Quinque erant fratres…

Tras la visita a los cañones, hicimos una ruta improvisada por Pesquera de Ebro: un pequeño pueblo repleto de casas blasonadas que se encuentra a unos kilómetros del mirador.

Allí nos encontramos con un personaje curioso de los que todavía se encuentran en la católica Castilla. La pobreza de estas tierras ha sido desde siglos caldo de cultivo de ermitaños, santeros, pseudomonjes y hasta frailas. Gentes ajenas al estamento eclesiástico, dedicadas al retiro religioso como forma de supervivencia. No parecía el caso de nuestro personaje quien, sentado en un banco en un rincón de la plaza, nos observaba deambular alrededor de la portada de la iglesia:

-No le den tantas vueltas, no vale nada. En esta plaza lo único que vale es el crucero-

Pesquera1
El olmo viejo de Pesquera, que no ha sido convertido en melena de campana, ni en lanza de carro, sino en una escultura que preside la plaza, junto al crucero que tanto nos ponderó don Luciano

Un punto de soberbia en el tono y una dicción impecable nos dieron la clave para entender que don Luciano Aparicio, pues así se llamaba, había sido carne de seminario. Nos sentamos a su lado y después de un rato de darle vueltas  a los tesoros perdidos del pueblo llegamos hasta su vida: ordenado monje agustino, quizás el duro frío y el menú de piedras con lentejas del seminario, empezaron a hacer mella en una vocación que duró tan sólo tres años. No nos atrevimos a preguntarle si con ella también se marchó la fe. Como tampoco nos atrevimos a preguntarle si la mujer que estaba a su lado, tan silenciosa como un claustro benedictino en una tarde de invierno, era su esposa. Tras el convento, la escribanía: el oficio que esperaba a todos aquellos que sabían de latines pero no gustaban de vestir por la cabeza.

De repente su atención reparó en el objeto que llevaba manoseando hacía ya largo rato.

– ¿Saben ustedes qué es esto que tengo en las manos?- nos preguntó, levantando entre sus dedos el cáliz despojado de pétalos de una rosa.

– Es la historia de cinco hermanos. Se la voy a contar.- Y así, señalando uno por uno los sépalos del cáliz empezó a recitar en latín:

– ¨Quinque erant fratres,

duo barbati,

duo sine barba nati,

et alter, qui remanebat

dimidiam barbam habebat¨

Eran cinco hermanos, dos barbados, dos sin barba nacidos, y el otro, el que quedaba, media barba tenía

¨Eran cinco hermanos

dos barbados,

dos sin barba nacidos

y el otro, el que quedaba

media barba llevaba¨

Observad de nuevo la foto anterior y comprobadlo. El caso es que, envueltos en el monólogo de don Luciano y la metáfora latina con que nos describió la fisiología de la rosa, olvidamos preguntarle por el significado de la leyenda a la derecha del blasón que aparece en la foto. Pertenece a una de las austeras casas blasonadas de Pesquera:

Jesús María, esta es casa de placer y la gente de alegría. Ave María. Año 1712

¨Jesús María, esta es casa de placer i la gente de alegría. Abe María Año 1712¨  

Con el enigma de la casa y la ocupación de sus habitantes dando vueltas a nuestra cabeza nos marchamos de Pesquera. Prometemos volver para que Don Luciano nos desvele el misterio.

Con Dios y hasta la vuelta, Don Luciano.

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