas de cereal que se mezclan con encinas y robles y la típica  vegetación de ribera que va enmarcando la silueta del Ebro a su paso por el valle. Pequeños pueblos que se integran en el paisaje, una arquitectura  popular que quisiéramos ver mejor tratada, iglesias románicas, casonas blasonadas, palacios y torres: testigos mudos de una vida y un esplendor que hace ya mucho  que abandonó el valle. 

Tan grande es la belleza de este lugar como la decadencia que encierran sus piedras. Sin embargo, hay gentes que se resisten a su avance. Se han quedado aquí, conscientes de que hay que mantener viva la memoria y la herencia de los que les precedieron, pero sabiendo que para asegurar la supervivencia del valle hay que hacer algunas concesiones no siempre agradables al progreso y la tecnología. Desgraciadamente el futuro de estas tierras no está en manos de quienes las habitan, sino de aquellos que diseñan las nuevas políticas ¨sostenibles¨, trazadas con escuadra y cartabón desde los lejanos despachos de Madrid y Bruselas.

Nosotros vinimos al valle para admirar sus paisajes, su patrimonio histórico y artístico, pero también para conocer a sus gentes y ya que convivimos con ellos quisimos escuchar sus problemas, que son al fin y al cabo nuestros, y hablar de ellos.  Sobre el dilema de la conveniencia o no de tener campos de energía eólica en los montes, la sombra del ¨fracking¨, una nueva técnica de extracción de hidrocarburos, que planea amenazando los valores paisajísticos de la zona y las consecuencias de la desaparición de las labores del pastoreo tradicional, hablamos con nuestros amigos de Quintana de Valdivielso: un precioso pueblo, levantado sobre una pequeña loma a la entrada del valle, desde donde se domina esta panorámica maravillosa que veis en la foto, nuestra vista de cada día al levantarnos, con el sol saliendo al fondo de las montañas.

Invadimos literalmente este pueblo, que no llegará a los 30 habitantes en invierno, y lo convertimos en nuestro centro de operaciones en las Merindades … 46 griegos que, llegados en varias oleadas, desbordaron la capacidad hotelera del lugar. Así que, qué otro apelativo mejor que el de ¨horda¨ se nos podría haber dado... Unos instalándose en lo que había sido en tiempos un antiguo internado de niñas, otros en una torre medieval del siglo XV, reconvertidos ambos en modernos refugios para turistas. Y es que Quintana tendrá pocos habitantes pero a los que hay les sobran el ánimo y el amor por lo suyo. Y aunque la convivencia no sea fácil (hay un refrán popular que dice ¨pueblo pequeño, infierno grande¨), cada uno arrima el hombro por la causa del pueblo desde su espacio personal.

Así lo hicieron con nosotros, que llegamos como invasores para perturbar la tranquilidad del lugar y acabamos siendo conquistados por su generosidad.. Allí conocimos a Roberto, el alcalde, a Inés, su madre, que nos contó algunas historias sobre el valle frente a una soberbia tortilla que había preparado para nosotros. A Marta y a su hija Carolina que nos acompañaron tanto en nuestra ruta por el desfiladero de los Hocinos como por Burgos capital. A Jokin, que dirige la radio, con quien grabamos dos programas inolvidables en los que dejamos un poco de nosotros en el valle y que nos contará en una próxima entrada cómo fue esa locura de poner en marcha una emisora en un pueblo perdido entre montañas. A Carlos, que se puso al frente del ¨asador Valdivielso¨, para ofrecernos una magnifíca parrillada en la noche de nuestra despedida, a la que dedicaremos también una entrada. A los panaderos del pueblo, que nos recordaban cada mañana, lo sagrado de este oficio. A Carlitos, nuestro pastor, el verdadero artífice de nuestra visita al valle, al que vimos muy poco a causa de su desvelo por las ovejas. Y por último y no por ello los últimos, a Maite y a Leandro, quienes nos comunicaron su pasión por esta tierra, y acompañaron a cada uno de sus rincones, sin horarios y sin dar muestras de cansancio.

En algún momento le oimos decir a alguno de ellos …¨queremos poner a nuestro pueblo en el mapa¨. No nos cabe duda de que lo conseguirán. Nosotros desde el blog, quisiéramos contribuir con nuestro pequeño granito de arena para que eso ocurra y para que este y otros parajes similares de la geografía española conserven su belleza sin tener que vender su alma al diablo.                    

 

 

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5 pensamientos en “En el valle de Valdivielso

    1. rutasineditas Autor de la entrada

      Cuando uno baja por el puerto de la Mazorra sin conocer, piensa que el valle es un lugar desolado, sin gente, con los pueblos rotos por el abandono. Nada más lejos de la realidad. Hemos conocido gente con ideas, que hacen cosas, con ganas de sacar adelante al valle. Al menos en Quintana, que es lo que mejor conocemos, esos 51 corazones laten fuerte.

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  1. radiovaldivielso .

    Por cierto, muy bonito como lo contis. Lo acabo de leer en las ondas.Salud. jokin

    El 18 de enero de 2014, 13:11, radiovaldivielso . escribi:

    > SOMOS 51 en invierno. > jokin > > > El 18 de enero de 2014, 11:04, “rutas inditas por la geografa espaola”

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